viernes, 28 de diciembre de 2012

CAPITULO 9



—Señora, el señor me ha comunicado que se quedará un par de días más en Madrid. Me dijo que no la despertase y que se lo dijese a la hora del desayuno. Al mediodía, volverá a llamarla.
—Gracias Noelia por el aviso y recuerda, llámame Clara —dijo esta radiante de felicidad. —Iré a despertar a mi hermana, ayer se pasó un poquito con la bebida y me temo que todavía está durmiendo
—Pobre, espero que no tuviera nada que ver que le estuviese llenando continuamente la copa.
—Noelia, no estarás insinuando que yo…
—Para nada —sonrió la guapa sirvienta.

Clara, después de desayunar fue a despertar a su hermana. Jorge, por su parte, se había ido a trabajar muy temprano aquella mañana. La había despertado con un suave beso en los labios y le hizo el amor utilizando solo su boca y su ardiente lengua.

Antes de entrar en el cuarto se dirigió al de Jorge. Allí rememoró la tórrida noche que había pasado al lado de su hijastro, como la había penetrado lujuriosamente y como por la mañana, se había comportado como un amante delicado y atento. Las dos caras de su hijastro le encantaban y fuese con fuerza o delicadeza, ella lo satisfaría siempre que se lo pidiese.

Al mediodía llamo Joan y estuvieron más de una hora al teléfono. Joan tenía muchas cosas que contarle y Clara reía complacida al escuchar a su marido tan elocuente. Al finalizar la conversación, observó como su hermana Mónica la estaba mirando apoyada desde la puerta de la cocina.

—Hola cariño, ¿qué tal estas?
—Como si me hubiese bebido medio viñedo de Falcon Crest.
—Sí, creo que ayer por la noche te pasaste un poquito con el vino.
—Ni idea, no recuerdo nada de nada. ¿Jorge no está?
—No, se ha ido muy temprano esta mañana.
—Pues entonces yo ya me voy. Le diré a Noelia que llame a un taxi para que venga a recogerme.
—¿Estás tonta? ¿Te has olvidado que se conducir?
—Se cómo conduces y prefiero un taxi.
—Come algo, me cambio de ropa y te llevo a tu hotel.
—Vale, pero prométeme que pasarás de 20 por hora, quiero llegar antes del anochecer a Barcelona.
—Vete a la mierda, hermanita

Quince minutos después, Clara estaba ya al volante del monovolumen conduciendo camino de Barcelona. Noelia se les había unido y llevaba una gran bolsa de deporte que era de Jorge. Este la había llamado y estuvo un ratito charlando con ella. A Clara le intrigó aquella conversación, pero pensó que se trataría de alguno de aquellos juegos a los que solían jugar ellos dos.

Dejaron a Mónica en su hotel, cuando comenzó a llover y fue en ese momento cuando Noelia le dijo a Clara que se dirigiesen a las oficinas de la empresa. Allí, Jorge las estaría esperando.

—¿Qué tenéis pensado hacer vosotros dos?
—Nosotros tres, dirás. Jorge te lo explicará todo.
—¿No me puedes adelantar algo?
—No, lo siento. No puedo estropear la sorpresa.
—Dios, que intriga.

Media hora más tarde, estaban en el parking del gran edificio de oficinas. Jorge las estaba esperando y casi no lo reconocieron ya que llevaba puesta una larga gabardina, un sombrero sobre su cabeza y unas gafas. A Clara le pareció Clark Kent y sonrió al verlo.

—Creía que ya no vendríais, no tenemos mucho tiempo. Noe, ponte la ropa y dale la suya a Clara.
—¿A dónde vamos? —preguntó Clara comenzando a impacientarse.
—Pues de visita al Zoo.
—¿Al Zoo?
—Sí.
—Pero está diluviando.
—¿No me digas que eres de las que encojen con la lluvia?
—No.
—Vale, ponte detrás con Noe que yo conduzco.

Noelia ayudó a Clara a vestirse. Llevaban sombreros para la lluvia y unas gabardinas. Debajo de ellas solo tenían puesto ropa interior muy sugerente. Clara no preguntó para que se habían vestido así y porque se iban al Zoo con la que estaba cayendo.

Al llegar, Jorge aparcó el coche y con un gran paraguas, refugió a las dos mujeres. Sacaron las entradas ante la atónita mirada del sorprendido taquillero y se internaron en el solitario Zoo de Barcelona. Jorge iba en medio, aguantando el paraguas, flanqueado a ambos lados por Noelia y por Clara. Esta se sentía rara por llevar tan poca ropa encima pero no tenía frío alguno ya que su sexo estaba comenzando a irradiar calor a todo su cuerpo.

Pasaron por delante un cuidador que estaba alimentando a los leones. Era un hombre de mediana edad, andaría cerca de los cincuenta años y se les quedó mirando al ver pasar a aquellos extraños personajes que paseaban debajo de un gran paraguas.

Se dirigieron a los servicios y allí Jorge entró en el servicio de caballeros. A los pocos segundos salió y les dijo que podían entrar, que no había nadie. Noelia llevaba a Clara cogida del brazo y se lo apretó al pasar dentro de los servicios. Estaba tan excitada como Clara y está le sonrió.

—Vosotros dos sois un pervertidos de mucho cuidado —dijo Clara revisando cada rincón de los servicios.
—Ya lo he hecho yo y no hay nadie —dijo Jorge.
—Vale —dijo Clara abriendo la última puerta.
—Vamos Noe, te toca.

Noelia saltó encima de Jorge y este la encaramó hasta sus hombros. El sexo de la chica quedaba a merced de la boca de Jorge y este sonrió con una picara sonrisa. Clara se sorprendió de la posturita pero la entendió al ver que Noelia iba desconectando los fluorescentes del techo haciendo que la estancia quedase en penumbras.

—Jorge, no seas malo. Deja de intentar meterme la lengua por el tanga —dijo Noelia quitando el último fluorescente.
—Mala eres tú, que te has puesto así.

Noelia sonrió y le guiñó un ojo a Clara. Después bajó de los hombros de Jorge y lo besó apasionadamente.

—Me ha puesto muy caliente, señorito Jorge. Tiene una lengua que parece una serpiente.
—Entreno mucho —dijo mirando a Clara y sabiendo que ella recordaría lo ocurrido aquella misma mañana en su habitación. —Ahora, si me disculpáis, iré a buscar a nuestra victima.
—¿Victima? —preguntó Clara comenzando a asustarse.
—Sí, nuestra víctima. Iros preparando.

Jorge salió afuera y las mujeres se quedaron dentro, en la penumbra.

