martes, 7 de enero de 2020

EL ENCUENTRO.


—Nati, ¿eres tú? — preguntó el caballero abordándola por su izquierda mientras ella comía tranquilamente su desayuno. Estaba tan absorta viendo el paisaje de la ría mientras fuera llovía a cántaros, que se sobresaltó al escuchar aquella reconocible voz. —Perdona si te he asustado, pero te he visto desde la puerta y no sabía muy bien si podías ser tú.
—Hola Alex, no tienes porque disculparte. Estaba pensando en mis cosas y no esperaba que alguien me llamase.
—¿Dónde tienes al celoso de tu marido? No quiero que me vea contigo y piense que estoy intentando reconquistarte.
—Pues la última vez que supe de él, estaba en un retiro espiritual con Carla, la profesora de yoga —dijo Nati con una amarga sonrisa.
—¿La flacucha?
—La misma.
—No me jod…no me fastidies. ¿Os habéis separado?
—Pues sí. Lo único bueno que tiene todo esto es que me pasa una buena pensión que me permite estos pequeños lujos de hoteles con Talaso para relajarme un poco. Entre el trabajo  y el este tema, casi me provoca una úlcera.
—Me dejas ojiplático.
Nati lo miró y comenzó a reírse con ganas por la palabra utilizada. Después le ofreció sentarse enfrente de ella.
—¿Y tú que haces por aquí? —le preguntó todavía con una sonrisa en los labios.
—Trabajando. Estoy con una nueva novela y me inspira mucho este hotel.
—Vaya, me congratula —dijo Nati intentando devolverle una palabra rimbombante  —conocer a un escritor famoso.
—No te pases que tampoco es para tanto.
—Tienes toda la razón, tus historias no son tan buenas, no sé cómo llevas ya dos superventas. Seguro que te has tirado a alguien para conseguirlo.
—Pues no te creas que no lo he pensado. Crear una historia de la nada y que guste al público puede llegar a estresar bastante y lo que a mí me desestresa mucho es el deporte y el sexo.
—¿Por ese orden?
—Me da igual, puedo tener sexo y después salir a correr sin ningún problema.
—Fantasma.
—¿Fantasma? Si quieres te lo demuestro.
—Perdona, creo que he herido tu orgullo masculino.
—No… tranquila… no voy a llorar delante de ti.

Nati volvió a sonreír y ya lo había hecho más que en toda aquella semana. Alex siempre la ponía de muy buen humor a pesar de que su ex siempre los rondaba y no los dejaba a solas.

—¿Qué vas a hacer el resto del día?
—¿A parte de atiborrarme de comida para olvidar mis penas?
—Sí, aparte de eso.
—Pues en dos horas tengo sesión de belleza en el Talaso y después me voy a la piscina.
—¿Quieres quedar para comer?
—Vale, y así me pones al día de tu nueva novela.
—No puedo, es un secreto y mi editora me cortaría los huevos si se entera de que ando revelando el secreto argumenta a mulatas atractivas con ojos verdes aguamarina, con una mágica sonrisa…vale, ¿me estoy pasando, verdad?
—Un poco, pero se agradecen mucho los piropos ya que últimamente no me siento la mulata más atractiva del lugar.
—No te estoy piropeando, es la pura realidad y te digo lo que veo. Si te pillo en la piscina, loaré el resto de tu cuerpo.
—Si me pillas en la piscina, me meteré bajo el agua y no saldré hasta que te vayas.
—Exagerada.

Nati se levantó y se arregló el vestido.
—¿Qué, como lo ves?
—Joder Nati, estás buenísima.
—Te la vas a cargar Alex. No ves que tengo algo de tripita y me ha engordado el culo.
—Buffffffff. ¿Y el gilipollas de tu ex te ha dejado por la flacucha?
—Espera, ¿me estás diciendo en serio que te parezco que estoy buena?
—Pues sí ¿Por qué tendría que mentirte? No estoy intentando ligar contigo. Como te he dicho, solo te digo lo que veo y me parece que tienes un cuerpo de escándalo.
—Tú sí que sabes subirle la moral a una mujer.
Ahora fue Alex el que rio con ganas mientras Nati se sentaba y se preparaba una tostada con mermelada de fresa.
—Si estoy tan buena, creo que me voy a dar el placer de tomarme una segunda tostada.

Al mediodía Nati estaba esperando a Alex en el gran comedor del hotel, pero no apareció. En su lugar, el camarero le entregó una nota manuscrita de parte de Alex en la que decía que no podía comer con ella porque su editora, “la malvada editora”, quería que le enviase algunas páginas más de la nueva novela y después tener una sesión de Skype para comentarlas. Lo sentía mucho y le había dibujado una carita sonriente.

Alex era un cielo de hombre y pensó porque había cortado su relación con él y no se había ido cuando tuvo que elegir entre su alocado pretendiente y el sieso de su marido. Le dio las gracias al camarero y pidió la carta.

