viernes, 14 de diciembre de 2012

CAPITULO 4


Aquella noche, tanto Joan como Jorge regresaron tarde, pero a Clara, lo que más le había preocupado, había sido la tardanza de su hijastro. Solo había acercado a Noelia a la ciudad le dijo a la noche siguiente cuando le preguntó a Jorge por su demora.

—¿Qué te pasa Clara? No me digas que estás celosa por lo de Noelia.
—Pero que te has creído. Yo estoy casada con tu padre. Además, yo no tengo celos de nadie —dijo Clara algo molesta por el comentario de Jorge.
—Pues a mí me parece que algo si lo estás, sobre todo por ese tonito de voz que acabas de poner.
—Vete a la mierda Jorge.
—Clara, esa boca —dijo Jorge mientras le daba una palmadita en el trasero.

A Clara, ese gesto le pareció de mal gusto. Pero quien se creía ese niñato que era.
Una llamada de teléfono hizo que Clara se sobresaltara. Corrió para coger el teléfono antes de que lo hiciese Jorge que andaba todavía cerca de allí.

—¿Sí?
—Buenos noches, quisiera hablar con el señor Prat.
—De parte de quien.
—Soy Sofía, de su oficina.
—Hola Sofía, no te había reconocido. Un momento por favor. Jorge, puedes avisar a tu padre, Sofía le llama por teléfono.
—Muy bien —dijo Jorge mientras iba a buscar a su padre que estaba en el salón.
—Sí, lo cogeré en la cocina —dijo Joan acercándose a grandes trancos.

Joan cogió el teléfono que le tendió Clara mientras esta se puso a fregar unos platos, ya que Noelia, ya se había marchado ya.
Jorge se situó a su espalda y restregó su endurecido miembro contra el culo de Clara. Esta se sobresaltó y casi le cae el plato que estaba lavando.

—¿Pero qué coño haces, Jorge? Tu padre está ahí al lado y nos puede ver —dijo Clara susurrándole.
—Solo me divierto un poco —le contestó mientras bajaba y le levanta la falda. El trasero de Clara quedó a escasos centímetros del rostro de Jorge, que lo hundió entre sus nalgas.

Joan se giró y vio que su esposa estaba algo azorada y se acercó a ella, mientras seguía hablando por teléfono. Jorge por su parte, apartó el hilo del tanga de Clara y comenzó a lamer el pequeño orificio.

—Te pasa algo, cariño. Te veo algo acalorada —dijo tapando con la mano el auricular.
—Estoy bien, no te preocupes, solo ha sido un golpe de calor.
—¿Has visto a Jorge? Mañana temprano, tiene que llevarme a la oficina.
—No… si… creo que ya se ha ido para su habitación —tartamudeó Clara mientras Jorge introducía un dedo en su húmedo sexo.
—Dile que lo voy a necesitar mañana. Y despiértame temprano —dijo Joan mientras se alejaba de la cocina. —Otra cosa más, refréscate un poquito. Aun eres joven para comenzar a sufrir los acaloramientos de la menopausia.

A Joan le fue imposible ver la escena que había al otro lado del fregadero ya que le separaba de Clara, una barra de tipo americana, que le impidió ver, en donde estaba metido su hijo.

Clara agarró de los pelos a Jorge que salió de debajo de su falda, con una sonrisa picarona en su boca.

—Estás completamente loco.
—No, solo un poquito.
—Tu padre ha podido vernos.
—Pero no lo ha hecho. Ahora me voy a mi cuarto, pero cuando papa se duerma, quiero que te vengas conmigo.
—No, ni lo sueñes.
—Ven, te estaré esperando despierto —dijo con aquella susurrante voz al oído de Clara.
—Está bien, pero lo hago para que me dejes tranquila.

Jorge desapareció por la puerta de la cocina y Clara, todavía se preguntaba como hacia aquel chico para convencerla de esa manera.

Cuando Joan se quedó profundamente dormido, Clara salió de su cuarto en dirección al de Jorge. Llevaba puesto un picardías negro transparente que se lo había puesto para Joan… o eso pensaba ella.

Entró en la habitación de Jorge y se acercó a su cama. Este se levantó, se acercó a ella, apartó la melena negra que descansaba sobre los hombros de Clara y aspiró todo su aroma, acercándose a su cuello. Solo ese gesto hizo que Clara se pusiese en tensión.