—Será mejor que te escondas en aquel rincón Clara. Es mejor que la primera vez actúes como una voyeur.

Clara obedeció y se escondió en el oscuro rincón. Desde allí y después de que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad, podría ver todo lo que pasaba sin ser vista.

Al rato, Jorge volvió con el cuidador del Zoo. El mismo que estaba dando de comer a los leones.

—Aquí está la dama que le comentaba —dijo Jorge señalando a Noelia. —Muéstrate por favor.

Noelia se quitó la gabardina y un conjunto de sujetador, tanga, liguero y medias rojas aparecieron bajo la húmeda prenda.

—Ve, se lo dije, esta chica es un volcán a punto de erupción —dijo Jorge agarrando sugerentemente los pechos de Noelia, que se estremeció al contacto de las manos del joven.

Jorge siguió acariciándolos y esta comenzó a toquetearle por dentro de su pantalón. Notó como el pene de Jorge comenzaba a crecer bajo su experta mano y le sonrió al cuidador al ver que este se relamía de gusto.

Noelia sentó a Jorge sobre la barra de los lavabos y después de bajarle los pantalones, comenzó a lamer con lujuria el henchido pene del joven. Este echó la cabeza hacia atrás y escuchó un leve gemido a su derecha, pero no pudo distinguir a Clara en la oscuridad. Sonrió y agarró la cabeza de Noelia ayudándole a seguir el ritmo que él quería que llevase.

El cuidador del Zoo estaba ensimismado al ver aquel panorama y como aquella chica succionaba con avidez la polla del joven. Estaba tan excitado que se sacó la suya y comenzó a masturbase viendo aquella tórrida escena.

Noelia se levantó y se quitó el tanga. Se puso a horcajadas sobre Jorge y este la penetró sin muchos miramientos por detrás. El cuidador quedó frente al cuerpo de Noelia que abría su coño para que este pudiese ver en todo su esplendor, su húmedo sexo.

Sus tetas daban saltos dentro del sujetador con cada embestida y Jorge decidió que era el momento justo de mostrárselas al cuidador. Este, ante la vista de aquellas pechos, comenzó a meneársela más rápido.

Noelia y Jorge disfrutaban del espectáculo. No era la primera vez que lo hacían y eso les excitaba muchísimo, tanto que Noelia no pudo aguantar más y se corrió con un sonoro gemido. Mientras tanto, Clara, deseaba ser ella la que estuviese siendo penetrada por Jorge y dejó de importarle la presencia del cuidador. Se tocaba por todo su cuerpo y su sexo rezumaba flujos que se perdían a lo largo de sus piernas.

Noelia, a pesar de haberse corrido ya, seguía cabalgando a Jorge y este disfrutaba de la amazona que no bajaba el ritmo del trote.

—Estoy seguro que a este caballero le encantaría sentir tu boca en su polla —le dijo Jorge a Noelia al oído.

Esta, ni corta ni perezosa, ayudada por Jorge, se inclinó hacia delante y mientras Jorge seguía horadando su trasero, ella comenzó a lamer el jugoso glande del cuidador que lo agradeció de manera elocuente con un gesto de aprobación.

Al poco rato, Noelia, se limpiaba los restos de semen que bajaban por sus pechos. El cuidador les dijo que cuando quisiesen entrar en el Zoo, lo avisasen a él y este les dejaría entrar siempre gratis.

Cuando se marchó de allí, Jorge buscó a tientas a Clara en la oscuridad. Esta permanecía pegada a la pared, con sus braguitas bajadas hasta las rodillas y con sus manos acariciando todavía sus pechos y su sexo.

—¿Te ha gustado?
—Me he excitado muchísimo. Pero necesito algo más.
—Pide y se te concederá.
—Quiero que tú y Noelia me folléis aquí y ahora.
—Sus deseos son órdenes. Noe, la señora necesita de nuestros servicios. No la hagamos esperar.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

CAPITULO 8


Al día siguiente, Jorge y Mónica quedaron para ver un par de casas en las que Mónica había puesto sus ojos. Esta estaba feliz de que Jorge la acompañase y más sabiendo que estaban solos pues Clara se había sentido indispuesta aquella mañana.

A pesar de eso, Jorge no mencionó nada de lo que había ocurrido en el gran salón de la villa y a Mónica, aquello le parecía perfecto. Había disfrutado de él y ahora disfrutaba de su compañía.

Comieron en un pequeño restaurante al borde del mar y volvieron por la tarde a la villa. Allí, Noelia, les tenía preparada una merienda a base de pastas y te del que dieron buena cuenta.

—Ir de compras, aunque sea una casa, siempre me abre el apetito — dijo entre risas Mónica.

Clara había bajado al salón, pero paso totalmente de la compañía de Jorge y de su hermana. Se fue directamente hacia la piscina y allí se recostó sobre una tumbona, donde caviló un plan para arrebatarle las atenciones que su hijastro le dedicaba a Mónica.

Después de cenar todos juntos y de que Clara, emborrachase deliberadamente a su hermana, se fueron a acostar. Jorge, que parecía algo perjudicado también, llevó en brazos a Mónica a la habitación de su madrastra y allí la dejó sobre la cama. Clara se encargó después de desvestirla y ponerle una camiseta para que durmiese cómodamente. Esperó media hora y después de comprobar que su hermana dormitaba profundamente, se levantó de cama, se puso el picardías más sexi que encontró y se fue con decisión hacia la habitación de Jorge.

Llamó a la puerta y su hijastro no contestó. Abrió y paso adentro. Jorge dormía sobre las sábanas y solo llevaba los vaqueros puestos. Su torso desnudo, indicaba la intensa preparación que seguía haciendo diariamente a pesar de tener que trabajar la mayor parte del día. Se sentó sobre la cama, muy cerca de él y le acarició la cara. Después lo besó en los labios pero este ni se inmutó.

—Está profundamente dormido,… ¿pero qué es eso? —se preguntó Clara acercándose al cuello de Jorge.  <<Es la marca del pintalabios de Mónica. Maldita sea, seguro que lo besó cuando Jorge la llevaba en brazos para la habitación. No se da cuenta de que Jorge es mío>> se dijo a sí misma mientras comenzaba a acariciar el pene de Jorge que descansaba debajo de sus vaqueros.

Este comenzó a endurecerse y Clara desabotonó con delicadeza el abultado pantalón para dejar que el pene de Jorge pudiese moverse con más soltura debajo de su bóxer. Acercó su cara y lamió por encima del tejido, el pene de su hijastro que seguía inmóvil a pesar de las atenciones que su madrastra le estaba dedicando.

