jueves, 13 de diciembre de 2012

CAPITULO 3


—Clara —dijo Jorge acercándose vacilante.
—No, por favor, no te acerques —dijo Clara intentando taparse con algo, pero su desnudez era total. —No me veas así  —dijo totalmente avergonzada.
—¿Con quién estabas hablando? —dijo Jorge viendo el teléfono muy cerca de la mano de Clara. Necesitas hablar con alguien para hacer… eso.
—¿Y qué hay de ti, Jorge? Que te masturbas con mi ropa interior —dijo Clara intentando defenderse.

Jorge se quedó pálido al escuchar las palabras de Clara. Intento decir algo, pero las palabras no le salían.
Clara se había dado cuenta de que lo había herido profundamente y se sintió mal por haberlo hecho.

—Yo solo… entonces… ¿tú lo sabías? — dijo Jorge acercándose lentamente. —Clara… podíamos…
—No, Jorge, no podemos, tú eres mi hijastro y esto no está bien. No puedo engañar a tu padre.
—Entonces ¿me quieres decir que lo que has hecho no es engañarlo? El que estaba al otro lado del teléfono es un hombre, ¿verdad? Te pone cachonda que te hablen lascivamente por teléfono. Como se entere papa.
—No Jorge, por favor, no le puedes decir nada de esto – dijo Clara muy asustada.
—Está bien, no le diré nada —dijo Jorge poniendo sus manos en el trasero de Clara.

Esta dio un respingo e intentó zafarse de él pero Jorge se acercó a su oído y le dijo:

—Abre tus piernas y enséñame tu cuerpo. Será nuestro secreto.

Clara, en un principio, no cedió a la invitación de Jorge, pero poco después y sin saber muy bien como, estaba completamente abierta a la vista de Jorge.

<<Dios, me está mirando, Jorge me está mirando con el consolador todavía funcionando dentro de mí. Va a pensar que soy una pervertida>> —pensó Clara, roja como un tomate.

Su cuerpo comenzó a vibrar ante la mirada lujuriosa de Jorge, estaba excitándose al ser poco menos que violada visualmente por su hijastro. Jorge se acercó y cogió el consolador que estaba todavía encendido dentro de Clara.

Comenzó a follarla con el juguetito y Clara empezó a mover frenéticamente las caderas, hasta que Jorge, sacó de repente el consolador del húmedo sexo de Clara y está después de un - No lo hagas- , se corrió muy cerca de la cara de su hijastro.

—Vaya, sí que estás mojada. Tu sexo huele muy bien y tu aroma impregna toda la habitación —dijo Jorge acercándose a menos de cinco centímetros del sexo de Clara.
—Jorge, no te atrevas, por favor.
—Tu culo está completamente mojado por los jugos de tu sexo, me encanta tu trasero, se ve muy apetitoso. Me gustaría verte desde atrás. ¿Por qué no te das la vuelta y subes un poco el trasero?
—Jorge…

Clara hizo lo que le había pedido Jorge, se dio la vuelta, bajó su cuerpo y expuso su sexo y su culo a las miradas libidinosas de Jorge.

—Abre un poco las piernas, para verlo mejor.
—Por favor, Jorge, esto ya es demasiado vergonzoso para mí.

Pero fue el único reparo que hizo Clara, abrió sus piernas y puso su culo en pompa.

—¿Así te gusta?
—Clara —dijo Jorge acercándose y lamiendo el húmedo sexo de Clara mientras introducía uno de sus dedos por el pequeño orificio prohibido.

Clara lanzó un largo gemido al aire al notar la ardiente lengua que lamía una y otra vez todos sus jugos, pero lo que más le excitaba de todo, era el dedo de Jorge intentando entrar en su culo.

Sus pechos colgaban y se movían chocándose gracias al continuado movimiento de sus caderas, mientras Jorge la penetraba indiscriminadamente con su dedo, haciendo que sus gemidos fuesen más continuos.

—No puedo estar parada —le dijo Clara a Jorge mientras se ponía a horcajadas sobre él y le ponía una mano sobre el cuello.
—¿Te sientes bien?
—Sí, estoy muy bien —dijo entre gemidos
—Verte así, me ha puesto muy caliente —dijo Jorge desabotonándose sus vaqueros y extrayendo su pene de su apretado slip.

Jorge cogió la mano de Clara y la dirigió hacia su pene, pero esta rehusó y le dijo que eso no podía ser.