Después, Jorge bajó las asas del picardías de Clara y sus pechos quedaron erguidos ante la mirada de su hijastro.

—Eres muy guapa, Mami. Ven a la cama.

Jorge se recostó sobre la cama y Clara se puso encima de él. Solo llevaba encima una braguita negra de Chantelle que realzaba sus bonitas nalgas y que comenzaba a humedecerse por los flujos que rezumaba su sexo.

Jorge comenzó a jugar con sus pechos, tocándolos, acariciándolos, besándolos y succionando sus abultados pezones.


—¿Te gusta lo que te hago?
—No, no me gusta.
—Entonces date la vuelta y enséñame tu culo.

Clara obedeció sin rechistar.
Jorge apartó la braguita y se encontró con el sexo de Clara, que estaba ya, muy mojado. Lo acarició con las yemas de sus dedos y esta se estremeció de placer. Luego, Jorge, levantó un poco la cabeza y comenzó a lamer los jugos que desprendía el sexo de su madrastra.

Clara sentía la cálida lengua de Jorge, lamiendo y chupando dulcemente todo su sexo, su cabeza le decía que aquello era una locura, pero su cuerpo necesitaba a gritos, aquel tipo de locura.

—Estás empapada, Mami, ahora quiero metértela.
—No, Jorge, eso no puede ser. Haré algo que te gusta —dijo Clara cogiendo el pene de Jorge e introduciéndoselo en su boca.

Estaban haciendo un 69 y el intercambio de fluidos fue total.

—Puedo hacerte sentir mejor —dijo Jorge extrayendo el juguetito de Clara, de uno de sus cajones de la mesilla. Introdujo el consolador en sexo de Clara y lo encendió. Clara dio un ahogado gemido y chupó con más pasión el erguido pene de Jorge.

—No tan fuerte, Jorge.
—Mami, es esto o yo. Tú eliges.

Con un movimiento, le dio la vuelta a Clara y la puso bocarriba. Puso su pene entre las piernas de Clara y fingió penetrarla. Su polla iba y venía, impregnando de flujos el monte de Venus de su madrastra. Con un dedo, subió la intensidad del consolador y Clara volvió a gemir, esta vez, ni siquiera intentó de que no se escuchara.

—Jorge, más despacio.
—Lo siento, pero voy a correrme —y diciendo esto, un chorro de semen salio de su polla, haciéndolo llegar, hasta los pechos de Clara.
—Mami, estás tan buena que hiciste que me corriese demasiado rápido. ¿Vamos con otra ronda?
—No.

Pero al rato, Clara estaba chupando los restos de semen que había sobre el pene de Jorge.

Pasaron unos días y Jorge dejó de acosarla, parecía tranquilo. Bromeaba con ella, se metía con su padre por tenerla tan abandonada y la llevó un par de veces de compras hasta la ciudad sin tan siquiera, intentar rozarla.

Una mañana, sonó el teléfono. Clara que estaba leyendo una revista, escuchó que Noelia se acercaba a la carrera desde la piscina para cogerlo.

—Noelia, estoy yo aquí. No te preocupes, yo contesto.
—Gracias, Clara.
—¿Alo?
—Buenos días, señora. Apuesto a que me ha echado de menos todo este tiempo. Pues aquí estoy para hacer que se corra nuevamente.
—Por favor, no me llame más. Quiero terminar con esto.
—Ah, ¿entonces le gusta más el sexo real que tiene ahora que nuestro sexo telefónico?
—¿Pero que está diciendo?
—No finja, mi buena señora. Lo sé todo acerca de usted y su hijastro.
—¿Qué… que le hace pensar eso?
—Aquí tengo las pruebas —y comenzó a sonar una grabación del momento en el que Jorge la había descubierto jugando con el consolador.

Clara estaba roja de vergüenza, escuchaba su voz y la de Jorge a través del hilo telefónico mientras ambos se corrían en el sillón.