—Jorge, ya estás preparado —susurró Clara mientras dejaba que el crecido falo se presentase ante ella, al que recibió con lametones y después lo introdujo en su boca, chupando y succionando como si se tratase del más rico de los helados. <<Esto es mío, mi querida hermana y no te lo voy a poner nada fácil>> pensó Clara mientras bajaba los pantalones y el bóxer de Jorge hasta las rodillas.

Este se movió un poco, pero a Clara no le importó. Seguía jugando con la polla de su hijastro y no la iba a soltar hasta que estuviese bien saciada. Al rato y después de dejar completamente empapado el pene de Jorge, se quitó las humedecidas braguitas y se colocó encima de su cara, donde comenzó a masturbarse de una manera lasciva. La situación la había puesto muy caliente ya que ver a su hijastro dormido y por primera vez a su merced, hizo que pronto llegase al orgasmo.

Pero aun así, no dejó de tocarse ya que la propia respiración de Jorge sobre su sexo, hacía imposible que su calentura bajase a pesar de haberse corrido ya. Unas pequeñas gotas de sus fluidos, cayeron sobre el rostro del joven. Clara las vio y las lamió con su lengua.

—Ahora por detrás, Jorge —dijo Clara dándose la vuelta y poniéndose nuevamente a horcajadas sobre la cara de Jorge.

Su sexo apenas rozaba la nariz de su hijastro mientras Clara penetraba con dos dedos, su hermoso trasero. La respiración acompasada, junto con la sensación de estar siendo penetrada analmente, hizo que las olas próximas al orgasmo volvieran a surgir nuevamente.

—Soy mucho más pervertida que mi hermana, ¿no te das cuenta Jorge? Lame mi trasero, por favor Jorge, lámelo —susurraba Clara

Jorge abrió los ojos y lanzó su lengua contra el dilatado orificio de Clara como una saeta. Esta se vio sorprendida por el ataque y sus ojos se abrieron como platos. Pero no dejó de mover sus caderas mientras le repasaba todo el trasero.

—Hummmm, Mami, me has puesto muy cachondo.
—Jorge… estabas dormido
—No del todo. Me hice el dormido para ver que eras capaz de hacer. Me sorprendió mucho que me chupases la polla y que te masturbases encima de mi cara.
—Entonces, ¿fingiste?
—Pues claro que fingí, todo por mi querida Mami la pervertida —dijo Jorge introduciendo un dedo en el trasero de Clara. —Nunca pensé que pudieses acercarte a mí de esa manera.
—Jorge, no me digas eso.
—¿Por qué si es la verdad? Me encanta esta competición entre hermanas. Por ahora llevas las de ganar.

Clara sonrió maliciosamente solo de pensar que se había apuntado aquel tanto. Y sobre todo sabiendo que la noche anterior, su hermana, había satisfecho tan gratamente a Jorge.

Este se colocó tras ella y bajó el picardías hasta su cintura, Sus pechos, quedaron al descubierto, mostrando unos henchidos pezones que estaban pidiendo a gritos ser acariciados. Jorge tuvo compasión de ellos y subiendo por el pecho con sus manos, acarició y agarró los pezones, proporcionándole a Clara, un gran placer.

Jorge se desnudó rápidamente y jugó un poco con su pene frente la entrada del sexo de Clara. Esta estaba completamente mojada y lo único que deseaba era que su hijastro la penetrase ya para sentirse todavía mejor. Jorge, adivinando sus pensamientos, con un movimiento de sus caderas, embistió con fuerza y le metió la polla hasta el fondo. Clara gimió de placer al notar el grueso pene de Jorge dentro de ella y volvió a pensar en su hermana Mónica que dormía bajo el cálido abrazo de Morfeo.

—Sabes, me gustaría que te pusieses encima y me cabalgases un poco, me gusta ver como se mueven tus pechos mientras lo haces —dijo Jorge mientras seguí penetrando sin piedad a su madrastra.
—Hagámoslo rápido, no quiero estar mucho tiempo sin tu polla dentro de mí.
—Pero Mami, que lenguaje es ese.
—Estoy demasiado caliente para moderar mi lenguaje, solo túmbate y déjame hacer a mí —dijo Clara muy segura de lo que acababa de decir.

Jorge se tumbó nuevamente y Clara montó a horcajadas sobre él. Cogió el pene y lo introdujo dentro de su sexo, y comenzó a cabalgar a su hijastro como si fuese una experta amazona. Sus pechos se movían al compás del grácil trote ejercido por sus movimientos mientras Jorge, la miraba entusiasmado.

Clara subía y bajaba sobre el palpitante falo de Jorge, lubricándolo y haciendo que su sexo se deslizase sobre él sin ningún esfuerzo. Jorge no pudo resistirlo más y se abalanzó sobre los pechos de su madrastra. Los tocó, lo lamió, los chupó e intentó introducírselos por entero en la boca, algo que hizo que Clara se excitase todavía más.

—Mami, creo que voy a correrme ya —dijo Jorge intentando retrasar su orgasmo.
—¿Puedes aguantar un poco más?
—No lo creo, pero haré una cosa —dijo sacando su pene del sexo de Clara y lanzándose como un poseso con su lengua sobre el clítoris de su querida madrastra.
—Jorge, no tienes porque hacerlo, puedes correrte cuando quieras.
—Nunca he dejado a una mujer insatisfecha y no voy a empezar a hacerlo ahora.

Clara comenzó a notar que llegaba el orgasmo al poco de comenzar Jorge a penetrar su sexo con su tórrida lengua. Era como un pequeño pene que hacía las delicias de cualquier mujer que estuviese en aquella tesitura, subiendo y bajando por todo su sexo, jugueteando con su clítoris y entrando con rápidas penetraciones dentro de su humedecido coño.

Jorge bajó el ritmo de acoso y derribo con su lengua cuando vio que Clara se estremecía y agarraba con fuerza las sábanas. Esta, al sentir las lentas lamidas mientras un orgasmo recorría todo su cuerpo, acrecentaba más todavía, el placer que estaba sintiendo.

—Cielo, ahora te toca a ti —dijo Clara mientras agarraba con decisión la polla de Jorge. Este se dejó hacer y después de un par de minutos, se corrió encima de los voluptuosos pechos de Clara, mientras esta, lamía y relamía los restos de la esencia que todavía colgaban del pene de Jorge.

