miércoles, 19 de diciembre de 2012

CAPITULO 6


Una semana después, Jorge y Joan, estaban de viaje en Madrid, supervisando personalmente la nueva oficina que muy pronto iban a poder abrir allí. Clara, por su parte, se aburría enormemente cuando recibió una llamada de su hermana Mónica. Después de estar viajando por el mundo en compañía de su rico y tedioso marido, había decidido divorciarse y comprar una casita a unos pocos kilómetros de donde vivía su hermana. Fue la mejor noticia que había recibido aquella semana, era su hermana pequeña, y la quería mucho.


—¿Cuándo llegarás?
—Estoy en el aeropuerto, acabo de recoger las maletas y voy a buscar un taxi para ir a verte.
—¿Estás ya en Barcelona? ¿Por qué no me has llamado antes? Iría a buscarte.
—Entonces ya no sería una sorpresa. Tengo tantas cosas que contarte… ¡eh, cuidado!
—Lo siento mucho, ¿está usted bien?
—¿Qué ha pasado Mónica?
—Un chico guapo y con buena planta, acaba de tropezar conmigo y casi me tira al suelo. Menos mal que me ha agarrado y… —dijo Mónica susurrándole al móvil.
—Me gustaría compensarla por mi torpeza.
—¿Mónica? —preguntó Clara al otro lado del teléfono.
—Un momento hermanita, creo que acabo de ligar.
—¿Puedo acercarla hasta el centro o a donde usted quiera?
—Como sigas tratándome de usted me va a dar algo.
—Lo siento, nuevamente.
—Por favor, para de disculparte… podrías acercarme hasta… espera un momentín, Clara, ¿sigues ahí?
—Sigo aquí.
—¿Dónde vives?

Clara le dio la dirección a Mónica y esta se la comunicó al joven.

—Si conozco la zona y la villa a la que va. No hay problema, la llevaré hasta allí.
—Clara, cariño, ya tengo quien me acerque. Nos vemos. Besitos
—Pero Mónica… ¿Mónica, sigues ahí? ¿Mónica?

Clara dejó el teléfono sobre el sofá y después de avisar a Noelia de que iba a llegar su hermana, se fue a prepararse a su habitación. Quería quitarse de encima aquella cara tristona y aburrida y recibir a su hermana como se merecía.

Se dio un buen baño de espuma y cuando se estaba acabando de maquillar, escuchó a Noelia que subía a todo correr por las escaleras.

—Clara, su hermana ya está aquí.
—¿Qué?, ¿pero cómo?
—Y trae una sorpresa con ella —dijo Noelia dándose la vuelta con una picarona sonrisa en la cara.
—¿Una sorpresa?, no por favor, esta chica es capaz de haberse traído al “taxista” hasta dentro de casa.

Clara bajó las escaleras casi de dos en dos y lo primero que vio fue a su hermana parloteando animadamente con Noelia. Esta, al ver llegar a Clara, le guiño un ojo y desapareció en la cocina.

—Hermanita, te veo divina —dijo Mónica dándole un generoso achuchón a su hermana.
—Pues yo te veo más, como te diría yo…
—Potente. Me he operado las tetas. Recuerdas mi talla 85, pues ahora son una talla 110, una más que tú, si no recuerdo mal. A mi ex le gustaban grandes, me pago la operación y mira. Puedes tocarlas, son muy reales.
—Me fío de ti.
—Por cierto, he invitado a pasar al chico que me ha traído hasta aquí, ha sido muy amable por su parte y era lo mínimo que podía hacer. Aunque realmente, se me han pasado muchas cosas por la cabeza mientras veníamos en coche de cómo agradecérselo.

—¡Mónica!.

—¿Qué pasa? Estoy divorciada, soy rica y joven, y con muchas ganas de juerga.

—Está bien, si quieres, te alojarás aquí. Joan, mi marido y Jorge, mi hijastro, están en Madrid. Así, podría ser una noche solo para chicas.

—¿Jorge? Mira tú por donde, el chico que me ha traído se llama igual.

—Hola, Mami, ya estoy en casa.

—¡Jorge! —dijo Clara sorprendida.

—¿Mami? ¿Os conocéis? —preguntó Mónica con cara divertida.

—Si, el chico tan amable que te ha traído en coche es Jorge, mi hijastro.

—Mmmmmm, que coincidencia… no me habías dicho que estaba tan… apetecible.

—¿Pero qué haces tú aquí? —preguntó Clara.