Al atardecer estaba mirando por el gran ventanal de su habitación, un cuarto piso desde donde tenía unas vistas maravillosas de gran parte de la pequeña isla, y vio una figura reconocible saliendo por las puertas del hotel. Alex se había puesto su ropa de correr y a pesar de la lluvia que caía incesantemente, se disponía a salir igualmente. Imaginó que la reunión con su editora habría sido algo tensa porque Alex, cuando estaba tenso o malhumorado, siempre salía a correr para relajarse.

Nati se quedó en la ventana hasta que lo perdió de vista y una perversa idea le vino a la cabeza. Bajó a recepción y le dejó una nota a Alex para cuando volviese.

Cuando comenzaba a anochecer, escuchó como llamaban a la puerta. Se dirigió allí y preguntó quién era:

—Soy Alex y he recibido tu nota.

Nati abrió la puerta y vio a su buen amigo con el albornoz puesto.

—Veo que te apuntas a la sesión Talaso.
—Sí, necesito relajarme.
—¿No te ha llegado la hora que has estado corriendo? ¿Tan mal fue la reunión?
—¿Cómo sabes que estaba cabreado? Mierda, a veces me olvido que salimos juntos cuando éramos más jóvenes.
—Venga, pasa. Voy a cambiarme.

Alex entró en la habitación y se tiró en la cama mientras Nati entraba en el baño para desvestirse y en menos de dos minutos, salía completamente desnuda.

—Alex, ¿me pasas el bañador? —le dijo al hombre que la miraba absorto de arriba abajo.
—¿El qué?
—El bañador, lo tienes ahí al lado.

Alex se levantó y le acercó el bañador sin poder apartar la vista de Nati. Esta, viendo el efecto que había causado en él, se miró en el espejo y dijo:
—Creo que tiene razón, estoy muy buena.
—Ya te digo, Nati. ¿Quieres que pasemos de bajar al Talaso y me dejas adorar tu cuerpo como antaño?
—No podemos porque tenemos reservada hora y no vamos a desperdiciarla —dijo la mujer mientras se ponía el bañador. Después se colocó el albornoz y a pesar de las protestas de Alex, subieron en el ascensor para bajar al Talaso.

Allí Alex y Nati se ducharon antes de entrar en la piscina donde había un par de parejas jóvenes que estaban disfrutando ya de los chorros. Ellos se metieron directamente en el jacuzzi y se relajaron hasta que Alex, notó como un pie le estaba tocando el paquete. Abrió los ojos y vio la pícara sonrisa instalada en la cara de Nati.

—Veo que a pesar de la carrera, todavía tienes fuerzas para levantar-te.
—Nati, no me provoques porque no me importa que esos jovenzuelos anden por ahí. Es más, creo que tú y yo podríamos enseñarle unos cuantos trucos para hacer dentro del agua.
—Ya, pero hemos venido a relajarnos. Voy a los chorros ahora que los han dejado libres —dijo dándole un último empellón al prominente paquete de Alex que solo pudo bufar al ver como la mujer se alejaba. Este espero hasta relajarse totalmente y salió del jacuzzi donde una parejita había entrado para retozar un poco sin ser molestados.

La hora que tenían reservada pasó rápidamente entre chorro y chorro y fueron los últimos que salieron de allí. Una de las parejas se había marchado al poco de entrar en el jacuzzi porque se habían calentado mutuamente y necesitan desfogarse en otro sitio, sin miradas indiscretas que los inquietasen.

Mientras tanto, Alex y Nati subían en el ascensor y antes de que el hombre se despidiese, Nati le dijo:
—¿Por qué no te duchas conmigo y así ahorramos agua?
—¿Y así colaborar con el medio ambiente? Me apunto a lo verde.

Nati le sonrió y se dirigieron a su habitación. Allí dejaron los albornoces sobre la cama y se fueron para el cuarto de baño.

Alex la miraba como si fuese la primera vez que la veía desnuda y eso a Nati le encantaba porque era el único hombre que lo hacía. Lo besó antes de entrar en el plato de ducha donde abrió el grifo del agua y esta rápidamente comenzó a caer caliente sobre su cuerpo. A los pocos segundos y después de despojarse del pequeño bañador, Alex se colocó detrás de ella. Se enjabonaron mutuamente y Nati pudo comprobar que el sexo de Alex estaba ya preparado. Palpitaba anhelante bajo el agua y se colocó de espaldas a él permitiéndole entrar desde atrás. Pero él no lo hizo. Se agachó y mientras lo hacía, fue besando poco a poco la espalda hasta que llegó a las poderosas nalgas que abrió dulcemente para enterrar su cara allí. Lamió con la punta de su lengua la entrada trasera y eso hizo estremecerse de placer a la mujer. Eso y que una de las manos de Alex, buscaba el prominente clítoris que estaba esperando ya sus caricias.

—Alex, entra ya.