Jorge se tumbó al lado de Clara. La abrazó dulcemente, le dijo cosas cariñosas al oído y la besó en la boca. Después, se quedaron dormidos hasta que los primeros rayos de sol entraron por la ventana de la habitación.

lunes, 24 de diciembre de 2012

La playa. Remasterizado

Como está lloviendo tanto y nos queda todavía pasar mucho frío, os dejo un relato corto sobre una historia muy primaveral y calurosa. Así os recuerdo que va quedando menos para volver a disfrutar de la playa. A esta historia le tengo mucho cariño ya que fue una de las primeras en las que se notó un cambio para mejor en mi manera de relatar, estas historias eróticas que tango me gusta escribir. Sin más preámbulos, os dejo en la playa…


Lydia salió de la oficina al mediodía. Su jornada laboral había finalizado y decidió aprovechar la tarde para ir a la playa. Como no tenía pensado pasar por casa ni para coger su bikini, decidió ir a una pequeña cala nudista donde no habría apenas gente dadas las fechas en las que se encontraban.


En menos de una hora estaba bajando por el empinado camino que la llevaba hasta la fina arena blanca de la cala. Había cogido una toalla que dejaba siempre en el coche para esas emergencias de última hora. Como supuso, no había más de media docena de personas que, como ella, habían tenido la misma idea de darse un pequeño respiro en la mitad de aquella semana.


Se desnudó sin dar importancia a que algún que otro caballero la estuviese observando. No obstante, esas pequeñas cosas le hacían subir su autoestima. Tanto es así que obsequió con una pícara sonrisa a cierto voyeur que con un movimiento de cabeza agradeció el desnudo de su bonito cuerpo.


A pesar de estar todavía en mayo, el sol calentaba con fuerza. Lydia se tumbó sobre la arena y al poco rato decidió darse un baño para tratar de aliviar el calor. Cuando volvió a la toalla dejó que el sol y el aire cálido del mar fuesen secando su piel. Cerró los ojos y se dejó llevar por un sueño placentero. 


De repente sintió que algo acariciaba sus pies en dirección a los muslos. Extremecida, abrió un poco sus piernas para que el contacto fuese completo. Su sexo comenzó a humedecerse mecido por las caricias ofrecidas. En el justo momento en que emitió su primer gemido, los movimientos cesaron sobre aquella zona para continuar por su abdomen y recorriendo con suavidad el camino que le llevaba hacia sus pechos. El suave roce se concentró de tal modo sobre sus senos bañados por el salitre marino, que sus pezones se irguieron endurecidos al máximo.


Ajena a las posibles miradas de otros y centrada en el placentero masaje al que estaba siendo sometida,  Lydia comenzó a moverse con disfrute.


Las caricias viraron hasta perderse poco a poco entre el ensortijado monte de Venus. Muy cerca, su clítoris esperaba algo de atención sobresaliendo bajo la piel que lo protegía...


Justo en ese preciso instante, la brisa marina se transformó en una húmeda y caliente lengua que iba lamiendo en todas las direcciones los jugos que brotaban del tierno y rosado sexo. Lydia no deseaba romper el vínculo que surgió entre aquella juguetona brisa marina y ella de manera que, abriendo un poquito más las piernas, permitió que ésta accediera con mayor facilidad a aquel lascivo rincón que atesoraba su pequeño botoncito de placer.


Imaginó que se trataba de una sugerente boca masculina y que sus labios besaban todo su sexo succionándolo con delicadeza, mientras la lengua continuaba horadando hacia el interior, sin premura pero sin detenerse ni un solo instante.


Los primeros espasmos del orgasmo comenzaron a aflorar por todo su cuerpo. Lydia se agarró con fuerza a la toalla y se abandonó a aquella boca que lamía, besaba y chupaba al ritmo que su pensamiento le marcaba.


Cuando por fin le asaltó el estallido de placer, se mordió los labios para que su intenso y prolongado gemido no hiciera sospechar al resto de bañistas lo que realmente había ocurrido con aquella juguetona brisa marina.



Esta, abandonó su cuerpo y regresó al mar, donde comenzó a jugar con las olas, sabiendo que muy pronto, Lydia volvería a bañarse y la brisa regresaría a secarla y retozar nuevamente con ella.

viernes, 21 de diciembre de 2012

CAPITULO 7


Mónica estaba tratando de reconocer a su hermana, reflejada en la cara de aquella mujer desconocida para ella en aquellos precisos instantes y que estaba siendo penetrada por su hijastro. Jorge, por su parte, sonría victorioso y le guiñó un ojo a Mónica.

—¿Qué os pasa a las dos? Yo me he excitado muchísimo al saber que Mónica nos estaba espiando. Es más, la erección no se me ha bajado a pesar de correrme solo de pensar en ese vestidito que lleva puesto —dijo Jorge mientras comenzaba otra vez con el movimiento de caderas.
—Para por favor… Jorge, para… —dijo Clara dudando de sus propias palabras.
—¿Por qué? Pero si estás disfrutando tanto como yo de esta situación.
—Lo siento, Mónica, esto no es lo parece —dijo Clara azorada
<<¿Pero qué coño está pasando aquí? ¿Por qué mi hermana y su hijastro están follando encima de la mesa como animales? ¿Por qué ella se deja hacer todo eso?>> —pensó Mónica. <<No tienen lazos de sangre, pero es su hijastro>>.
—Para Jorge, Mónica nos está mirando.
<<Mi hermana, siempre que ha hablado conmigo por teléfono me decía lo feliz que era al lado de Joan, ¿Por qué ahora se está tirando a Jorge?>>

Jorge seguía penetrando a Clara por detrás mientras esta seguía gimiendo incansable.

—Esto tiene que parar. Dejadlo ya. ¿Sabéis lo que estáis  haciendo? —dijo Mónica sentándose en el sillón al ver que sus piernas comenzaban a fallarle.
—No mires, Mónica, por favor no nos veas haciendo esto.
—Jorge te está forzando a hacerlo ¿verdad Clara?
—Vamos a enseñarle a tu hermanita si realmente te estoy forzando u obligando a hacer cosas que no quieres hacer.

Jorge cogió a Clara por debajo del trasero y la llevó abierta de par en par hasta el sillón, donde Mónica podía ver el sexo de su hermana empapado de fluidos.

—¿Crees que tu hermana Clara está pasándolo mal conmigo? ¿O que los gemidos que emite cada vez que la penetro son fingidos?

Jorge, a pesar de lo forzado de la postura, seguía penetrando a Clara y esta seguía disfrutando de ello.

