miércoles, 26 de diciembre de 2012

CAPITULO 8


Al día siguiente, Jorge y Mónica quedaron para ver un par de casas en las que Mónica había puesto sus ojos. Esta estaba feliz de que Jorge la acompañase y más sabiendo que estaban solos pues Clara se había sentido indispuesta aquella mañana.

A pesar de eso, Jorge no mencionó nada de lo que había ocurrido en el gran salón de la villa y a Mónica, aquello le parecía perfecto. Había disfrutado de él y ahora disfrutaba de su compañía.

Comieron en un pequeño restaurante al borde del mar y volvieron por la tarde a la villa. Allí, Noelia, les tenía preparada una merienda a base de pastas y te del que dieron buena cuenta.

—Ir de compras, aunque sea una casa, siempre me abre el apetito — dijo entre risas Mónica.

Clara había bajado al salón, pero paso totalmente de la compañía de Jorge y de su hermana. Se fue directamente hacia la piscina y allí se recostó sobre una tumbona, donde caviló un plan para arrebatarle las atenciones que su hijastro le dedicaba a Mónica.

Después de cenar todos juntos y de que Clara, emborrachase deliberadamente a su hermana, se fueron a acostar. Jorge, que parecía algo perjudicado también, llevó en brazos a Mónica a la habitación de su madrastra y allí la dejó sobre la cama. Clara se encargó después de desvestirla y ponerle una camiseta para que durmiese cómodamente. Esperó media hora y después de comprobar que su hermana dormitaba profundamente, se levantó de cama, se puso el picardías más sexi que encontró y se fue con decisión hacia la habitación de Jorge.

Llamó a la puerta y su hijastro no contestó. Abrió y paso adentro. Jorge dormía sobre las sábanas y solo llevaba los vaqueros puestos. Su torso desnudo, indicaba la intensa preparación que seguía haciendo diariamente a pesar de tener que trabajar la mayor parte del día. Se sentó sobre la cama, muy cerca de él y le acarició la cara. Después lo besó en los labios pero este ni se inmutó.

—Está profundamente dormido,… ¿pero qué es eso? —se preguntó Clara acercándose al cuello de Jorge.  <<Es la marca del pintalabios de Mónica. Maldita sea, seguro que lo besó cuando Jorge la llevaba en brazos para la habitación. No se da cuenta de que Jorge es mío>> se dijo a sí misma mientras comenzaba a acariciar el pene de Jorge que descansaba debajo de sus vaqueros.

Este comenzó a endurecerse y Clara desabotonó con delicadeza el abultado pantalón para dejar que el pene de Jorge pudiese moverse con más soltura debajo de su bóxer. Acercó su cara y lamió por encima del tejido, el pene de su hijastro que seguía inmóvil a pesar de las atenciones que su madrastra le estaba dedicando.

—Jorge, ya estás preparado —susurró Clara mientras dejaba que el crecido falo se presentase ante ella, al que recibió con lametones y después lo introdujo en su boca, chupando y succionando como si se tratase del más rico de los helados. <<Esto es mío, mi querida hermana y no te lo voy a poner nada fácil>> pensó Clara mientras bajaba los pantalones y el bóxer de Jorge hasta las rodillas.

Este se movió un poco, pero a Clara no le importó. Seguía jugando con la polla de su hijastro y no la iba a soltar hasta que estuviese bien saciada. Al rato y después de dejar completamente empapado el pene de Jorge, se quitó las humedecidas braguitas y se colocó encima de su cara, donde comenzó a masturbarse de una manera lasciva. La situación la había puesto muy caliente ya que ver a su hijastro dormido y por primera vez a su merced, hizo que pronto llegase al orgasmo.

Pero aun así, no dejó de tocarse ya que la propia respiración de Jorge sobre su sexo, hacía imposible que su calentura bajase a pesar de haberse corrido ya. Unas pequeñas gotas de sus fluidos, cayeron sobre el rostro del joven. Clara las vio y las lamió con su lengua.

—Ahora por detrás, Jorge —dijo Clara dándose la vuelta y poniéndose nuevamente a horcajadas sobre la cara de Jorge.

Su sexo apenas rozaba la nariz de su hijastro mientras Clara penetraba con dos dedos, su hermoso trasero. La respiración acompasada, junto con la sensación de estar siendo penetrada analmente, hizo que las olas próximas al orgasmo volvieran a surgir nuevamente.

—Soy mucho más pervertida que mi hermana, ¿no te das cuenta Jorge? Lame mi trasero, por favor Jorge, lámelo —susurraba Clara

Jorge abrió los ojos y lanzó su lengua contra el dilatado orificio de Clara como una saeta. Esta se vio sorprendida por el ataque y sus ojos se abrieron como platos. Pero no dejó de mover sus caderas mientras le repasaba todo el trasero.