Alex se incorporó y la penetró sin esfuerzo ya que la mujer estaba completamente lubricada. Le dio unos fuertes empellones que arrancaron unos gemidos ahogados a Nati y después sacó su sexo haciendo que la mujer diese un suspiro de desaprobación.

—Tranquila, vamos para la cama.

Nati sonrió porque sabía que Alex tenía una gran imaginación para el sexo y sabía que le gustaba jugar. Su ex, en cambio, era bastante poco imaginativo y si Nati le pedía algo más que no fuese el ABC,  este no sabía cómo satisfacerla.

Se secaron y fueron para la gran cama donde Alex se tumbó y Nati se montó a horcajadas sobre él agarrando su duro sexo.

—Ni se te ocurra metértela. Vamos a jugar.
—Estaba esperando que me dijeses eso —dijo relamiéndose.
—¿Qué te parece si nos grabamos?
—Me encantaría hacerlo.

Alex cogió su móvil y comenzó a grabar el cuerpo de Nati que comenzó a frotar la punta del pene de Alex contra su clítoris y cada vez que lo hacía, notaba un cosquilleo que le subía por todo el cuerpo. Sus pechos se movían al vaivén de sus caderas y esto volvía loco a Alex, que se incorporó y con gula, intentó meterlos en su boca. Le dio el móvil a Nati que siguió grabando mientras el hombre conseguía poner todavía más duros sus pezones dentro de su boca.

—Nati, vamos a darle una nueva perspectiva a la cámara —dijo mientras se colocaba bajo el húmedo y caliente sexo de la mujer. Allí, Alex comenzó a lamer, chupar y horadar con su lengua mientras que con uno de sus dedos, jugaba con su puerta trasera arrancándole de vez en cuando algún que otro gemido de placer. A veces, perdía un poco las fuerzas en las piernas y su sexo se sentaba sobre la cara de Alex que lamía con más avidez si cabe, sabiendo que el orgasmo de la mujer estaba llegando poco a poco.

Nati se levantó y se empaló sin contemplaciones el sexo de Alex que palpitaba con cada embestida de la mujer.

—No, todavía no, quiero jugar.
—Joder Alex, estoy a punto de correrme.
—Y yo también, pero quiero hacerlo de otra manera —dijo mientras la levantaba en vilo y colocaba su sexo entre la raja de sus nalgas. —Quiero aprovechar tu portentoso trasero —dijo sonriendo maliciosamente.
—Sabes lo que me gusta, a pesar de los años que llevamos sin follar —le dijo la mujer pasándole el móvil.
—¿Cómo podría olvidarlo?




Nati comenzó a moverse y a frotarse contra el sexo de Alex que no aguantó más de dos minutos aquel movimiento. El chorro de semen casi le llegó al pecho y se tuvo que tapar la boca para no gritar de placer. Nati si giró y rio triunfante.

—Ahora te toca a ti —dijo Alex todavía con resuello.

Se puso de rodillas cerca de una de las manos de Alex que comenzó a tocarla y a penetrarla con los dedos mientras ella se estrujaba con deseo los pechos. El orgasmo le llegó en pequeñas oleadas y se prolongó durante unos instantes donde tuvo que echarse sobre la cama para poder descansar.

—¿Qué vas a hacer? —le preguntó Nati al ver que Alex trasteaba con su móvil. —¿No le irás a enviar el video a tus amigotes, verdad?
—Al contrario, iba a borrarlo. Hemos jugado y ya está. No quiero que un video tuyo circule por las redes y aunque no se te ve la cara, alguien podría reconocer este precioso cuerpo que tienes.
—No lo borres todavía. Podríamos echarle un vistazo después de que me invites a cenar en el pueblo. Se de una tapería que dan comida, rica, rica.
—¿Es una cita?
—Sí, una cita para cenar.
—Vuelvo en 10 minutos y te recojo.

Nueve minutos más tarde, Alex estaba ya tocando a la puerta. Nati lo recibió en ropa interior y este se quedó embobado viendo cómo se movía por la habitación. Y eso a Nati le encantaba. Rememoró los buenos tiempos en los que habían salido y siempre que se desnudaban, era como si fuese la primera vez que lo hacía porque a Alex, le encantaba verla con poca ropa o completamente desnuda. Aunque también habían jugado a tener sexo sin desvestirse. Todavía recordaba cuando Alex le metía mano mientras iba conduciendo y ella se abría para él, para que entrenase esos largos dedos que tenía. Menudos orgasmos había tenido en aquel Ibiza.

—Nati ¿estás bien? Te has quedado un poco alelada.
—Perdona, estaba pensando en que vamos a pedir para cenar —mintió la mujer mientras se arreglaba el pelo.
—Es que tenías es cara de estar pensando “cosas malas” como cuando salíamos en la edad de piedra.
—Que va, para nada —sonrió Nati mientras le hacía un gesto a Alex para que se acercara. Le dio un beso tierno en los labios y después le acarició la cara. —¿Por qué no me fui contigo cuando me lo pediste?
—Conociste a tu ex y bueno, él tenía ya una carrera como arquitecto y yo, era solo un simple aprendiz de escritor y tú…
—Alex, era una pregunta retórica.
—Lo sé, pero es que tengo ese puñal clavado en el corazón —dijo trágicamente.

Se iban riendo todavía mientras bajaban en el ascensor que los llevaba al vestíbulo del hotel. Fuera, la lluvia había dejado de caer hacía un par de horas y la gente salía a pasear y para aprovechar las últimas horas de luz.

Cogieron el coche de Alex y en menos de cinco minutos estaban ya atravesando el bonito puente que les llevaría al pueblo. Allí, tuvieron que estar más de quince minutos intentando aparcar ya que al ser verano, todo estaba de bote en bote. Al final, encontraron un hueco al lado de la lonja. Mientras caminaban hacia la tapería, se encontraron con un festival de habaneras que había enfrente del ayuntamiento. Se pararon un rato y Nati grabó un directo para su Instagram.
—A veces hago estas cosas para que el gilipollas de mi ex vea que no estoy llorando amargamente en casa.

Cuando llegaron a la taparía, se sentaron y comenzaron una amigable charla mientras les servían unos ricos platos. Allí Nati le contó que su negocio de Personal Shopper iba viento en popa y que podría haber prescindido de la pensión que le daba su ex, pero como ella decía: —lo que más le duele es su dinero y ahí estoy yo cada mes, torturándolo.

Después de cenar, fueron paseando tranquilamente hacía el coche y ni siquiera se dieron cuenta de que iban agarrados de la mano.

Al llegar al hotel, Alex la acompaño hasta la habitación y antes de dejarla, le dio un beso en los labios.

—Si estás pensando que este es un beso de despedida, ya estas borrando ese pensamiento de tu mente. ¿Es que no vamos a ver el video que hemos grabado?
—No sé, me estoy muriendo de sueño y… —dijo Alex mientras se estiraba y abría la boca en un fingido bostezo.
—Me parece bien que te estés durmiendo, pero me debes un polvazo por lo del video así que, ya te estás marchando a la cafetería, te tomas un café doble y te subes en cinco minutos.
—¿Y si paso del café y vamos directamente al visionado?
—¿Por qué te gusta tanto hacerme rabiar?
—Es que si no me gustase hacerte eso, no sería yo.

Nati frunció el ceño mientras abría la puerta:
—Gilipollas —dijo refunfuñando.
—Tía buena —dijo Alex sonriente.










jueves, 31 de octubre de 2019

ANUNCIO POR PALABRAS


Se ofrece técnico informático competente para revisar gratuitamente, periféricos y puertos USB. A las primeras llamadas recibidas, se le regalará un Joystick seminuevo, compatible con cualquier tamaño de periférico y que se puede conectar a cualquier entrada USB. El propio Joystick ofrece casi 16 megas de jugabilidad garantizada.




lunes, 1 de abril de 2019

MUY FRIKI ;)

¿Doctor Slump? ¿Se encuentra bien?
¿Qui…quién es?
Soy la señorita Yamabuki, la profesora de sus hijos.
¿Quién ha dicho?
La señorita Yamabuki.
¿Qué me ha pasado?
Arale le ha golpeado con una pelota y ha perdido el conocimiento por unos segundos. ¿Puede abrir los ojos?
No sé si podré, todo está tan oscuro…
Inténtelo.
Si usted me lo pide tan amablemente…


El doctor Slump abrió lentamente los ojos y al fijar la mirada, comenzó a sangrar abundantemente por la nariz.





viernes, 1 de febrero de 2019

EL SPA.


Eran las seis de la tarde cuando Pam y Mike se encontraron en la puerta del Spa Urbano de aquella calle tan comercial de la ciudad. Mike había reservado una hora en el jacuzzi y otra en un masaje para dos.  Le gustaba sorprender a su amante con estos pequeños detalles una vez al mes para que se olvidase de su vida rutinaria al menos, por dos horas.


Entraron y en recepción ya estaban esperando su llegada. Los subieron a la sala que les tenían reservado y les avisaron que en una hora los vendrían a recoger para llevarlos a la sala de masaje. Mike le pidió a la recepcionista que por favor, no los molestasen en aquella primera hora y ella lo tranquilizó diciéndole que nadie los molestaría ya que aquella tarde, ellos serían los únicos clientes del Spa.

Cuando la joven se marchó cerrando la puerta detrás de sí, Mike agarró a Pam y le dio un lento y profundo beso en la boca. Ella se pegó a él y notó como algo crecía rápidamente entre los pantalones de su amante.

—Necesitaba besarte ya. Estoy ansioso por lo de hoy.
—¿Tendremos que quitarnos la ropa, no? Además, tenemos toda una hora para eso. Que te parece si echamos un vistazo a la sala antes de comenzar a jugar.
—Me vas a perdonar, pero creo que necesito darme una ducha bien fría, para calmar mis anhelos.
—¿Anhelos? Me encanta cuanto utilizas sinónimos para enmascarar la calentura que llevas bajo tus pantalones.
—Eso, tu rompe la magia del momento – dijo Mike sonriendo y haciendo que Pam se echase a reír al ver como aquel hombre se desnudaba a todo correr y bajaba por unas escaleras para meterse debajo de una gran ducha con efecto lluvia.

Pam lo vio y observó que a pesar del agua fría, aquel bulto bajo su minúsculo bañador no paraba de crecer. El sexo de Mike era como la espada de un samurái, que si por cualquier circunstancia era desenvainada, no podría volver a su saya si no había realizado un corte de sangre y su pene, no se le bajaría si no descargaba toda la leche que llevaban sus abultados huevos. O al menos, ese era el símil que él se había inventado para darle a entender que tenía que follar como fuese.

Mientras su amante se metía en el jacuzzi para intentar relajarse, Pam se desnudó lentamente colocando su ropa bien doblada sobre una de las sillas que había en la estancia. Se quedó solo con el bikini, pero le pareció que la idea de desnudarse totalmente sería la más adecuada. Además Mike, que estaba con los ojos cerrados y no la vería bajar por las escaleras que la llevarían hasta él, no la molestaría y podría echarle un vistazo a la pequeña sauna para dos que había en la parte superior, junto al vestidor. Bajó lentamente por las escaleras agarrada al pasamanos de aluminio y notó que luz bajaba en intensidad, y al llegar abajo, una ducha de pediluvio se activó automáticamente mientras caminaba sobre unas pequeñas piedras que la hacían un poco de daño en sus delicados pies. Se preguntó cómo Mike no se había quejado al pasar por allí y comprendió que el deseo que él tenía hacía ella, era mayor que el daño que le podrían producir aquellas piedras bajo la planta de sus pies. Ese pensamiento la hizo sonreír y un cosquilleo comenzó a surgir en su bajo vientre. Pensar en el pene de Mike intentando reventar la tela bajó su bañador, hizo que sus pezones se pusiesen inhiestos.

Se tocó sus pechos voluptuosamente al ver que su amante la veía maravillado, como si fuese la primera vez que la veía desnuda. Aquello era algo que le encantaba de él. A pesar de los años que llevaban teniendo esos encuentros a escondidas o de las veces que se habían amado dulce o salvajemente, los ojos de Mike siempre la veían de aquella forma.

La recibió con una gran sonrisa y se abrió de piernas para que Pam se colocase entre ellas y de espaldas a él. Se recostó sobre su torso y él, hábilmente, comenzó a masajearle los pechos arrancando gemidos de placer. Pam notó el pene de Mike palpitando contra su espalda y como pudo, metió sus manos por su espalda y tocó el grueso falo por encima del bañador que apenas podía retener toda su grandiosidad. 



-   Creo que deberías quitarte el bañador, no creo que para lo que vamos a hacer te haga falta.
¿Podrías quitármelo tú? Yo tengo las manos ocupadas en tus pechos.

Pam se incorporó con la protesta de Mike, pero dejó de hacerlo cuando la mujer le quitó con premura el bañador y notó como su pene, quedaba completamente liberado de su prisión de lycra. Pam se colocó a horcajadas sobré él, lo cogió con una mano y al notar que estaba bien duro, se lo introdujo sin muchos miramientos en su húmedo y caliente sexo. Un gemido salió al unísono de ambas gargantas de la pareja. Unos segundos sin moverse para acostumbrarse a la postura y Pam comenzó a cabalgarlo como una experta amazona. Primero con movimientos de vaivén y después con un sube y baja que hizo disfrutar enormemente a Mike, que ya estaba agarrado a sus pechos y los masajeaba y amasaba con lujuria.

Pam le agarró la cabeza y lo atrajo hacia sus voluptuosos pechos que necesitaban ser besados, chupados y mordisqueados. Sus pezones estaban duros, pero sensibles y se encargaban de enviar oleadas de placer al resto de su cuerpo.

—Como sigas con ese ritmo de trote, voy a correrme ya. Levántate y date la vuelta le dijo Mike con sus pupilas dilatas haciendo saber a la mujer que estaba muy excitado por la situación.

Pam se dio la vuelta y se colocó de rodillas, con las manos apoyadas en el bordillo del jacuzzi y se preparó para recibir las embestidas de su pareja. Pero lo que sintió fue tan placentero como sentir la polla de Mike dentro de su sexo. Notó como el hombre le abría las nalgas y como aquella lengua que tanto le gustaba se recreaba en la entrada de su puerta trasera. Las piernas le flaquearon unos instantes que le parecieron eternos y tubo que apoyarse con más firmeza contra el bordillo cuando noto que Mike la penetraba con dos dedos en su sexo.

No aguanto más, o me follas o me voy a correr ahora mismole dijo Pam agarrándole de la cabeza.

Mike se incorporó y la penetró con fuerza, con una de sus manos en uno de sus hombros y la otra, acariciando el clítoris de Pam que comenzaba a tener los espasmos que la prevenían del inminente orgasmo.



Y ese orgasmo llegó salvajemente cuando se pegó al cuerpo de Mike, agarrándole el duro culo y haciendo que la penetración fuese más profunda.
Mientras los últimos estertores del clímax, se iban apagando, Mike se retiró despacio y se tumbó dejando a Pam jadeante.

Lo siento, pero no puedo más.
Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Ahora no me puedes dejar así.
De verdad, me has dejado agotada.
Pam, por favor…

Pero Pam se recostó en el jacuzzi, cerró los ojos y se relajó.

¿Sabes que esto me lo vas a pagar y con intereses?
Ok dijo Pam levantando el pulgar.

A medida que la excitación de Mike se fue apagando, una duermevela se apoderó de la pareja y así se quedaron mientras las luces de colores del jacuzzi se encendía y apagaban con un ritmo cadencioso. Esa duermevela solo se rompió al escuchar el pequeño altavoz que había en el techo y que les indicaba que en diez minutos estuviesen preparados porque vendrían a recogerlos para el masaje.

Poco a poco se desperezaron y Pam comprobó que Mike todavía estaba medio excitado ya que su pene, todavía estaba en un estado bastante revoltoso. Por eso, Mike, se duchó nuevamente con agua bien fría intentando apagar los últimos rescoldos de su deseo. Le costó casi los diez minutos que le habían dado antes de venir a buscarlos, para conseguirlo porque no podía quitarle los ojos de encima a Pam. Le encantaba verla desnuda porque a pesar de sus cuarenta y pocos, tenía un cuerpo de escándalo.

Al rato, pasaron a buscarlos y se fueron a la sala de masaje donde disfrutaron durante una hora de un masaje relajante en pareja. Cuando bajaron a recepción para pagar, la recepcionista les preguntó que tal lo habían pasado:

En el jacuzzi unos mejor que otros – dijo Mike recibiendo un codazo de parte de Pam.
¿Y el masaje? – preguntó la recepcionista con cara divertida.Genial y me encanta el olor del aceite que han utilizado las masajistas… aunque no sé si poner una queja porque las dos masajistas eran chicas y podría haber un masajista chico para las mujeres dijo Pam muy seria.
Sí, aun por encima, quéjate de eso dijo Mike recibiendo nuevamente otro codazo. A mí también me ha gustado mucho el momento masaje, creo que traeré a mi mujer por aquí porque lo disfrutaría mucho.

Pam puso los ojos como platos y se puso a reír al igual que la recepcionista.

Cuando salieron de allí, Pam agarró a Mike y lo besó en la boca.

Me encanta que me sorprendas con estas cosas y me saques de la rutina familiar.
A mí también me gusta hacerlo.
¿Recogemos a los niños?
No, primero vamos a tomarnos un café y después recogemos a los niños. No creo que nos echen mucho de menos si les decimos que pueden cenar en casa de los abuelos.

Pam y Mike se cogieron de la mano mientras se dirigían a su cafetería preferida. Pronto se haría de noche y tendrían que lidiar con sus niños para que se fuesen para cama, pero eso sería dentro de un par de horas. Ahora disfrutarían todavía de su libertad como amantes y ya tendrían tiempo para volver a ser padres.

martes, 18 de diciembre de 2018

ESOS VIAJES EN AUTOBUS....


Cae la noche cuando los dos ocupamos los dos últimos asientos en al autobús. Fuera llueve a mares y nosotros nos hemos salvado porque, saliendo del gimnasio para coger el autobús, las primeras gotas habían comenzado a caer. Vemos a la gente con los paraguas, intentando no mojarse con tanta lluvia, mientras mi mano reposa plácidamente entre tus muslos...

Acercas tus labios a los míos y los humedeces con tu lengua. Notas cómo mi respiración se acelera y me susurras al oído cuánto te gusta jugar conmigo.

Me miras y mis pupilas están completamente dilatadas... sabes que la transformación está a punto de producirse... el chico bueno está a punto de tornar en el malote que tanto te gusta...

Abres tus piernas para facilitarme el acceso a tu sexo,  y notas cómo mis dedos se deslizan entre ellas. Te noto ya húmeda, como cada vez que empezamos a jugar, y disfrutas de mis ágiles manos mientras una de las tuyas se desliza hasta mi entrepierna...




Sigue lloviendo y el autobús se va quedando vacío. Nuestra parada se ha pasado ya mientras te doy un largo y húmedo beso. Las lenguas juguetean en nuestras bocas mientras nuestras manos se mueven por debajo de la cintura. Me despego de tus labios, me acerco a tu oído y te susurro: -Quiero follarte...

Tú también deseas hacerlo, pero no quieres parar de jugar, así que me desabrochas el pantalón, te cuelas por debajo de mis bóxer y me la agarras mientras mueves la mano. Acaricias con tu pulgar la suave puntita y vuelves a mojar mis labios con tu lengua, imaginando que es mi verga lo que estás saboreando. Me encanta que me hagas sentirme duro entre tus manos...