—Mira Mami, estamos follando delante de las narices de tu hermana, ¿no es excitante? Se nota que papa no satisface todas tus necesidades —dijo Jorge bajando a Clara y colocándola a cuatro patas.
 —Eso no es cierto, Mónica, no le creas. Para, Jorge, para ya.
—Si es lo que quieres… —dijo Jorge extrayendo su pene del sexo de Clara, que lanzó un grito ahogado al notar que por fin, le había hecho caso.
—Por favor, Jorge, no sigas. No ves que mi hermana está sufriendo con esta situación —dijo Mónica encarándose con Jorge.
—¿Estás totalmente segura de que quieres que me detenga? —pregunto Jorge, muy cerca del oído derecho de Mónica.
—Sí.
—Entonces, tú ocuparas su lugar —dijo Jorge besando el estilizado cuello de Mónica que no movió ni un solo dedo para detenerlo. Ni tan siquiera cuando Jorge comenzó a toquetearle por encima del ajustado vestido e introdujo una mano por su escote, buscando el abultado pezón que se dibujaba ya debajo del tejido. —Me has pedido que parase con tu hermana, pero yo sigo todavía muy caliente, así que ahora, te toca mover ficha.
—No, Jorge, yo me ocuparé de ti, como hasta ahora. Deja a mi hermana tranquila —dijo Clara agarrando del hombro a Jorge.
—Está bien, lo haré. Es la única manera de que Jorge pare de acosarte, Clara —dijo Mónica resignada.
—No, Mónica, yo me encargo de Jorge, sé como satisfacerlo.
—No te preocupes, Clara, tú jugarás con esto —dijo Jorge entregándole el consolador que estaba escondido detrás de un mullido cojín.
—No Jorge, con mi hermana no.

Jorge le entregó el consolador a Clara que lo cogió desolada. Después, Jorge se dirigió a Mónica.

—Seguro que llevas con ganas de esto desde que tropezamos en el aeropuerto —dijo Jorge señalando su palpitante pene. —A pesar de tus grandes gafas de Gucci pude ver como te fijabas de vez en cuando en mi paquete mientras íbamos en el coche.
<<Es la única forma de ayudar a mi hermana>> —pensó Mónica.
—¿Empezamos ya? —preguntó Jorge sentándose al lado de Mónica y bajándole el vestido hasta la cintura. Sus pechos quedaron tiesos ante la lasciva mirada de Jorge y sus pezones agradecieron el contacto de su ardiente boca mientras los lamía y los chupaba.
<<Si lo mantengo satisfecho, no volverá a tocar a mi hermana>> —pensó Clara mientras su sexo volvía a humedecerse. <<Tengo que aguantar, no puede ver que estoy completamente excitada>>.

Pero un traicionero gemido, hizo que Jorge sonriese maliciosamente mientras acariciaba los pechos de Mónica.

—Creo que es el momento justo para que utilices esa boquita de piñón que tienes —dijo Jorge levantándose y colocando su pena cerca de la boca de Mónica.
<<Tengo que intentar fingir que me gusta lo que estoy haciendo, no puede verme de esta manera>> —pensaba Mónica mientras comenzaba a lamer el tieso pene de Jorge. —<<Es grande pero lo haré lo mejor que pueda>>.

Mónica después de lamerlo, comenzó poco a poco a introducirlo en su boca. Jorge, por su parte, disfrutaba doblemente, por el placer que le estaba proporcionando la hermana de Clara y por tener el control de aquella situación.

Pero el placer iba a ser más intenso de lo esperado, ya que Mónica, había realizado muchas veces trabajitos de esa índole a su marido y a pesar de su boquita, sabía como chupársela a un hombre.

La saliva, mezclada con los jugos de Jorge, descendía lentamente por las comisuras de sus labios y se estrellaba, contra sus duros y turgentes pechos. Jorge estaba ya a punto de correrse y a pesar de que la había avisado, ella siguió chupando y lamiendo su polla hasta que notó en su boca, el estallido del semen que Jorge le estaba entregando.

Ni aun así, dejó de lamer aquel falo que tanto la estaba fascinando.

—Has estado genial, Mónica. Menuda mamada me acabas de hacer. Ni siquiera Clara es capaz de dejarme tan satisfecho.

A Clara, esto le sentó, como si le hubiesen clavado un puñal.

—Pero ahora te toca disfrutar a ti. Abre un poquito esas piernas, por favor —dijo Jorge mientras metía la mano hasta llegar a la húmeda tanga de Mónica.

Está dio un pequeño respingo al notar el contacto sobre su sexo y comprobó que a pesar de la edad de Jorge, este sabía como utilizar sus dedos para dar placer a una mujer. Jorge, a pesar de la poca luz que había en el salón, podía ver como Mónica intentaba aguantar sin soltar otro gemido y eso, lo hacía disfrutar todavía más.

Recostó a Mónica sobre el sillón, se colocó a su lado, comenzó a tocarle los pechos con una mano y con la otra, seguía dedicándole caricias a su sexo.

—Creo que ya es hora de que pruebes mi lengua en tus partes más íntimas —dijo Jorge quitándole la tanga y levantando sus caderas hasta su cara. —Mmmmmmm, huele muy bien por aquí.

Solo el cálido aliento de Jorge sobre su sexo, hizo que Mónica comenzase a mover sus caderas, esperando impaciente, los lametones que Jorge iba a dedicarle a su jugoso coño.

—Tienes un culito muy hermoso, Mónica —dijo Jorge separando las nalgas y dejando a la vista el agujerito objeto de deseo.

Jorge comenzó a lamerlo y Mónica trató de impedir que los gemidos que pugnaban por salir de su garganta no se escuchasen por todo el salón. Pero cuando este comenzó a jugar con su clítoris, que lanzaba sensaciones muy placenteras al resto de su cuerpo, no pudo retrasar más lo inevitable y un sonoro gemido brotó de su garganta haciendo que Clara se diese la vuelta y viese a su hermana disfrutando de las caricias ejercidas por Jorge.

<<Solo estoy fingiendo… solo estoy fingiendo>> —se decía a sí misma Mónica, como si se tratase de un mantra que tuviese que repetirse para no abandonarse totalmente a las caricias de Jorge.
—¿Te gustaría tenerla dentro? —preguntó Jorge
—Pero Clara está ahí.
<<Mónica quiere hacerlo con Jorge, eso significa que no está fingiendo y que le está gustando todo esto>> —pensó Clara.
—No pasa nada, ya le he dado su juguetito, ahora ven aquí y ponte encima de mí —dijo Jorge tumbándose sobre su espalda.

Mónica tampoco se lo pensó dos veces, se puso a horcajadas sobre Jorge e intentó introducir el pene en su sexo. Pero Jorge no le dejó. Él quería jugar unos instantes más, cogió su polla y la restregó de arriba abajo, haciendo que Mónica impregnase completamente de su esencia, su pene. Los pezones de Mónica, se pusieron más duros si cabe y sus pechos, erguidos y henchidos, trataban de acercarse a la boca de Jorge sabiendo que serían recibidos muy gratamente.

Jorge, por su parte, rechazó el ofrecimiento y colocó su húmedo glande a las puertas del culo de Mónica. Está tenía un poco de reparo pues el pene de Jorge era algo grande para su puerta trasera. Pero su cuerpo le pedía guerra, y no rechazó el envite.

—¿Estás segura? No quiero forzarte a hacer nada que tú no quieras —dijo Jorge.

Mónica asintió con la cabeza y fue bajando su trasero que poco a poco fue empalado por la polla de Jorge.

—Joder, que estrechito está —dijo Jorge mientras se incorporaba lentamente para agarrar con la boca los pechos de Mónica.

Esta suspiró y agarró la cabeza de Jorge enterrándola entre su busto. Comenzó a subir y a bajar sobre el falo de Jorge y se sorprendió de lo bien que se había adaptado su culito al pene de Jorge.

El mantra que se había estado repitiendo, se había olvidado desde el momento que Jorge la había penetrado. Estaba disfrutando de aquel momento y no le importó que su hermana mayor, estuviese observando como cabalgaba a Jorge, que la estaba haciendo gozar tanto de aquella manera.

Jorge no olvidó del botón del placer y después de humedecer sus dedos en el sexo de Mónica, acarició dulcemente su clítoris, haciendo que esta, comenzase un frenético ritmo que la llevase hasta el orgasmo.

Clara, a escasos metros de distancia, no podía creerse lo que estaba viendo. Su propia hermana se estaba tirando a su querido hijastro y ella, impasible, permanecía quieta y callada.

Mónica seguía cabalgando a Jorge y sus pechos daban pequeños saltitos cerca de la cara del hijastro de Clara.

—Creo que esta no es la primera vez que haces esto ¿verdad? Lo sé por la forma en la que aprietas tu culito para que mi polla no se salga fuera. Aunque no tienes que esforzarte tanto, ten por seguro que no se saldrá.

Jorge comenzó a incrementar el ritmo de las sacudidas contra el trasero de Mónica cuando la escucho gemir más rápidamente al lado de su oído.

—Esto te está gustando mucho, seguro que desde detrás del cortinón te estabas acariciando mientras tu hermana y yo nos lo hacíamos sobre la mesa.
—Sí, me he tocado al veros follar y deseaba cambiarme por Clara. No quería que la presionases más.
—Pues lo has conseguido y por eso te estoy haciendo lo que habitualmente deseo hacerle a ella.

Jorge bajo el ritmo de embestidas y Mónica protestó por ello. Así que fue ella nuevamente el que aumentó el sube y baja sobre el pene de Jorge. Pero este la levantó y la colocó a cuatro patas haciendo que su sexo y su culo quedasen a escasos centímetros de su palpitante polla.

—Mónica, si quieres ser tratada igual que tu hermana, deberás pedírmelo.
—¿Pedírtelo? En mi vida he necesitado pedir nada por el estilo. Muchos hombres han caído rendidos a mis encantos sin necesidad ni tan siquiera de sugerírselo.
—Ya, pero si lo quieres, tendrás que hacerlo.

Mónica estaba desespera por tener nuevamente a Jorge dentro de ella. Su pene se paseaba entre su sexo y su culo y esto hacía que desease ser follada de una vez.

—Métemela ya, Jorge.
—Muy bien ¿y por donde quieres que entre?
—Por dónde has estado hasta ahora.
—Puerta trasera, entonces prepárate.

Jorge penetró a Mónica sin mucho miramiento. Esta hizo un pequeño gesto de dolor al notar todo el pene de Jorge dentro de su culo, pero el placer que sentía apaciguó rápidamente los molestos y escasos pinchazos lacerantes.

Jorge, desde aquella postura, podía observar con detenimiento, como su pene entraba y salía por completo del culo de Mónica y como esta lo recibía con gemidos placenteros cada vez que lo introducía totalmente dentro de ella.

—Vamos Jorge, haz que me corra de gusto.
—Será un placer hacerlo, tita.

Jorge comenzó un lento vaivén de sus caderas y fue aumentando el ritmo hasta que Mónica no pudo más y se corrió en un largo y placentero orgasmo. Por su parte, él, justo en el momento que se iba a correr, saco su pene del culo de Mónica y lanzó el blanquecino líquido, que salpicó la espalda de su tía.

—Jorge, necesito que me hagas a mí lo mismo —dijo Clara acercándose a la pareja completamente desnuda.
—Mami, ahora estoy contigo.
—No, Clara, ni se te ocurra acercarte a Jorge. No me he sacrificado yo haciendo todo esto para nada.
<<Sé que mi hermana tiene razón, pero también sé, que al igual que yo, Mónica ha caído bajo las lujuriosas redes de Jorge>> —pensó Clara.

jueves, 20 de diciembre de 2012

AVISO MUY IMPORTANTE


Buenos días. Como ya sabréis, mañana se acaba el mundo… otra vez y van ya no sé cuantas. Por si los mayas se equivocan, yo colgaré un capítulo más de la historia de Clara y Jorge, que ahora se ha puesto muy interesante con la llegada de hermana de la madrastra. Y más que se va a poner ;).

También me gustaría felicitaros las fiestas y agradeceros el interés mostrado en este humilde blog, el cual, ha recibido ya muchas visitas. Es más, nunca habría pensado tener tantos “pinchazos” al blog, ya que la temática que en él se trata, es algo fuertecilla. De verdad, muchas gracias. Lo que si, y perdonad si soy un pesado, no dudéis ni por un instante en comentar los capítulos o los relatos que cuelgo o que colgaré próximamente. Para mí sería un placer contestarlos todos, eso si, no lo hagáis todas y todos a la vez para no “petar” el blog.

Voy a intentar dejar programado esto para que el lunes o el martes, se cuelgue un capítulo automáticamente. Pero sabiendo de mi torpeza, si no aparece nada en esos dos días, el miércoles, seguro que pondré algo nuevo.

Espero también, que lo paséis muy bien estas fiestas, pero os advierto de una cosilla: pienso tomar lista de toda la gente que accede al blog porque no quiero que falte nadie a la vuelta de este puente de Navidad. No acepto excusa alguna así que, tener mucho cuidado ahí fuera y disfrutad con moderación. Eso sí, si podéis, sexo a tope.

Una última cosa, hoy me pondré con un libro que seguro que muchas y muchos habréis leído ya: Afrodita de Isabel Allende. ¿Algún comentario sobre él?

Un abrazo.

