lunes, 17 de diciembre de 2012

CAPITULO 5


—Desde el día que papa te trajo a esta villa, lo único que he pensado era en poseerte. Eres una mujer muy hermosa y mi padre no te tiene bien atendida. No sabes las noches que he pasado fantaseando con poder acariciarte cada centímetro de tu piel. Y se me ocurrió lo del acosador telefónico, aunque pensé que no saldría tan bien. Hay que reconocer que a parte de ser una mujer muy bella, eres también muy caliente y excitante.
—Pero… Jorge
—No quería forzar la situación, te deseaba y por eso tuve que urdir todo este plan. Te quiero, Clara.
—¿Entonces, esto fue todo un plan solo para follar conmigo?
—Si quieres verlo así, el acosador, el vibrador, la grabación, incluso Noelia se apuntó para satisfacer esas ocultas perversiones que mi querida señora tiene.


Clara estaba roja de vergüenza, Jorge le susurraba al oído mientras la abrazaba desde atrás. Noelia ya no estaba en el cuarto, pero Clara ni si había dado cuenta de cuando se había marchado la chica.

—Primero me convertí en tu amigo sexual telefónico, estabas insatisfecha sexualmente y mordiste el anzuelo. Luego, yo te atrapé cuando aparecí de improvisto aquella tarde y lo demás, ya lo sabes pues acabas de vivirlo.

Clara tenía ganas de llorar, había sido engañada por Jorge y lo único que pensaba era en desaparecer. Jorge la abrazó dulcemente al sentir que Clara estaba a punto de desfallecer y la llevo a su cuarto. Le preparó la bañera con abundante espuma y sales y después, la bañó, limpiando así todo rastro en su piel de lo acontecido anteriormente. Mientras, Noelia, ponía ropa limpia en la cama y después de besar a Jorge en los labios, dio un cariñoso beso en la frente a Clara que todavía no había asimilado bien, lo que había pasado aquella mañana.

—Papa vendrá pronto a comer, es mejor que te vistas, y cambies esa cara. Nos vemos.

Al mediodía, Clara subió a la habitación de Jorge. Este estaba conectado a Internet, viendo las fluctuaciones de las Bolsas Europeas y hablando por el Skype con un amigo sobre entrenos machaca en bici.

—Jorge, ¿puedo pasar?
—Si, un momento… Luis, te tengo que dejar, y no le des tanta caña a las piernas, que las vas a reventar. Ciao Caro. Dime Clara.
—Tengo que decirte una cosa.
—Soy todo oídos.
—Tu padre ya no vendrá a comer, ni a dormir. Me ha llamado y se ha ido a Madrid a resolver unos temas con la nueva oficina. Pasará allí la noche.

Jorge levantó la ceja y una pícara sonrisa se dibujó en su rostro.
Clara se había dado cuenta tarde de lo que acababa de hacer y se tapó la boca.

Jorge se levantó de un salto de su silla y se lanzó hacia Clara que intentó huir, pero se encontró con la pared a su espalda.

—Eso significa que estamos solos hasta mañana.
—Noelia sigue aquí todavía.
—¿Quieres que la llamemos?
—No.
—¿Qué pasa? ¿Me quieres para ti sola?
—¿Por qué hiciste algo tan terrible esta mañana?
—¿Hoy? Solo quería jugar un poco contigo —dijo Jorge mientras acariciaba por encima de los vaqueros, el trasero de Clara. Pensé que te gustaría hacerlo con dos extraños y si te gustaba, no te sería tan malo aceptarme a mí después.

Jorge cogió a Clara y la llevo a su cama. La desnudó y la dejo en ropa interior, sobre las sábanas. Comenzó a tocarla por encima de sus braguitas y Clara notó que su excitación comenzaba a aflorar irremediablemente.

—Entonces, cuando dijiste que me querías, ¿era mentira también?
—Si te odiase, nunca querría sexo contigo. Además, te lo puedes creer o no, estaba algo celosillo mientras Noelia te penetraba con el consolador esta mañana. Me hubiese gustado ser yo el que te follaba por delante, pero no me puedo quejar, tu culo me ha dado mucho placer —dijo Jorge mientras ataba las manos de Clara a la cama y soltaba de sus ataduras, los hermosos pechos de Clara, arrojando su sujetador a un lado.

Clara intentó cerrarse de piernas, mientras Jorge lamía sus pezones, pero poco a poco, cedió a las caricias de su hijastro.

—Además, creo que esto te lo has buscado tu solita. Pudiste haber enviado a Noelia a darme la noticia de lo de mi padre.

Jorge estaba en lo cierto. Yendo sola a su habitación, Clara esperaba tener sexo con él.

