viernes, 21 de diciembre de 2012

CAPITULO 7


Mónica estaba tratando de reconocer a su hermana, reflejada en la cara de aquella mujer desconocida para ella en aquellos precisos instantes y que estaba siendo penetrada por su hijastro. Jorge, por su parte, sonría victorioso y le guiñó un ojo a Mónica.

—¿Qué os pasa a las dos? Yo me he excitado muchísimo al saber que Mónica nos estaba espiando. Es más, la erección no se me ha bajado a pesar de correrme solo de pensar en ese vestidito que lleva puesto —dijo Jorge mientras comenzaba otra vez con el movimiento de caderas.
—Para por favor… Jorge, para… —dijo Clara dudando de sus propias palabras.
—¿Por qué? Pero si estás disfrutando tanto como yo de esta situación.
—Lo siento, Mónica, esto no es lo parece —dijo Clara azorada
<<¿Pero qué coño está pasando aquí? ¿Por qué mi hermana y su hijastro están follando encima de la mesa como animales? ¿Por qué ella se deja hacer todo eso?>> —pensó Mónica. <<No tienen lazos de sangre, pero es su hijastro>>.
—Para Jorge, Mónica nos está mirando.
<<Mi hermana, siempre que ha hablado conmigo por teléfono me decía lo feliz que era al lado de Joan, ¿Por qué ahora se está tirando a Jorge?>>

Jorge seguía penetrando a Clara por detrás mientras esta seguía gimiendo incansable.

—Esto tiene que parar. Dejadlo ya. ¿Sabéis lo que estáis  haciendo? —dijo Mónica sentándose en el sillón al ver que sus piernas comenzaban a fallarle.
—No mires, Mónica, por favor no nos veas haciendo esto.
—Jorge te está forzando a hacerlo ¿verdad Clara?
—Vamos a enseñarle a tu hermanita si realmente te estoy forzando u obligando a hacer cosas que no quieres hacer.

Jorge cogió a Clara por debajo del trasero y la llevó abierta de par en par hasta el sillón, donde Mónica podía ver el sexo de su hermana empapado de fluidos.

—¿Crees que tu hermana Clara está pasándolo mal conmigo? ¿O que los gemidos que emite cada vez que la penetro son fingidos?

Jorge, a pesar de lo forzado de la postura, seguía penetrando a Clara y esta seguía disfrutando de ello.

—Mira Mami, estamos follando delante de las narices de tu hermana, ¿no es excitante? Se nota que papa no satisface todas tus necesidades —dijo Jorge bajando a Clara y colocándola a cuatro patas.
 —Eso no es cierto, Mónica, no le creas. Para, Jorge, para ya.
—Si es lo que quieres… —dijo Jorge extrayendo su pene del sexo de Clara, que lanzó un grito ahogado al notar que por fin, le había hecho caso.
—Por favor, Jorge, no sigas. No ves que mi hermana está sufriendo con esta situación —dijo Mónica encarándose con Jorge.
—¿Estás totalmente segura de que quieres que me detenga? —pregunto Jorge, muy cerca del oído derecho de Mónica.
—Sí.
—Entonces, tú ocuparas su lugar —dijo Jorge besando el estilizado cuello de Mónica que no movió ni un solo dedo para detenerlo. Ni tan siquiera cuando Jorge comenzó a toquetearle por encima del ajustado vestido e introdujo una mano por su escote, buscando el abultado pezón que se dibujaba ya debajo del tejido. —Me has pedido que parase con tu hermana, pero yo sigo todavía muy caliente, así que ahora, te toca mover ficha.
—No, Jorge, yo me ocuparé de ti, como hasta ahora. Deja a mi hermana tranquila —dijo Clara agarrando del hombro a Jorge.
—Está bien, lo haré. Es la única manera de que Jorge pare de acosarte, Clara —dijo Mónica resignada.
—No, Mónica, yo me encargo de Jorge, sé como satisfacerlo.
—No te preocupes, Clara, tú jugarás con esto —dijo Jorge entregándole el consolador que estaba escondido detrás de un mullido cojín.
—No Jorge, con mi hermana no.

Jorge le entregó el consolador a Clara que lo cogió desolada. Después, Jorge se dirigió a Mónica.

—Seguro que llevas con ganas de esto desde que tropezamos en el aeropuerto —dijo Jorge señalando su palpitante pene. —A pesar de tus grandes gafas de Gucci pude ver como te fijabas de vez en cuando en mi paquete mientras íbamos en el coche.
<<Es la única forma de ayudar a mi hermana>> —pensó Mónica.
—¿Empezamos ya? —preguntó Jorge sentándose al lado de Mónica y bajándole el vestido hasta la cintura. Sus pechos quedaron tiesos ante la lasciva mirada de Jorge y sus pezones agradecieron el contacto de su ardiente boca mientras los lamía y los chupaba.
<<Si lo mantengo satisfecho, no volverá a tocar a mi hermana>> —pensó Clara mientras su sexo volvía a humedecerse. <<Tengo que aguantar, no puede ver que estoy completamente excitada>>.