—Hemos acabado en Madrid y me he venido en el primer vuelo que salía para Barcelona. Papa se va a quedar un par de días más, en casa de unos amigos. Y como me dijo que viniese a cuidarte, aquí me tienes.

—Clara, tienes un hijastro que no te lo mereces. Si fuese yo, ya lo estaría achuchando por ser tan cumplidor.

—Si no lo hace ella, ¿podrías hacerlo tú? No me vendría mal un abrazo de mí “tiastra” – —dijo Jorge con una arrebatadora sonrisa.

A Mónica no hacía falta provocarla más, se lanzó a los brazos de Jorge y lo estrujó haciendo que sintiera todo el poderío de sus pechos.

Clara se había quedado inmóvil, sin saber muy bien que hacer.  Fue Jorge el que dio el siguiente paso.

—Mónica, si no te importa, llevaré tus maletas a la habitación de Clara. Eres su invitada y supongo que querréis dormir juntas. Mañana, si quieres, iremos los tres a ver esa bonita casa que te quieres comprar.
—Me parece un buen plan. Necesito una ducha y cambiarme de ropa.
—Entonces no se hable más. Te subo esto y así podrás ponerte más cómoda.

Jorge desapareció escaleras arriba, mientras Mónica se fijaba en el trasero del chico de las maletas.

—Pero tú has visto ese culo que tiene. Mmmmmm, como me gustaría darles unos mordisquitos.
—Mónica, por favor.
—Clara, no seas aguafiestas. A lo mejor, a ti no te van los chicos jóvenes, pero a mi cuerpo, no le vendría mal un buen meneo con tu hijastro.

Clara bufó y se llevó a su hermana a su habitación. De allí salía Jorge que sonrió amablemente a las dos hermanas despidiéndose hasta la hora de la cena.

Aquella noche, las risas resonaron en el salón, donde Jorge ayudaba a Noelia a poner y sacar platos mientras que Clara los seguía con la vista. En la cocina, cuchicheaban y volvían riéndose haciendo que a Clara, la situación, no le gustase demasiado.

—Madre mía, Noelia. Estaba todo divino. Y el tiramisú es puro vicio —dijo Mónica.
—Muchas gracias.
—Hacía tiempo que no cenaba tan bien y en tan buena compañía.
—Todo vale para que las mujeres de esta casa, estén contentas —dijo Jorge besando las manos de Clara y Mónica.
—Que adulador por tu parte, Jorge —dijo Mónica mirándole de forma gatuna.
—Mónica, me comentabas antes que estabas algo cansada del viaje. ¿No quieres irte ya para cama?
—¿Y dejaros a solas?
—No te preocupes por eso, Mónica. Voy a ayudar a Noelia a recoger la mesa y me iré pronto para cama. Yo también estoy bastante cansado —dijo Jorge fingiendo cansancio.
—Yo os ayudaré, así acabaremos antes —dijo Clara muy resuelta.
—Entonces acompañaré a Mónica y nos vemos en un par de minutos.
—¿Es necesario que la acompañes? Creo que sabe el camino hasta la habitación —dijo Clara algo mosca.
—Es mi deber como anfitrión, hacerlo de esa manera. Mónica, permítame cogerle su mano y acompañarla a sus aposentos.

Mónica sonrió divertida y dejó que Jorge la sacase del salón como si se fuesen a bailar un vals. A Clara no le importaría que Jorge acompañase a su hermana si no fuese por el pequeño detalle de que su hermana, se había puesto una minifalda tipo cinturón y un escote que no dejaba mucho para la imaginación.

—Clara, no se preocupe. No creo que Jorge esté interesado en su hermana. Creo que está tratando de darle celos —dijo Noelia, propinándole un pequeño codazo.
<<Pues lo está consiguiendo>> —pensó Clara

Diez minutos después, Jorge se presentaba muy serio delante de Noelia y de su madrastra que miraba impaciente el reloj.

—Vaya, que dos minutos más largos. Noelia y yo, casi hemos acabado.
—Lo siento, Mónica quería que la desnudase y la arropase.
—¿Qué has dicho? —preguntó Clara con una mirada asesina.
—Tranquilízate, es una broma. Tienes que relajarte un poco y yo sé como hacerlo. Noelia, no es necesario que sigas. Lo poco que queda, podremos terminarlo Clara y yo.
—¿Seguro?
—Si, vete, es tarde.
—Muy bien, Jorge. Si no me necesitáis, me iré.

Mientras Clara acababa de recoger, Jorge lavaba los platos y los metía en el lavavajillas. Cuando tuvieron todo colocado, Jorge se acercó a Clara y la besó apasionadamente.

