lunes, 26 de noviembre de 2012

Bautismo de sangre



Mi nombre es Edgar aunque todo el mundo que me conoce me llama Ed. Trabajo para una Agencia que se dedica a prestar servicios a clientes cuyas necesidades no son muy corrientes. Soy asesino profesional…pero un asesino poco convencional.

Todavía recuerdo mi primera vez cuando Diana, mi jefa, apareció en la piscina de la mansión con una carpeta. Salí del agua y me puse el albornoz.

Los Señores creen que ya estás preparado para tu bautismo de sangre. Aquí tienes toda la información necesaria. Mañana, al atardecer volaras en Jet privado hasta Santiago. Allí te recogerán y te llevaran hasta el lugar del trabajo dijo Diana ofreciéndome la carpeta.

La abrí y pude ver unas cuantas fotos y una sobre todo, llamó mi atención. Era la de una mujer, su belleza era impactante, pero la tristeza que reflejaba su rostro se podía ver a través de la fotografía. Iba acompañada de un hombre bastante “entrado en carnes” y escoltado por unos cuantos matones. Ese era mi objetivo.

Eran ya las diez de la noche cuando el Jet aterrizaba en el aeropuerto de Santiago de Compostela. Allí me estaba esperando una guapa azafata que me indicó que la siguiese hasta un Audi de aspecto deportivo y con los cristales tintados. Cuando estuve cómodamente sentado, arrancó y se dirigió hacia la autopista que nos llevaría hasta nuestro objetivo.

Volví a echarle otro vistazo al contenido de aquella carpeta y releí todo el informe que acompañaba a las fotos. Aquel hombre era un traficante de armas que había estafado a unos clientes, los cuales habían contratado nuestros servicios. Estos habían pagado por adelantado gran cantidad de dinero por la mercancía y el sujeto se había quedado con el dinero y con la mercancía. El problema de mis clientes era que este se había aliado con un grupo rival y estos lo protegían. Según nuestros informes, se estaba gastando el dinero de nuestros clientes en un lujoso casino de la Isla de la Toja y para allá nos acercábamos mi chofer y yo.

Al llegar al puente que separa la localidad de El Grove de la isla, el reloj del pueblo marcaba las doce de la noche. Descendimos del automóvil y la azafata me entregó las llaves del vehículo que me llevaría hasta el casino. Una potente VRSCDX Night Rod Special. Sabíamos que a la mujer de la foto le gustaban las motos y las Harley eran su perdición.

Me monté sobre aquella bestia negra y después de escuchar su ronroneo al encenderse, me puse el casco y salí en dirección hacía el casino en busca de mi objetivo.

En cinco minutos estaba en el parking del casino de la Toja. Dejé mi casco en uno de los estribos ya que el otro estaba ocupado por otro casco que sería para mi acompañante si mi misión salía tal y como lo había planeado. Le di cincuenta euros al chico del parking para que le echase un vistazo de vez en cuando a la moto y este agradeció la propina con un guiño.

Entré en el casino y cambié algo de dinero por fichas. Localicé a mi objetivo jugando a la ruleta y junto a él, estaba Mónica, su mujer. Detrás de ellos había un par de gorilas que los protegerían de cualquier amenaza…bueno, de cualquiera no.

Encaminé mis pasos hacía la ruleta y me senté enfrente de la pareja. Mónica, que me había seguido con la vista desde que había entrado, apartó su mirada al toparse con mis ojos grises. Su marido, Fabio, se dio cuenta de la sonrisa que le había regalado a su mujer y eso le molestó. Primer objetivo cumplido.

Aquel hombre grueso se jugaba mucho dinero en cada tirada de la ruleta y la mayoría de las veces perdía. Yo tuve suerte y gané una buena cantidad. Antes de levantarme de la mesa, le dedique otra mirada a Mónica y esta vez no apartó su mirada. Pude fijarme bien y era todavía más impresionante que en la foto que tanto había visto. Llevaba un sugerente vestido rojo, el cual dejaba ver sus excitantes hombros, el pelo suelto y de su deseable cuello colgaba un espectacular collar que provocaba que todas las miradas se dirigieran hacia su escote. Su rostro, blanquecino, estaba muy poco maquillado y en el destacaban unos jugosos labios que invitaban a ser mordidos, sus tristes ojos color miel me miraban suplicándome que la sacase de allí.

Me dirigí hacia el bar del casino. Mónica me siguió con la mirada y diez minutos después, ella se sentó en una mesa a escasos metros de donde yo estaba pidiendo un gyn tonic. Desde donde estaba podía sentir los latidos de su corazón y percibir el olor del perfume que impregnaba su cuerpo. Cogí una servilleta de papel y pedí al camarero un bolígrafo. Este me lo acercó y escribí una nota que dejé tan cerca de la mano izquierda de Mónica, que no pude evitar rozarla con mi dedo índice. Pude entonces ver en detalle aquel vestido rojo palabra de honor que desafiaba las leyes de la gravedad ya que aquel escote realzaba de una manera sublime sus pechos. Deduje por su respiración y el fluir de su sangre, que mi acercamiento había dado resultado.

Leyó la nota, cerró los ojos y después de dar un largo trago a su bebida, la rompió. Fabio decidió entonces, enviarme a sus gorilas para que me diesen un aviso y no me acercase tanto a su mujer. Aquellos dos hombres me agarraron sutilmente y me invitaron a acompañarles a la parte de atrás del casino para que me quedase bien claro que Mónica estaba vetada para mi.

Minutos más tarde, aquellos dos hombretones flotaban en el mar con la cara destrozada por los golpes recibidos y yo ya estaba sobre la Harley, esperando que mi nota dejada en la servilleta hubiera surtido efecto.