Pero un traicionero gemido, hizo que Jorge sonriese maliciosamente mientras acariciaba los pechos de Mónica.

—Creo que es el momento justo para que utilices esa boquita de piñón que tienes —dijo Jorge levantándose y colocando su pena cerca de la boca de Mónica.
<<Tengo que intentar fingir que me gusta lo que estoy haciendo, no puede verme de esta manera>> —pensaba Mónica mientras comenzaba a lamer el tieso pene de Jorge. —<<Es grande pero lo haré lo mejor que pueda>>.

Mónica después de lamerlo, comenzó poco a poco a introducirlo en su boca. Jorge, por su parte, disfrutaba doblemente, por el placer que le estaba proporcionando la hermana de Clara y por tener el control de aquella situación.

Pero el placer iba a ser más intenso de lo esperado, ya que Mónica, había realizado muchas veces trabajitos de esa índole a su marido y a pesar de su boquita, sabía como chupársela a un hombre.

La saliva, mezclada con los jugos de Jorge, descendía lentamente por las comisuras de sus labios y se estrellaba, contra sus duros y turgentes pechos. Jorge estaba ya a punto de correrse y a pesar de que la había avisado, ella siguió chupando y lamiendo su polla hasta que notó en su boca, el estallido del semen que Jorge le estaba entregando.

Ni aun así, dejó de lamer aquel falo que tanto la estaba fascinando.

—Has estado genial, Mónica. Menuda mamada me acabas de hacer. Ni siquiera Clara es capaz de dejarme tan satisfecho.

A Clara, esto le sentó, como si le hubiesen clavado un puñal.

—Pero ahora te toca disfrutar a ti. Abre un poquito esas piernas, por favor —dijo Jorge mientras metía la mano hasta llegar a la húmeda tanga de Mónica.

Está dio un pequeño respingo al notar el contacto sobre su sexo y comprobó que a pesar de la edad de Jorge, este sabía como utilizar sus dedos para dar placer a una mujer. Jorge, a pesar de la poca luz que había en el salón, podía ver como Mónica intentaba aguantar sin soltar otro gemido y eso, lo hacía disfrutar todavía más.

Recostó a Mónica sobre el sillón, se colocó a su lado, comenzó a tocarle los pechos con una mano y con la otra, seguía dedicándole caricias a su sexo.

—Creo que ya es hora de que pruebes mi lengua en tus partes más íntimas —dijo Jorge quitándole la tanga y levantando sus caderas hasta su cara. —Mmmmmmm, huele muy bien por aquí.

Solo el cálido aliento de Jorge sobre su sexo, hizo que Mónica comenzase a mover sus caderas, esperando impaciente, los lametones que Jorge iba a dedicarle a su jugoso coño.

—Tienes un culito muy hermoso, Mónica —dijo Jorge separando las nalgas y dejando a la vista el agujerito objeto de deseo.

Jorge comenzó a lamerlo y Mónica trató de impedir que los gemidos que pugnaban por salir de su garganta no se escuchasen por todo el salón. Pero cuando este comenzó a jugar con su clítoris, que lanzaba sensaciones muy placenteras al resto de su cuerpo, no pudo retrasar más lo inevitable y un sonoro gemido brotó de su garganta haciendo que Clara se diese la vuelta y viese a su hermana disfrutando de las caricias ejercidas por Jorge.

<<Solo estoy fingiendo… solo estoy fingiendo>> —se decía a sí misma Mónica, como si se tratase de un mantra que tuviese que repetirse para no abandonarse totalmente a las caricias de Jorge.
—¿Te gustaría tenerla dentro? —preguntó Jorge
—Pero Clara está ahí.
<<Mónica quiere hacerlo con Jorge, eso significa que no está fingiendo y que le está gustando todo esto>> —pensó Clara.
—No pasa nada, ya le he dado su juguetito, ahora ven aquí y ponte encima de mí —dijo Jorge tumbándose sobre su espalda.

Mónica tampoco se lo pensó dos veces, se puso a horcajadas sobre Jorge e intentó introducir el pene en su sexo. Pero Jorge no le dejó. Él quería jugar unos instantes más, cogió su polla y la restregó de arriba abajo, haciendo que Mónica impregnase completamente de su esencia, su pene. Los pezones de Mónica, se pusieron más duros si cabe y sus pechos, erguidos y henchidos, trataban de acercarse a la boca de Jorge sabiendo que serían recibidos muy gratamente.