—Hummmm, Mami, me has puesto muy cachondo.
—Jorge… estabas dormido
—No del todo. Me hice el dormido para ver que eras capaz de hacer. Me sorprendió mucho que me chupases la polla y que te masturbases encima de mi cara.
—Entonces, ¿fingiste?
—Pues claro que fingí, todo por mi querida Mami la pervertida —dijo Jorge introduciendo un dedo en el trasero de Clara. —Nunca pensé que pudieses acercarte a mí de esa manera.
—Jorge, no me digas eso.
—¿Por qué si es la verdad? Me encanta esta competición entre hermanas. Por ahora llevas las de ganar.

Clara sonrió maliciosamente solo de pensar que se había apuntado aquel tanto. Y sobre todo sabiendo que la noche anterior, su hermana, había satisfecho tan gratamente a Jorge.

Este se colocó tras ella y bajó el picardías hasta su cintura, Sus pechos, quedaron al descubierto, mostrando unos henchidos pezones que estaban pidiendo a gritos ser acariciados. Jorge tuvo compasión de ellos y subiendo por el pecho con sus manos, acarició y agarró los pezones, proporcionándole a Clara, un gran placer.

Jorge se desnudó rápidamente y jugó un poco con su pene frente la entrada del sexo de Clara. Esta estaba completamente mojada y lo único que deseaba era que su hijastro la penetrase ya para sentirse todavía mejor. Jorge, adivinando sus pensamientos, con un movimiento de sus caderas, embistió con fuerza y le metió la polla hasta el fondo. Clara gimió de placer al notar el grueso pene de Jorge dentro de ella y volvió a pensar en su hermana Mónica que dormía bajo el cálido abrazo de Morfeo.

—Sabes, me gustaría que te pusieses encima y me cabalgases un poco, me gusta ver como se mueven tus pechos mientras lo haces —dijo Jorge mientras seguí penetrando sin piedad a su madrastra.
—Hagámoslo rápido, no quiero estar mucho tiempo sin tu polla dentro de mí.
—Pero Mami, que lenguaje es ese.
—Estoy demasiado caliente para moderar mi lenguaje, solo túmbate y déjame hacer a mí —dijo Clara muy segura de lo que acababa de decir.

Jorge se tumbó nuevamente y Clara montó a horcajadas sobre él. Cogió el pene y lo introdujo dentro de su sexo, y comenzó a cabalgar a su hijastro como si fuese una experta amazona. Sus pechos se movían al compás del grácil trote ejercido por sus movimientos mientras Jorge, la miraba entusiasmado.

Clara subía y bajaba sobre el palpitante falo de Jorge, lubricándolo y haciendo que su sexo se deslizase sobre él sin ningún esfuerzo. Jorge no pudo resistirlo más y se abalanzó sobre los pechos de su madrastra. Los tocó, lo lamió, los chupó e intentó introducírselos por entero en la boca, algo que hizo que Clara se excitase todavía más.

—Mami, creo que voy a correrme ya —dijo Jorge intentando retrasar su orgasmo.
—¿Puedes aguantar un poco más?
—No lo creo, pero haré una cosa —dijo sacando su pene del sexo de Clara y lanzándose como un poseso con su lengua sobre el clítoris de su querida madrastra.
—Jorge, no tienes porque hacerlo, puedes correrte cuando quieras.
—Nunca he dejado a una mujer insatisfecha y no voy a empezar a hacerlo ahora.

Clara comenzó a notar que llegaba el orgasmo al poco de comenzar Jorge a penetrar su sexo con su tórrida lengua. Era como un pequeño pene que hacía las delicias de cualquier mujer que estuviese en aquella tesitura, subiendo y bajando por todo su sexo, jugueteando con su clítoris y entrando con rápidas penetraciones dentro de su humedecido coño.

Jorge bajó el ritmo de acoso y derribo con su lengua cuando vio que Clara se estremecía y agarraba con fuerza las sábanas. Esta, al sentir las lentas lamidas mientras un orgasmo recorría todo su cuerpo, acrecentaba más todavía, el placer que estaba sintiendo.

—Cielo, ahora te toca a ti —dijo Clara mientras agarraba con decisión la polla de Jorge. Este se dejó hacer y después de un par de minutos, se corrió encima de los voluptuosos pechos de Clara, mientras esta, lamía y relamía los restos de la esencia que todavía colgaban del pene de Jorge.

Jorge se tumbó al lado de Clara. La abrazó dulcemente, le dijo cosas cariñosas al oído y la besó en la boca. Después, se quedaron dormidos hasta que los primeros rayos de sol entraron por la ventana de la habitación.

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