—¿No está bien grabado? Si su esposo escucha esto, no creo que le guste mucho.
—¿Por qué ha grabado eso?
—Es que aquel día, dejó el teléfono descolgado y se veía una situación tan caliente que no pude resistirme y la grabé.
—Es usted un enfermo.
—¿Cuándo quiere que se lo envíe a la oficina de su esposo?
—No, por favor, no lo haga.
—Lo haré si no hace lo que le pido.
—¿Qué quiere más de mí?
—Quiero que conozca a un par de amigos míos.
—¿Qué?
—Necesito que se deshaga de su asistenta, envíela a compra algo que necesite. No querrá que la vea “ocupada” con mis amigos, ¿verdad? Hágalo pronto porque llegaran en diez minutos a su hermosa villa. Pero antes pondré unas reglas.
—Maldito cabrón.
—Sí, lo soy, pero obedezca y trate de seguir mis instrucciones al pie de la letra, o si no, la cinta llegará hasta su marido.
—Que tengo que hacer —dijo Clara resignada.
—Después de deshacerse de su asistenta, deje el portalón abierto y la puerta de la entrada también, después suba a su habitación, póngase uno de sus bonitos fulares en los ojos, como si fuese una venda y espere a que mis amigos lleguen para visitarla. Y no se preocupe, no le harán daño. Solo quieren jugar.

Clara siguió punto por punto las instrucciones dadas por su interlocutor telefónico. Envió a Noelia a Barcelona a buscar un pintalabios a su tienda habitual de cosmética diciéndole que se le había acabado y que lo necesitaba para la noche, ya que quería darle una sorpresa a Joan. Noelia, le guiñó un ojo, y se marchó en uno de los coches de los Prat. Aunque a aquellas horas, el tráfico de entrada a la ciudad, la iba a retrasar un poquito.

Clara dejó abiertos el portalón de fuera y la puerta de la entrada, subió casi llorando las escaleras que la llevaban al piso superior y entró en su habitación. Buscó en la cómoda, un fular de invierno que le impidiese ver las caras de los “amigos” del hombre del teléfono, se sentó sobre el borde de la cama y esperó hasta su llegada.

Escuchó unos ahogados pasos sobre la moqueta de la habitación y se sobresaltó. Notó como alguien se acercaba, pero no se movió. Alguien comenzó a tocarla, por la espalda que hizo que se le erizasen todos los vellos de su piel. La hicieron levantarse, la desnudaron lentamente, dejándola solo en ropa interior y la sentaron en el suelo.

Escuchó como ellos también se desnudaban y como comenzaba a acariciarla, uno por delante y otro por detrás. A pesar del miedo que estaba pasando, su cuerpo reaccionó de una manera inesperada para ella. Su sexo comenzó a enviar señales de excitación por todo su cuerpo. Al tener los ojos tapados, sus otros sentidos se habían aguzado, y el del tacto fue el que más.

Podía sentir el roce de los labios de los dos desconocidos sobre su piel y eso la hacía sentirse bien, hasta el punto de que su miedo comenzó a desaparecer y una tranquilidad aparente se instaló sobre todo en su cerebro.

Clara se dejaba hacer por aquellos dos, la tocaban, la besaban, utilizaban sus lenguas para recorrer todo su cuerpo. Uno de ellos acercó su polla a la boca de Clara, en un primer momento, la cerró, pero después se acordó de la amenaza telefónica que había tenido. Lamió el prepucio lentamente, haciendo que el extraño emitiese un gruñido de satisfacción. Este, acarició el rostro de Clara, haciéndole notar, que lo que hacía, le estaba gustando mucho.

El otro, apartó la tela de la braguita de Clara y comenzó a lamer todo su sexo. Aquel extraño tenía una lengua muy experta ya que consiguió que Clara comenzase a lubricar casi de inmediato. Poco después y sin que Clara pudiese verlo, se colocó un arnés con un gran consolador en su punta. Lo lubricó con una crema y comenzó a penetrar a Clara, muy despacito, para que no le molestase demasiado el tamaño del pene de látex.

Clara notó que estaba siendo penetrada por un pene artificial pero no le importó, comenzaba a disfrutar de la experiencia de tener sexo con dos extraños que por ahora, la estaban haciendo disfrutar.

Después de un rato, los extraños intercambiaron posiciones y fue cuando comenzaron las sorpresas que la excitaron todavía más. El extraño dulce, como así le llamaba Clara en su mente, al que portaba el arnés, colocó el pene en su boca y esta comenzó a chuparlo frenéticamente mientras el otro bajó por su cuerpo, introdujo un par de dedos en su sexo y después, esos mismos dedos, lubricaron el orificio del culo de Clara.