—No pasa nada, ponte encima de mí y agárralo.
<<Joder, el pene de Jorge está caliente y se ve tan apetecible. Estoy ardiendo por dentro y tengo ganas de… no, no puedo pensar en eso>>
—Mueve tus caderas y frota sexo contra el mío… Mami.

Clara obedeció de nuevo. Su sexo iba arriba y abajo por el pene de Jorge, lubricándolo con sus jugos.

—Mira Clara, esto es todo un espectáculo.

Clara echó hacia atrás su melena negra para poder ver mejor lo que estaba haciendo. El pene palpitante de Jorge, enviaba pequeños impulsos hacia su sexo, que deseaba ser penetrado por aquel falo tan sugerente.

Jorge intentó coger los pechos de Clara entre sus manos, pero eran demasiado grandes, por eso utilizó su boca para besarlos mientras sus manos los masajeaban y apretaban con delicadeza.

A Clara, esta situación la estaba volviendo loca, comenzó a subir y bajar más rápido por el pene de Jorge que estaba completamente empapado de ambos jugos, los suyos y los de Clara. Jorge, soltó un pecho de Clara y acarició sus nalgas buscando el orificio de su culo. Allí introdujo un dedo que hizo gritar a Clara de placer.

—Jorge, en mi culo no.
—Solo es un dedo, verás cuando sean dos —y diciendo esto, introdujo un segundo dedo por la estrecha abertura, que a  pesar de todo, dilató fácilmente.
—Para Jorge, no tan profundo… —pero Clara quería más y no paró de moverse.
—Joder Mami, vas a hacer que me corra.

Clara se echó hacia atrás para sentir más los dedos de Jorge dentro de su culo, en el momento que este, se corría haciendo que Clara quedase manchada de semen por su cuerpo.


El resto de la semana fue un querer y no poder por parte de Jorge. Necesitaba volver a estar con Clara, pero ella, siempre se negaba.

El domingo, por la mañana, Jorge y Clara fueron a recoger a Joan al aeropuerto. No se dirigieron la palabra. El camino de regreso a casa, Jorge ponía al día a su padre de todo lo acontecido en el trabajo y en casa, bueno, de casi todo lo acontecido.

—Espero que no hallas incomodado a Clara.
—Que va, papa, me he portado como un buen hijo.
—¿Es eso cierto, Clara?
—Sí, Jorge se ha portado bien, me ha cuidado mucho en tu ausencia.
—Bien, así me gusta, que os llevéis bien.

Clara pensó, que al estar Joan en casa, el chantaje de Jorge pararía. Al día siguiente, Joan estaba desayunando con Clara en la cocina. Noelia, que estaba recuperada del todo de su gripe, les había preparado una ricas magdalenas para desayunar.

—Estas magdalenas están para chuparse los dedos – dijo Clara.
—Me reafirmo en lo dicho por mi esposa, ahora solo hace falta que el gandul de mi hijo se digne a despertarse y baje a probarlas.
—Gracias —dijo Noelia sonriendo. —Las he hecho con mucho gusto. ¿Señor, quiere que vaya yo a despertar a Jorge?
—Gracias, pero ese no es tu cometido en esta casa. Si no fuera que ya tengo al chofer esperando en la entrada, yo mismo lo sacaría de la cama a rastras. Clara, por favor, puedes ir a despertarlo y decirle que se vista y se venga para la oficina lo antes posible. Quiero que revise unas compras que vamos a realizar las próximas semanas y lo necesito despejado.
—No te preocupes, cariño. Ahora mismo subo.
—No tengas compasión de él, si lo necesitas, que Noelia te suba un caldero de agua bien fría.

Joan, antes de subir al coche, despidió a su mujer con un beso en la mejilla. Clara respiró profundamente antes de subir las escaleras que le llevarían al piso de arriba. La noche anterior, mientras cenaban los tres en la cocina, Jorge actuaba como si nada hubiese pasado, pero ¿por qué ella se sentía un poco ignorada por él? No le había hecho ni un solo gesto de complicidad y así es como debía ser, entonces, ¿por qué se sentía así?

Toco con los nudillos en la puerta de la habitación de Jorge y al no escuchar nada, decidió entrar con sigilo.