P.D. Esto es lo que pasa por pasarse con el alcohol...






miércoles, 19 de diciembre de 2012

CAPITULO 6


Una semana después, Jorge y Joan, estaban de viaje en Madrid, supervisando personalmente la nueva oficina que muy pronto iban a poder abrir allí. Clara, por su parte, se aburría enormemente cuando recibió una llamada de su hermana Mónica. Después de estar viajando por el mundo en compañía de su rico y tedioso marido, había decidido divorciarse y comprar una casita a unos pocos kilómetros de donde vivía su hermana. Fue la mejor noticia que había recibido aquella semana, era su hermana pequeña, y la quería mucho.


—¿Cuándo llegarás?
—Estoy en el aeropuerto, acabo de recoger las maletas y voy a buscar un taxi para ir a verte.
—¿Estás ya en Barcelona? ¿Por qué no me has llamado antes? Iría a buscarte.
—Entonces ya no sería una sorpresa. Tengo tantas cosas que contarte… ¡eh, cuidado!
—Lo siento mucho, ¿está usted bien?
—¿Qué ha pasado Mónica?
—Un chico guapo y con buena planta, acaba de tropezar conmigo y casi me tira al suelo. Menos mal que me ha agarrado y… —dijo Mónica susurrándole al móvil.
—Me gustaría compensarla por mi torpeza.
—¿Mónica? —preguntó Clara al otro lado del teléfono.
—Un momento hermanita, creo que acabo de ligar.
—¿Puedo acercarla hasta el centro o a donde usted quiera?
—Como sigas tratándome de usted me va a dar algo.
—Lo siento, nuevamente.
—Por favor, para de disculparte… podrías acercarme hasta… espera un momentín, Clara, ¿sigues ahí?
—Sigo aquí.
—¿Dónde vives?

Clara le dio la dirección a Mónica y esta se la comunicó al joven.

—Si conozco la zona y la villa a la que va. No hay problema, la llevaré hasta allí.
—Clara, cariño, ya tengo quien me acerque. Nos vemos. Besitos
—Pero Mónica… ¿Mónica, sigues ahí? ¿Mónica?

Clara dejó el teléfono sobre el sofá y después de avisar a Noelia de que iba a llegar su hermana, se fue a prepararse a su habitación. Quería quitarse de encima aquella cara tristona y aburrida y recibir a su hermana como se merecía.

Se dio un buen baño de espuma y cuando se estaba acabando de maquillar, escuchó a Noelia que subía a todo correr por las escaleras.

—Clara, su hermana ya está aquí.
—¿Qué?, ¿pero cómo?
—Y trae una sorpresa con ella —dijo Noelia dándose la vuelta con una picarona sonrisa en la cara.
—¿Una sorpresa?, no por favor, esta chica es capaz de haberse traído al “taxista” hasta dentro de casa.

Clara bajó las escaleras casi de dos en dos y lo primero que vio fue a su hermana parloteando animadamente con Noelia. Esta, al ver llegar a Clara, le guiño un ojo y desapareció en la cocina.

—Hermanita, te veo divina —dijo Mónica dándole un generoso achuchón a su hermana.
—Pues yo te veo más, como te diría yo…
—Potente. Me he operado las tetas. Recuerdas mi talla 85, pues ahora son una talla 110, una más que tú, si no recuerdo mal. A mi ex le gustaban grandes, me pago la operación y mira. Puedes tocarlas, son muy reales.
—Me fío de ti.
—Por cierto, he invitado a pasar al chico que me ha traído hasta aquí, ha sido muy amable por su parte y era lo mínimo que podía hacer. Aunque realmente, se me han pasado muchas cosas por la cabeza mientras veníamos en coche de cómo agradecérselo.

—¡Mónica!.

—¿Qué pasa? Estoy divorciada, soy rica y joven, y con muchas ganas de juerga.

—Está bien, si quieres, te alojarás aquí. Joan, mi marido y Jorge, mi hijastro, están en Madrid. Así, podría ser una noche solo para chicas.

—¿Jorge? Mira tú por donde, el chico que me ha traído se llama igual.

—Hola, Mami, ya estoy en casa.

—¡Jorge! —dijo Clara sorprendida.

—¿Mami? ¿Os conocéis? —preguntó Mónica con cara divertida.

—Si, el chico tan amable que te ha traído en coche es Jorge, mi hijastro.

—Mmmmmm, que coincidencia… no me habías dicho que estaba tan… apetecible.

—¿Pero qué haces tú aquí? —preguntó Clara.

—Hemos acabado en Madrid y me he venido en el primer vuelo que salía para Barcelona. Papa se va a quedar un par de días más, en casa de unos amigos. Y como me dijo que viniese a cuidarte, aquí me tienes.

—Clara, tienes un hijastro que no te lo mereces. Si fuese yo, ya lo estaría achuchando por ser tan cumplidor.

—Si no lo hace ella, ¿podrías hacerlo tú? No me vendría mal un abrazo de mí “tiastra” – —dijo Jorge con una arrebatadora sonrisa.

A Mónica no hacía falta provocarla más, se lanzó a los brazos de Jorge y lo estrujó haciendo que sintiera todo el poderío de sus pechos.

Clara se había quedado inmóvil, sin saber muy bien que hacer.  Fue Jorge el que dio el siguiente paso.

—Mónica, si no te importa, llevaré tus maletas a la habitación de Clara. Eres su invitada y supongo que querréis dormir juntas. Mañana, si quieres, iremos los tres a ver esa bonita casa que te quieres comprar.
—Me parece un buen plan. Necesito una ducha y cambiarme de ropa.
—Entonces no se hable más. Te subo esto y así podrás ponerte más cómoda.

Jorge desapareció escaleras arriba, mientras Mónica se fijaba en el trasero del chico de las maletas.

—Pero tú has visto ese culo que tiene. Mmmmmm, como me gustaría darles unos mordisquitos.
—Mónica, por favor.
—Clara, no seas aguafiestas. A lo mejor, a ti no te van los chicos jóvenes, pero a mi cuerpo, no le vendría mal un buen meneo con tu hijastro.

Clara bufó y se llevó a su hermana a su habitación. De allí salía Jorge que sonrió amablemente a las dos hermanas despidiéndose hasta la hora de la cena.

Aquella noche, las risas resonaron en el salón, donde Jorge ayudaba a Noelia a poner y sacar platos mientras que Clara los seguía con la vista. En la cocina, cuchicheaban y volvían riéndose haciendo que a Clara, la situación, no le gustase demasiado.