Solo tuve que esperar un par de minutos más para verla aparecer entre los coches. Corría con sus altos tacones hacia mi montura y después de subirse a horcajadas detrás de mi, le pase el casco, encendí la Harley y salimos como alma que lleva el diablo fuera de la Toja. Le hablaba por el intercomunicador de los cascos y le propuse que diésemos un paseo por la playa de la Lanzada. Estuvo de acuerdo y para allí fuimos.

Llegamos al pequeño aeródromo que utilizan los aficionados al radio control y le dije a Mónica que llevase ella la moto. Aceptó encantada. Puso sus manos sobre el manillar, metió primera y aceleró. La moto respondía a todas sus órdenes y eso le encantaba, estaba feliz por ser libre y la velocidad aumentaba su estado de excitación. Fue en ese momento cuando puse en práctica la segunda parte de mi plan.

Bajo mis manos podía notar sus caderas que realmente eran muy apetecibles, poco apoco ascendí hasta su cintura y de ahí hasta sus voluptuosos pechos. Hubo un momento de duda por su parte pero se dejó llevar, quería experimentar la parte final de la nota que le había dejado sobre la mesa. Me acerque hasta que ella pudiese notar el calor que desprendía mi cuerpo. Eso le gustó, sabía que los hombres la veían con lujuria, pero ninguno se había atrevido a mirarla o a tocarla como yo lo hacía gracias a los gorilas que siempre la acompañaban, así que disminuyó un poco la velocidad de la moto, apretó su trasero contra mi y se dio cuenta de que no estaba solo ella excitada.

Le dije que se dirigiese al final de la playa, cerca de las rocas, allí estaríamos a salvo de miradas indiscretas. Paró la moto, apagó el motor, se quitó el casco y movió su pelo de un lado a otro. Después de que yo me quitase el mío, cogió mis manos, las colocó sobre sus labios y las besó. Podía notar la humedad de sus labios en mis dedos y eso realmente me excito. Quería sentir mis manos lo más cerca posible de ella. Ahora si podía notar su excitación en aumento, su respiración se volvía más rápida a medida que mis manos recorrían su cuerpo, su trasero se movía nervioso apretándose contra mi intentando adivinar todo el contorno de mi sexo…decidí no hacerla esperar más, bajé lentamente la cremallera de su vestido y deje que el calido viento del sur rozase su cuerpo desnudo. Simplemente verla desnuda encima de la moto ya era excitante. Le dije que se diese la vuelta…volví a recorrer su cuerpo con mis manos y con delicadeza toque sus hinchados pezones. Un gemido salio de su boca mientras los acariciaba dulcemente y notaba como se endurecían un poco más al rozarlos con mis labios.

Mónica quería más, necesitaba más, aquellos años al lado de Fabio la habían sumido en un letargo sexual. Había llegado a pensar que jamás volvería a excitarse como lo estaba haciendo en este momento.

Mientras una de mis manos se humedecía en su boca, la otra tocaba una de las pocas prendas que le quedaban por quitarse, una maravillosa tanga de seda negra. También llevaba puestos unos altísimos zapatos rojos que hacían que sus piernas fuesen más espectaculares todavía. No pude resistirme más e introduje mi mano en el interior de su sexo y ahí pude notar lo realmente excitada que estaba. Mónica apoyó su cabeza contra mi hombro y lanzó un largo gemido al aire cuando sintió mis dedos en su interior.

Se veía majestuosa encima de la moto, tapada simplemente con una minúscula tanga y con sus zapados de tacón enguantando sus pies. Yo estaba ya en medio de sus largas piernas… besé primero su ombligo y después dirigí toda mi atención hacia su sexo que ya olía a pasión y deseo.

Lo besé tiernamente y lo lamí con lujuria al notar que el orgasmo se acercaba… pero todavía no, no estaba del todo preparada… corte el contacto de mi boca con su sexo con un calido beso y recorrí con mi lengua el espacio que había hasta su boca.

Pasé mi lengua por su boca y note que ya estaba preparada, su corazón palpitaba violentamente y mi excitación llegó a su nivel más alto. Volví  a introducir mis dedos en su sexo, y cuando comenzó su orgasmo acerqué mi boca a su cuello, sus jadeos se hicieron más intensos, sus espasmos comenzaron a surgir de su interior, sus pulsaciones aumentaron de frecuencia, su corazón comenzó a bombear más rápido y su sangre recorría todo su cuerpo…ese era el momento, mientras yo besaba su arteria carótida… después, poco a poco y casi sin darse cuenta, hundí mis colmillos en su carne y succioné la sangre que salía como un torrente de su cuello. Esa misma sangre comenzó a recorrer la comisura de mis labios y descendía caliente sobre mi torso desnudo. La vida fue apagándose poco a poco de sus ojos y en pocos minutos, Mónica yacía sobre la arena de la playa, completamente desangrada, pero igualmente hermosa.

Un mes después, Fabio volvió con nuestros agradecidos clientes.

Me llamo Edgar y soy un asesino muy peculiar.


4 comentarios:

  1. Una gran historia con un final sorprendente. Felicidades has tratado el erotismo con mucha elegancia

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  2. Creo que hay una fina linea entre el erotismo y la pornografía y esa línea es la que trato de no cruzar. Si el relato te ha parecido elegante y con un final sorprendente, me doy por satisfecho.
    Muchas gracias por opinar.

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  3. Sería ideal que contaras más historias con este personaje

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  4. Pues la verdad es que no estaría mal pero, intento que sean "relatos cortos", que tengan un final sorprendente y que dejen ese buen sabor de boca. Estoy seguro de que si te gustó este, los que vendrán después, te gustarán todavía más.
    Muchísimas gracias por dar tu opinión.

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