El vaivén lento de tu mano hace que mi sexo se ponga totalmente erecto y las perlas de fluido lubricante hacen que tu pulgar se impregne de mi esencia... lo mismo que mis dedos dentro de tu coño, que está húmedo y caliente. Tu clítoris palpita con cada caricia dada y nuestras respiraciones y gemidos se van apoderando de la parte trasera del autobús...

Disfrutamos el uno del otro mientras sentimos cómo ascendemos hacia la dulce cima del clímax. Han sido tantas veces ya que sé cómo debo tocarte, dónde y cuándo presionar... Hago que te corras y ahogo tus gemidos con un beso, mientras te hago disfrutar de un orgasmo interminable. Sabes que yo también estoy cerca así que te agachas y empiezas a chupármela, escondida entre los asientos del autobús. La metes y la sacas de tu boca, sin muchos miramientos. Estoy muy excitado y lo que necesito ahora es de todo menos dulzura. Así que la mueves dentro de tu boca, mientras, de vez en cuando, levantas la vista para ver cómo disfruto hasta que yo también alcanzo la cima. Sientes mi caliente fluido recorrer tu boca, tu garganta… mientras no paras de mover tu mano hasta que me vacías por completo dentro de ti...





miércoles, 23 de mayo de 2018

EL VECINO


Paula se despertó de improvisto con aquel joven desnudo y tumbado a su lado. No se acordaba muy bien de lo que había pasado realmente, pero se juró a si misma no volver a salir un jueves en la zona universitaria y menos, tomarse tantos y deliciosos mojitos.

Le dio una palmada en el trasero al joven para que se despertarse y se fuese y este, a regañadientes, se levantó y se vistió lentamente, para mayor regocijo de Paula que viéndolo en todo su esplendor, se acordó porque se lo había llevado a su apartamento.
Paula se puso la ropa de entreno. Salió a la terraza para ver si su vecino, el madurito interesante, ya estaba corriendo por el paseo del rio. Y justó en el momento que Paula echaba un vistazo, apareció su galán que la saludaba desde la lejanía. Ella respondió azorada y dio gracias de que desde allá abajo no se iba a notar su turbación. Aquel cincuentón la ponía a cien. Y lo peor era que se le había insinuado alguna que otra vez y este, se le había resistido con toda su caballerosidad.

Paula bajó las escaleras a la carrera y se encontró de bruces con Armando.

—Buenos días Paula ¿Qué tal estás esta mañana?
—Bien, con ganas de entrenar.
—Pues yo me retiro por hoy. Diez kilómetros son suficientes para mí. Ahora unos estiramientos y a la ducha.
—Si necesitas algún masaje, no dudes en avisarme – dijo Paula tapándose la boca y arrepintiéndose al instante por lo que había dicho.
—Vaya, te tomo la palabra. Tengo los hombros un poco tocados de las flexiones. Quizás te avise.
—Bueno, podrás ser un viejales, pero estoy segura que tus brazos y hombros pueden todavía soportar mucho trabajo corporal.
Armando le sonrió y le abrió la puerta del edificio para que Paula saliese a entrenar. Le echó también un último vistazo al atuendo que llevaba Paula. Unas mallas deportivas muy ajustadas.

Paula después de una ducha rápida se fue al centro comercial donde trabajaba de Relaciones Públicas y deseó fervientemente que el tiempo pasase más rápido porque, a pesar de los tres cafés que se había tomado, se estaba quedando dormida en la silla de su oficina.

—Paulita, creo que será mejor que abandones tu puesto y te vayas ya para casa. Apenas tenemos trabajo hoy y seguro que tu cuerpo agradecerá un buen descanso – dijo Clara, su compañera en la oficina.
—Bufff, es que lo de ayer fue tremendo. No vuelvo a ir contigo al campus universitario.
—Ya… ¿Cuántas veces me has dicho eso? Asaltacunas.
—Perdona, ¿qué me has llamado?
—Lo que has oído. Cualquier día te va a detener la policía por corrupción de menores.
—No es culpa mía atraer a los jóvenes y futuros machos alfa de la manada.
—Y hablando de machos alfa, ¿qué tal con tu madurito, Armando?
—Esta mañana he metido la pata hasta el fondo. Me lo he encontrado en la puerta y le he dicho que si necesitaba algún masaje, que me avisase.
—¿Y?
—Que tomaba nota.
—Ves, no está todo perdido.
—Es que es tan atractivo. Esas canas que van poblando ese pelo que tiene y esa barbita que deja entrever una boca tan sensual.
—¿Y por qué no le dices abiertamente que te lo quieres tirar? Tú soltera y el divorciado. No hay impedimento alguno.
—Bueno, hay un cortavistas entre nuestras terrazas que hace que nuestras vidas estén separadas a pesar de la cercanía.
—Se te va un poco, ¿verdad?
—Sí, es mejor que me vaya para casa.
—Venga va, te cubro y si pasa algo te aviso al móvil.

Paula se despidió de su amiga y compañera y se dirigió a la salida de los grandes almacenes. Allí saludó a los guardas de seguridad que la revisaron con la vista de arriba abajo. Le encantaba ponerse taconazos y aquel vaporoso vestido que llevaba ese día le sentaba más que bien.
Cuando llegó a su apartamento, dejó su bolso y se fue directa a la terraza. Allí, un olor a menta, jazmín y romero, llegaba a sus fosas nasales.

—Armando, ¿estás regando tu jardincito? – dijo Paula mirando la sombra que había tras la pared de tela verde que había al otro lado del cortavistas.
—Hola Paula. Pues sí, con tanto calor, las plantas necesitan un poco de mimo.
—Yo estoy igual. Con tanto calor estoy un poco aplatanada y he salido un poquito antes del trabajo para aprovechar y ponerme un poco al sol, que me hace falta.
—Pues disfrútalo como te mereces. Yo voy a entrar ya que como siga por aquí, voy a coger una pequeña insolación y ya sabes lo viejuno que soy – dijo Armando sonriendo maliciosamente.
—No se te escapa una. Pensé que no te habías dad cuenta…Armando, ¿sigues ahí?

Pero Armando no contestó. Paula se fijó para la tela y notó como la sombra del hombre se hacía más pequeña. Eso significaba que estaba pegado al muro verde. Paula hizo como si no se diese cuenta y se agachó enfrente de donde estaba parapetado Armando para quitarse los tacones. No llevaba sujetador bajo su vestido y un generoso escote se le apareció al hombre que la espiaba desde detrás de la tela, por un pequeño agujero disimulado detrás de un tarro de jazmín.



Paula se incorporó, se sacó las mangas del vestido y dejó caer, quedándose este, enganchado en sus caderas. Cogió su protector solar y comenzó a untárselo desde los hombros hasta el pecho, haciendo círculos concéntricos sobre ellos y volviendo hacia los hombros nuevamente.

Sus pezones reaccionaron al instante y comenzaron a enviar pequeñas descargar placer, cada vez que Paula los rozaba. Y no fueron pocas las veces que lo hizo, ya que aquellos placenteros movimientos, le proporcionaban un cosquilleo que empezaba a descender por su vientre llegando a gran velocidad hasta su sexo.

Con cuidado de no manchar el vestido de crema, se lo subió muy despacio y con sus manos metidas debajo de él, se quitó el tanga de hilo que llevaba puesto. Lo dejó sobre la mesita y volvió a echarse crema en las manos. Esta vez fueron sus piernas las que recibieron las caricias y Paula, con sus pechos colgando, escuchó el gemido gutural que había salido desde el otro lado del separador verde del cortavistas.

Sabía que Armando estaba excitado, pero no todavía lo suficiente. Se sentó en su tumbona haciendo que su sexo estuviese bien a la vista del maduro que la espiaba. Abrió un poco sus piernas y le dejó entrever lo que se había perdido hasta ese día. Él se lo había buscado por no haber seguido sus insinuaciones. Volvió a coger un poco más de crema y volvió a extenderla sobre sus piernas. Desde los pies hasta la cadera donde reposaba todavía el vestido que era ya solo un cinturón sobre su cintura.

Miró hacia un lado, miró hacia otro, como si estuviese viendo si alguien la espiaba desde algún sitio y se abrió totalmente de piernas. Sabía que Armando la miraba desde el otro lado y eso la excitaba muchísimo. La licuaba como se decía a ella misma. Se limpió bien las manos y se desprendió totalmente de su vestido que dejó bien doblado sobre la mesita de la terraza. Apenas podía disimular que aquella situación la ponía muy caliente.

Y quería que su espía del otro lado, también lo estuviese. Se puso a cuatro patas y su exuberante trasero quedó expuesto a la mirada del furtivo Armando que apenas podía contenerse las ganas de saltar al otro lado. Y Paula no ayudaba a ello ya que cogió un poco más de crema y untó lentamente su culo desde la nalgas hasta casi su entrada trasera.

Una llamada del timbre de su puerta interrumpió el ritual de la crema y Paula se incorporó un poco fastidiada. Se fijó que al otro lado del separador verde, no notaba la presencia de su madurito. Se puso su vestido por delante y lo aguantó con una de sus manos mientras con la otra dejaba el bote sobre la mesita. Entro en el piso y se acercó a la puerta preguntándose quien la había molestado. Seguro que era el repartidor mal encarado que siempre la veía de malas maneras cuando lo recibía en camiseta y en braguitas.

Se acercó a la mirilla y lo vio. Armando estaba al otro lado de la puerta. Paula respiró profundamente y abrió la puerta.

—Hola —dijo él. —Venía a por lo del masaje.
—Pasa, seguro que podemos hacer algo al respecto— dijo Paula mientras dejaba caer su vestido y mostraba su desnudez.