—Madre mía, Noelia. Estaba todo divino. Y el tiramisú es puro vicio —dijo Mónica.
—Muchas gracias.
—Hacía tiempo que no cenaba tan bien y en tan buena compañía.
—Todo vale para que las mujeres de esta casa, estén contentas —dijo Jorge besando las manos de Clara y Mónica.
—Que adulador por tu parte, Jorge —dijo Mónica mirándole de forma gatuna.
—Mónica, me comentabas antes que estabas algo cansada del viaje. ¿No quieres irte ya para cama?
—¿Y dejaros a solas?
—No te preocupes por eso, Mónica. Voy a ayudar a Noelia a recoger la mesa y me iré pronto para cama. Yo también estoy bastante cansado —dijo Jorge fingiendo cansancio.
—Yo os ayudaré, así acabaremos antes —dijo Clara muy resuelta.
—Entonces acompañaré a Mónica y nos vemos en un par de minutos.
—¿Es necesario que la acompañes? Creo que sabe el camino hasta la habitación —dijo Clara algo mosca.
—Es mi deber como anfitrión, hacerlo de esa manera. Mónica, permítame cogerle su mano y acompañarla a sus aposentos.

Mónica sonrió divertida y dejó que Jorge la sacase del salón como si se fuesen a bailar un vals. A Clara no le importaría que Jorge acompañase a su hermana si no fuese por el pequeño detalle de que su hermana, se había puesto una minifalda tipo cinturón y un escote que no dejaba mucho para la imaginación.

—Clara, no se preocupe. No creo que Jorge esté interesado en su hermana. Creo que está tratando de darle celos —dijo Noelia, propinándole un pequeño codazo.
<<Pues lo está consiguiendo>> —pensó Clara

Diez minutos después, Jorge se presentaba muy serio delante de Noelia y de su madrastra que miraba impaciente el reloj.

—Vaya, que dos minutos más largos. Noelia y yo, casi hemos acabado.
—Lo siento, Mónica quería que la desnudase y la arropase.
—¿Qué has dicho? —preguntó Clara con una mirada asesina.
—Tranquilízate, es una broma. Tienes que relajarte un poco y yo sé como hacerlo. Noelia, no es necesario que sigas. Lo poco que queda, podremos terminarlo Clara y yo.
—¿Seguro?
—Si, vete, es tarde.
—Muy bien, Jorge. Si no me necesitáis, me iré.

Mientras Clara acababa de recoger, Jorge lavaba los platos y los metía en el lavavajillas. Cuando tuvieron todo colocado, Jorge se acercó a Clara y la besó apasionadamente.

—¿Pero qué haces?
—Llevo mucho tiempo sin hacer esto y me apetecía hacerlo.
—Pues a mí, hoy, no me apetece besarte.
—¿Por qué?
—Pues porque no me apetece.
—¿Es por tu hermana Mónica? Solo he tratado de que se sintiese lo mejor posible entre nosotros.
—Lo sé Jorge, pero tu manera de tratarla…
—No me digas que estás celosa.
—No, para nada.
—Mejor, porque no tienes porque estarlo, Mami.

Jorge volvió a besarla y esta vez, Clara respondió al beso. Jorge la cogió de la mano y la llevó al salón. Este estaba casi a oscuras, si no fuera por la luz de la luna que entraba por los grandes ventanales.
Allí Jorge, abrazó a Clara por detrás y le hizo entender que tenía ganas de ella allí mismo. Restregó su inflado pene contra el trasero de Clara y el sexo de esta, comenzó a mandar señales de placer al resto del cuerpo.

—¿Quieres que subamos a tu habitación? —preguntó Clara.
—No, me gustaría hacerlo aquí mismo.

Jorge levantó el vestido de Clara y comenzó a tocarla directamente por encima de sus braguitas. Estaba ansioso, con ganas de arrancarle toda la ropa a Clara y esta, advirtiendo esa sensación, se aflojó el cinturón que llevaba, se quitó el vestido y lo lanzó hacia el sillón.

Jorge trató de quitarle el sujetador a Clara pero se dio cuenta de que era de los que se abrían y cerraban por delante. Utilizó las dos manos para hacerlo y Clara protestó pues se había quedado sin aquella mano que le estaba acariciando su sexo.

Sus pechos quedaron al descubierto y sus pezones, henchidos, apuntaban hacia la piscina que brillaba bajo la luz de luna.
Jorge tocaba los pechos de Clara arrancando gemidos de placer de su madrastra mientras su pene, intentaba taladrar sus vaqueros e internarse en las profundidades del trasero de Clara.

Clara, sin darse la vuelta, desabotono los pantalones de Jorge y extrajo el palpitante falo que masajeó de arriba abajo, haciendo que unas perlas de líquido lubricante apareciesen en la punta.

—Súbete a la mesa y prepárate.

Clara se sacó las húmedas braguitas y obedeció sin rechistar. Se subió a la mesa y dejó que su trasero reposase sobre las potentes manos de Jorge. Este, agarró su miembro y lo depositó muy cerca del sexo de Clara.

—Jorge, ¿a qué estás esperando?
—Dime que lo necesitas.
—Necesito que entres dentro de mí.

Jorge cogió su pene y lo introdujo sin miramiento en el sexo de Clara. Esta gimió de placer al notar como aquel miembro horadaba su cavidad.

—¿Alguna vez has tenido sexo de esta manera con papa?
—No, nunca. Tu padre siempre me ha tratado exquisitamente.
—¿Nunca te la ha metido por detrás? ¿Solo la postura del misionero y ya está? Joder, no sabe lo que se pierde.
—Jorge, por favor, no hablemos ahora de tu padre.
—Es que me parece increíble, con las vistas que se pueden ver desde aquí.
—Jorge…
—Lo siento —dijo Jorge introduciendo todavía más su pene dentro del sexo de Clara. —Hasta el fondo, Mami.

Jorge comenzó a forzar todavía más la penetración hasta que su pene se perdió por entero dentro del coño de Clara. Esta, gemía calladamente a cada embestida de su hijastro.

—¡Oh, no!, creo que me voy a correr ya. Son demasiados días si tan siquiera una triste paja en un hotel y no creo que aguante mucho más.
—No me importa, hazlo ya, pero fuera.
—No me va a dar tiempo —dijo Jorge echándose sobre Clara y soltando todos sus fluidos acumulados durante toda aquella semana. —Lo siento, como has podido notar, me he corrido dentro.

A Clara no le importó mucho, ya que estaba protegida, lo que si le importó, fue la silueta que permanecía semi oculta detrás de uno de los grandes cortinones del salón. Pudo reconocer a su hermana que se tapaba la boca y la miraba con cara aterrorizada por lo que acababa de presenciar.

Mónica los había visto follar sobre la mesa del salón, y a Clara a pesar de quedarse de piedra en un primer momento, comenzaba a no importarle. Cada vez se daba más cuenta de que no podía estar sin tener sexo con su hijastro.

—Mónica… - balbuceó Clara.