Jorge, por su parte, rechazó el ofrecimiento y colocó su húmedo glande a las puertas del culo de Mónica. Está tenía un poco de reparo pues el pene de Jorge era algo grande para su puerta trasera. Pero su cuerpo le pedía guerra, y no rechazó el envite.

—¿Estás segura? No quiero forzarte a hacer nada que tú no quieras —dijo Jorge.

Mónica asintió con la cabeza y fue bajando su trasero que poco a poco fue empalado por la polla de Jorge.

—Joder, que estrechito está —dijo Jorge mientras se incorporaba lentamente para agarrar con la boca los pechos de Mónica.

Esta suspiró y agarró la cabeza de Jorge enterrándola entre su busto. Comenzó a subir y a bajar sobre el falo de Jorge y se sorprendió de lo bien que se había adaptado su culito al pene de Jorge.

El mantra que se había estado repitiendo, se había olvidado desde el momento que Jorge la había penetrado. Estaba disfrutando de aquel momento y no le importó que su hermana mayor, estuviese observando como cabalgaba a Jorge, que la estaba haciendo gozar tanto de aquella manera.

Jorge no olvidó del botón del placer y después de humedecer sus dedos en el sexo de Mónica, acarició dulcemente su clítoris, haciendo que esta, comenzase un frenético ritmo que la llevase hasta el orgasmo.

Clara, a escasos metros de distancia, no podía creerse lo que estaba viendo. Su propia hermana se estaba tirando a su querido hijastro y ella, impasible, permanecía quieta y callada.

Mónica seguía cabalgando a Jorge y sus pechos daban pequeños saltitos cerca de la cara del hijastro de Clara.

—Creo que esta no es la primera vez que haces esto ¿verdad? Lo sé por la forma en la que aprietas tu culito para que mi polla no se salga fuera. Aunque no tienes que esforzarte tanto, ten por seguro que no se saldrá.

Jorge comenzó a incrementar el ritmo de las sacudidas contra el trasero de Mónica cuando la escucho gemir más rápidamente al lado de su oído.

—Esto te está gustando mucho, seguro que desde detrás del cortinón te estabas acariciando mientras tu hermana y yo nos lo hacíamos sobre la mesa.
—Sí, me he tocado al veros follar y deseaba cambiarme por Clara. No quería que la presionases más.
—Pues lo has conseguido y por eso te estoy haciendo lo que habitualmente deseo hacerle a ella.

Jorge bajo el ritmo de embestidas y Mónica protestó por ello. Así que fue ella nuevamente el que aumentó el sube y baja sobre el pene de Jorge. Pero este la levantó y la colocó a cuatro patas haciendo que su sexo y su culo quedasen a escasos centímetros de su palpitante polla.

—Mónica, si quieres ser tratada igual que tu hermana, deberás pedírmelo.
—¿Pedírtelo? En mi vida he necesitado pedir nada por el estilo. Muchos hombres han caído rendidos a mis encantos sin necesidad ni tan siquiera de sugerírselo.
—Ya, pero si lo quieres, tendrás que hacerlo.

Mónica estaba desespera por tener nuevamente a Jorge dentro de ella. Su pene se paseaba entre su sexo y su culo y esto hacía que desease ser follada de una vez.

—Métemela ya, Jorge.
—Muy bien ¿y por donde quieres que entre?
—Por dónde has estado hasta ahora.
—Puerta trasera, entonces prepárate.

Jorge penetró a Mónica sin mucho miramiento. Esta hizo un pequeño gesto de dolor al notar todo el pene de Jorge dentro de su culo, pero el placer que sentía apaciguó rápidamente los molestos y escasos pinchazos lacerantes.

Jorge, desde aquella postura, podía observar con detenimiento, como su pene entraba y salía por completo del culo de Mónica y como esta lo recibía con gemidos placenteros cada vez que lo introducía totalmente dentro de ella.

—Vamos Jorge, haz que me corra de gusto.
—Será un placer hacerlo, tita.

Jorge comenzó un lento vaivén de sus caderas y fue aumentando el ritmo hasta que Mónica no pudo más y se corrió en un largo y placentero orgasmo. Por su parte, él, justo en el momento que se iba a correr, saco su pene del culo de Mónica y lanzó el blanquecino líquido, que salpicó la espalda de su tía.

—Jorge, necesito que me hagas a mí lo mismo —dijo Clara acercándose a la pareja completamente desnuda.
—Mami, ahora estoy contigo.
—No, Clara, ni se te ocurra acercarte a Jorge. No me he sacrificado yo haciendo todo esto para nada.
<<Sé que mi hermana tiene razón, pero también sé, que al igual que yo, Mónica ha caído bajo las lujuriosas redes de Jorge>> —pensó Clara.

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