—¿Pero qué haces?
—Llevo mucho tiempo sin hacer esto y me apetecía hacerlo.
—Pues a mí, hoy, no me apetece besarte.
—¿Por qué?
—Pues porque no me apetece.
—¿Es por tu hermana Mónica? Solo he tratado de que se sintiese lo mejor posible entre nosotros.
—Lo sé Jorge, pero tu manera de tratarla…
—No me digas que estás celosa.
—No, para nada.
—Mejor, porque no tienes porque estarlo, Mami.

Jorge volvió a besarla y esta vez, Clara respondió al beso. Jorge la cogió de la mano y la llevó al salón. Este estaba casi a oscuras, si no fuera por la luz de la luna que entraba por los grandes ventanales.
Allí Jorge, abrazó a Clara por detrás y le hizo entender que tenía ganas de ella allí mismo. Restregó su inflado pene contra el trasero de Clara y el sexo de esta, comenzó a mandar señales de placer al resto del cuerpo.

—¿Quieres que subamos a tu habitación? —preguntó Clara.
—No, me gustaría hacerlo aquí mismo.

Jorge levantó el vestido de Clara y comenzó a tocarla directamente por encima de sus braguitas. Estaba ansioso, con ganas de arrancarle toda la ropa a Clara y esta, advirtiendo esa sensación, se aflojó el cinturón que llevaba, se quitó el vestido y lo lanzó hacia el sillón.

Jorge trató de quitarle el sujetador a Clara pero se dio cuenta de que era de los que se abrían y cerraban por delante. Utilizó las dos manos para hacerlo y Clara protestó pues se había quedado sin aquella mano que le estaba acariciando su sexo.

Sus pechos quedaron al descubierto y sus pezones, henchidos, apuntaban hacia la piscina que brillaba bajo la luz de luna.
Jorge tocaba los pechos de Clara arrancando gemidos de placer de su madrastra mientras su pene, intentaba taladrar sus vaqueros e internarse en las profundidades del trasero de Clara.

Clara, sin darse la vuelta, desabotono los pantalones de Jorge y extrajo el palpitante falo que masajeó de arriba abajo, haciendo que unas perlas de líquido lubricante apareciesen en la punta.

—Súbete a la mesa y prepárate.

Clara se sacó las húmedas braguitas y obedeció sin rechistar. Se subió a la mesa y dejó que su trasero reposase sobre las potentes manos de Jorge. Este, agarró su miembro y lo depositó muy cerca del sexo de Clara.

—Jorge, ¿a qué estás esperando?
—Dime que lo necesitas.
—Necesito que entres dentro de mí.

Jorge cogió su pene y lo introdujo sin miramiento en el sexo de Clara. Esta gimió de placer al notar como aquel miembro horadaba su cavidad.

—¿Alguna vez has tenido sexo de esta manera con papa?
—No, nunca. Tu padre siempre me ha tratado exquisitamente.
—¿Nunca te la ha metido por detrás? ¿Solo la postura del misionero y ya está? Joder, no sabe lo que se pierde.
—Jorge, por favor, no hablemos ahora de tu padre.
—Es que me parece increíble, con las vistas que se pueden ver desde aquí.
—Jorge…
—Lo siento —dijo Jorge introduciendo todavía más su pene dentro del sexo de Clara. —Hasta el fondo, Mami.

Jorge comenzó a forzar todavía más la penetración hasta que su pene se perdió por entero dentro del coño de Clara. Esta, gemía calladamente a cada embestida de su hijastro.

—¡Oh, no!, creo que me voy a correr ya. Son demasiados días si tan siquiera una triste paja en un hotel y no creo que aguante mucho más.
—No me importa, hazlo ya, pero fuera.
—No me va a dar tiempo —dijo Jorge echándose sobre Clara y soltando todos sus fluidos acumulados durante toda aquella semana. —Lo siento, como has podido notar, me he corrido dentro.

A Clara no le importó mucho, ya que estaba protegida, lo que si le importó, fue la silueta que permanecía semi oculta detrás de uno de los grandes cortinones del salón. Pudo reconocer a su hermana que se tapaba la boca y la miraba con cara aterrorizada por lo que acababa de presenciar.

Mónica los había visto follar sobre la mesa del salón, y a Clara a pesar de quedarse de piedra en un primer momento, comenzaba a no importarle. Cada vez se daba más cuenta de que no podía estar sin tener sexo con su hijastro.

—Mónica… - balbuceó Clara. 

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