—Jorge, ¿estas despierto? Voy a entrar —dijo mientras abría la puerta.
—Hola, Mami, llevo esperándote un buen rato. Creía que papa nunca se iba a marchar —dijo Jorge mientras se desprendía de la parte de debajo de su pijama y dejaba a la vista su pene que comenzaba a crecer lentamente.
—Por favor, Jorge, tienes que olvidar lo que ocurrió. Te lo he dicho ya muchas veces, olvídalo. No podemos continuar — dijo Clara un poco angustiada.
—La cara que tenías ayer mientras cenábamos me decían lo contrario, ¿o me equivoco?
—Déjalo estar.
—Sabes que no puedo, no puedo olvidar tu cuerpo, ni tu olor —dijo Jorge mientras se levantaba y se acercaba para besar el cuello de Clara que se estremeció al contacto de los labios de Jorge sobre su piel. —Démonos prisa, tengo que ir a trabajar, pero antes quiero probar esas deliciosas magdalenas de nuestra querida Noelia.
—¿Qué quieres hacer?
—¿Qué te parece si empleas tu boca aquí abajo? —dijo Jorge señalando su abultado pene. —Desde el otro día, he pensado mucho en ello y me gustaría que me cumplieses el deseo.
—Jorge yo…
—Lo necesito Mami.

Clara no podía resistirse al magnetismo que Jorge irradiaba de su cuerpo, la estaba provocando y ella no quería oponerse más.

—Pero Noelia está abajo, podría subir y vernos.
—No te preocupes, no subirá.
—Entonces tienes que darte prisa.
—Eso ya depende ti, Mami.

Clara no podía apartar la vista de los ojos de Jorge que la miraban con lujuria contenida. Bajó la mirada un momento para encontrarse con su pene, que palpitaba con ansia de ser besado por su boca.

Se puso de rodillas y lo besó, después lo lamió con si se tratase de un helado y después lo introdujo en su boca, haciendo que Jorge gimiese de puro placer. Este estaba extasiado ante las maravillosas caricias que Clara le estaba dedicando a su sexo. Fueron tan placenteras que al rato, Jorge, terminó por correrse en su boca.

Pero Clara no podía parar, lamió el pene de arriba abajo, limpiando cualquier resto de jugo que hubiese desprendido Jorge.

—Lo haces muy bien Clara. Pero ahora debo ducharme y vestirme. Papa me espera en la oficina.

Clara bajó de nuevo a la cocina, pero antes pasó por su cuarto para borrar cualquier signo en su rostro, de lo que había pasado con Jorge.

—¿Va a hacer falta el caldero con el agua? —preguntó Noelia.
—No, Jorge ya se ha despertado. Está duchándose en estos momentos.
—Muy bien, le preparé un buen zumo de naranja con un par de mis magdalenas. Con eso será suficiente para que desayune rápido y que no le venga la debilidad hasta media mañana.

Pero Clara ya no escuchaba a Noelia. Pensaba en lo que acababa de ocurrir en el cuarto de Jorge y lo que tenía que hacer si nuevamente se presentaba la ocasión. Negarse rotundamente ante su hijastro.

Aquella misma noche, Joan se había ido de cena con unos antiguos compañeros de facultad y Jorge había llegado temprano de la oficina. Noelia le pidió si podía acercarla hasta Barcelona y este aceptó encantado.

—Me encanta que me vean pasear por las ramblas en el deportivo con una chica tan guapa —dijo Jorge sabiendo de antemano que Clara lo escucharía en el salón.

Noelia era una mujer atractiva cuando se quitaba el mandilón de doncella y se cambiaba de ropa poniéndose sus vaqueros desgastados y su camiseta ajustada. Tenía treinta años y gracias al gimnasio y que de vez cuando se daba unos largos chapuzones en la piscina de la villa, se mantenía en muy buena forma.

Salieron en dirección al coche mientras, Clara, desde una de las ventanas, los observaba curiosamente.

—Un momento, esos pantalones son nuevos ¿verdad? —le preguntó Jorge a Noelia.
—Pues sí, me los he comprado en una tienda que acaba de abrir una de mis amigas. Me lo ha dejado a muy buen precio.
—Pues te quedan muy bien, te hacen un culo espectacular.
—Gracias Jorge, tu sí que sabes adular a una dama.

Y los dos rieron a carcajadas mientras se subían al deportivo y salían a gran velocidad en dirección a la ciudad. Clara había visto la escenita del pantalón por la ventana y se había quedado con un resquemor en el cuerpo. ¿Celos? Eso era imposible… o quizá no.

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