<<Joan, perdóname, voy a follar con Jorge, pero no tengo salida>> —pensó Clara.

Jorge le quitó su ropa interior que estaba húmeda y comenzó a lamer el sexo de Clara, hasta que consiguió que el abultado clítoris, apareciese entre los pliegues de los labios. Introdujo un dedo en el culito de Clara, previamente lubricado y esta comenzó a gemir de placer.

—Me voy a correr, Jorge…

Pero Jorge, en ese preciso instante, dejó de lamer su sexo. Clara se quedó muy sorprendida por aquella acción y lo miraba contrariada.

—Como te dije esta mañana, no me gusta forzar la situación, por eso, no dejaré que te corras hasta que tú, en verdad, me pidas que quieras hacerlo.
—Pero…
—Tenemos mucho tiempo hasta mañana, suplicarás que te folle.

Jorge comenzó de nuevo a tocar a Clara. Introdujo dos dedos en su culo y con la otra mano, jugaba con todo su sexo, haciendo hincapié en el abultado botón del placer.

Durante horas, Jorge, jugó con Clara. Estuvo a punto de correrse varias veces, pero Jorge siempre adivinaba el momento justo de parar y así dejarla con las ganas. Las sabanas estaban empapadas de sudor y lubricación que Clara había dejado caer por sexo.

—Mami, tus dos entradas están muy dilatadas, creo que he realizado un buen trabajo. No podrás quejarte ya que a pesar de tener solo veinticinco años, sé tocar a una mujer. Mis dedos, boca y lengua, pueden sustituir perfectamente al un pene de un hombre.
—No puedo más Jorge, estoy exhausta.
—Bueno, no te quejes tanto, todavía queda lo mejor —dijo Jorge mientras giraba a Clara dejando su culo levantado muy cerca de su cara. —¿Notas los dos dedos dentro de tu culito? Está preparado para ser penetrado. Pero no lo haré, utilizaré mi lengua para darte placer.
—No, Jorge, no lo hagas.
—Pero si te encanta mientras lamo tu culo e introduzco un dedo en tu sexo, ¿verdad Mami?

Clara comenzó a mover su trasero contra la lengua de Jorge.

—Jorge, no me hagas esperar más.
—¿Qué quieres?
—Quiero que me lo des ya.

Jorge se desabotonó sus vaqueros y se colocó enfrente de Clara. Extrajo su pene y lo puso cerca de su boca. Esta comenzó a lamer el prepucio muy lentamente, a pesar de que en esos momentos querría tener aquella misma polla, metida en otro sitio.

Después, Jorge se colocó detrás, con su pene apuntando al sexo de Clara, que esperaba impaciente la primera acometida. Pero su cerebro todavía era más fuerte que el cuerpo.

—Jorge, utiliza tus dedos, por favor.
—Entonces no dejaré que te corras todavía.
—No seas malo —suplicó Clara mientras Jorge jugaba con su pene por encima de su trasero. —Por favor, deja que me corra ya de una vez.

Pero el cuerpo de Clara quería que su hijastro la penetrase. Su sexo, palpitaba cada vez que era rozado por el pene de Jorge y cuando no pudo más le dijo:

—Quiero que me folles.
—¿Qué? No te he oído bien.
—Fóllame.
— Muy bien, Mami, aquí vamos —dijo con una sonrisa triunfal.

Jorge giró a Clara nuevamente y la abrió de piernas y sin detenerse, le introdujo su pene sin contemplaciones. Un largo gemido resonó en la habitación, Clara, comenzó a disfrutar enormemente de cada acometida realizada por Jorge.

—Mmmmm, Mami, estas muy mojadita. Mi polla entra y sale de coño como si nada.

Pero Clara no hablaba, se había abandonado a la lujuria y el placer que Jorge le estaba proporcionando.

—Antes de que me corra, voy a penetrar ese hermoso culito que tienes —dijo Jorge volteando a Clara y poniéndola a cuatro patas. Introdujo su pene dentro del dilatado orificio y comenzó nuevamente a embestirla. Pero Clara no se arredraba. Empujaba en sentido contrario a cada acometida de Jorge y sus nalgas, vibraban con el golpeo de su trasero contra la polla de su hijastro.

Jorge comenzó a aumentar el ritmo de sus acometidas y cuando Clara estaba a punto de correrse, notó que su hijastro le llenaba su culo de semen. En ese preciso instante, Clara tuvo uno de sus orgasmos más intensos hasta ese momento.

Jorge, la liberó de sus ataduras, le acarició el rostro y la besó en la boca apasionadamente. Su primer beso.

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