Su culo comenzó a dilatarse y los dedos entraban y salían sin lastimar a Clara, que comenzaba a gemir mientras lamía el largo pene de látex del “dulce”. Este, mientras tanto, jugaba con los pechos de clara, los acariciaba y pellizcaba los pezones haciendo que Clara tuviese una ambigua sensación de dolor y placer a la vez. Estaba claro, de que quien le hacia eso, conocía muy bien el cuerpo de una mujer. Si no fuese porque, juraría que “dulce” era del sexo femenino. Y Clara no estaba tan desencaminada como pensaba.

Cambiaron de postura y a Clara la colocaron a cuatro patas, bajando sus brazos y cara con lo que su rostro quedó muy cerca del pecho de “dulce”. El otro extraño, por su parte, cogió su erecto pene, lo untó un poco con el lubricante, y colocó el capullo de su polla, justo a la entrada del culo de Clara.

Esta comenzó a mover lujuriosamente su trasero, haciendo que poco a poco, el pene del extraño se introdujese en su culo. A Clara, tener una polla dentro de su culo, la estaba provocando, casi mejores sensaciones que cuando la penetraban por su sexo.
“Dulce”, por su parte, cogió el pene de látex y se lo metió profundamente haciendo que Clara gimiese de placer. Estaba siendo penetrada doblemente y disfrutaba de lo lindo. Bajó más su rostro y tropezó con el pecho de “dulce” un pecho abultado y con un pezón henchido, que no parecía ser de un hombre. Clara comprendió que “dulce” era como ella, una mujer. Buscó el pezón y con la puntita de su lengua, hizo que vibrase.

Un gemido ahogado salio de la boca de dulce, que comenzó a acariciar la melena negra de Clara. Fue en ese preciso instante que Clara se abandonó completamente a la lujuria y desenfreno de la situación.

El otro extraño, comenzó a emitir, pequeños gruñidos de satisfacción, y Clara comenzó a mover su culo más rápidamente hasta que consiguió que el extraño se corriese dentro, de puro placer.

Al poco rato, “dulce” consiguió que Clara, entre grandes espasmos, tuviese un orgasmo que la dejó casi exhausta. Pero aquellos dos no habían acabado todavía. “Dulce” se quitó el arnés y colocó su coño cerca de la boca de Clara. Esta, primeramente, aspiró el dulce aroma del sexo de la mujer y después, saboreó el salado jugo que rezumaba por sus labios.

Noto, que también, el otro extraño, comenzaba a realizar la misma operación de antes, se la estaba metiendo por detrás mientras que llenaba su sexo, con el consolador previamente desencajado del arnés.

Una hora más tarde, los tres estaban exhaustos. Clara, que todavía tenía el fular sobre sus ojos, estaba pringada de restos de semen por todo su cuerpo. Su culo, todavía palpitaba después de tantas embestidas realizadas por el hombre que estaba junto a ella, tendido a su derecha. A su izquierda, la otra mujer, resoplaba por el esfuerzo realizado y reía nerviosa por lo que sabía que iba a pasar a continuación.

El hombre se levantó y salió de la habitación. Unos segundos más tarde, sonó el teléfono y la mujer que se había levantado para cogerlo, se lo acercó a Clara al oído y después abandonó la habitación.

—Buenas días, señora, ¿qué tal ha ido todo? ¿ha disfrutado con mis amigos?
—Le pido, por favor, que no lo haga más.
—Pero si se le veía disfrutando de cada instante con ellos.
—Pare por favor.
—Pero que me está contando. Pude ver como movía su culo para ser penetrada más profundamente, como movía su lengua dentro del coño de mi amiga, como gemía mientras le chupaban sus hermosos pechos…
—¿Qué? ¿Lo ha visto todo? ¿Ha estado aquí?
—Ver como chupa usted una polla, lo pone a uno muy caliente.
—¿Esta aquí? —preguntó Clara y tapándose con la sábana de la cama.
—Quizá.

Clara, temblorosa, buscó por todo su cuarto, por el cambiador, donde tenía toda su ropa y zapatos hasta que salió de la habitación.

—Esto comienza a templarse —dijo el hombre al otro lado del teléfono.

Clara se iba acercando a la habitación de Jorge con pasos vacilantes. Aquel hombre, podía estar en la habitación de Jorge.

—Muy caliente, señora, se puede quemar.

Clara abrió la puerta, pero no pudo ver a nadie desde allí, dio unos pasos hacia delante pero una mano la agarró por la cintura.

—Hola, señora o debería decir… Mami
—¡Jorge!

De detrás de la cama de Jorge, Noelia se levantó completamente desnuda y saludó a Clara con una reverencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario