viernes, 25 de enero de 2013

Microrrelato.


Solo la lectura de esta palabra me produce escalofríos que recorren todo mi cuerpo. Bueno, puede ser la lectura o el resfriado que tengo encima.

Siempre he admirado a los escritores que con muy pocas palabras, son capaces de contar y hacernos sentir tantas cosas; o esas frases célebres y famosas que nos han dejado los más grandes a través de los tiempos. Empezando por los filósofos de la antigua Grecia y acabando por Mou, The Only One.

Desde que se me ha dado por esto de la “escriturancia”, me he planteado hacer alguna historia corta. Todo empieza muy bien en mi cerebro, pero cuando me doy cuenta, voy por la página cinco de una breve historia que se  ha convertido ya, en todo un relato.

Pero también he de deciros, que me gustan los retos y me gusta empezarlos y acabarlos. Es más, os contaré aquí, en petit comité, que este verano pasado realicé una travesía a nado de 7.500 metros, acabando dignamente y con el hándicap de llevar los manguitos en los brazos. Embutido cual chorizo de cantimpalo en mi neopreno, llegué a la playa y sí, todavía había gente por allí, recibiendo a los 150 colgados que habíamos realizado aquella gesta.

Por eso, no hace mucho, me he planteado participar en un certamen de microrrelatos eróticos de 200 palabras exactas. Al final, pude sacar de mi mente, tres historias. Dos las colgaré aquí por haberlas descartado. La tercera va camino del certamen.

Espero y deseo que no abandonéis este blog, después de haber leído mis pequeños retos.

Un abrazo, porque besos no puedo, que estoy malito.


Anais se metió en la bañera donde dejó que el agua que salía del grifo, pareciese una ardiente fuente termal. Cuando la pila estuvo llena, la roció con sales de baño y se metió lentamente bajó el agua, buscando la relajación que no había encontrado en aquella larga noche al lado de Marko. Este, todavía dormitaba en su cama sin saber que Anais, había abandonado el lecho para poder hundirse en otros placeres. Le encantaba bañarse después de una noche de buen sexo junto a su joven y atractivo amante.

Se lavó su larga melena con lentitud, mientras sus pechos, con un ritmo cadencioso, salían y se sumergían en la ardiente agua de la bañera. Cuando cogió la suave esponja, no dejó un centímetro de su piel sin recorrer y al llegar al sensible y todavía húmedo sexo, se detuvo, temblorosa, al saber que todavía reclamaba alguna caricia más por su parte. Dejó la esponja y lo rozó con sus dedos, haciendo que sólo aquel pequeño masaje, arrancase de su garganta un leve pero placentero gemido. Acercó su otra mano a la boca y se mordió un dedo, voluptuosa, haciendo que sus labios, recordasen los besos de su querido Marko.         

martes, 22 de enero de 2013

El regalo. Segunda parte


Tres horas después, Mike volaba con su equipo en uno de los Jets privados hacia Dubai. Para él no era la primera vez viajaba hasta allí pues había estado ya en alguna que otra misión de la Central. Todavía recordaba la última y lo mucho que tuvo que trabajar en aquel harem con todas aquellas bellas mujeres de aquel rico magnate del petróleo. Sonrió y notó un ligero cosquilleo en su entrepierna que le hizo notar que su “amigo” también recordaba aquella estresante misión.

Como agradecieron que les devolviese a su marido de aquel secuestro Express perpetrado por uno de sus rivales en el negocio. Sobre todo aquellas dos mujeres, las más hermosas entre todas. Recordó sus manos quitándole la ropa con restos de sangre de los captores de su esposo, llevándolo hasta la bañera donde se metieron con él y lo bañaron durante más de media hora. Mientras una se dedicaba a darle un masaje por cuello y hombros, la otra subía por sus piernas, acariciándolo hasta toparse con el grueso sexo de Mike, que reaccionó al contacto de las sedosas manos de una de las esposas. Este se apoyó totalmente contra el cuerpo de la otra mujer, notando sus pechos contra su espalda. Su tupido sexo podía notarlo en la parte baja de su espalda y agradeció mentalmente, encontrar mujeres que no iban a la nueva moda de llevarlo todo completamente rasurado.

El hombre se dejó hacer por las expertas manos de aquellas dos mujeres, le encantaba el tacto de su piel color aceituna, sus cabelleras negras, sus ojos pintados que hacían destacar todavía más el color avellana de sus pupilas. La que estaba detrás dejó de masajearlo por los hombros y pasó sus manos hacia el torso de Mike, acariciando sus trabajados abdominales y pellizcando sus pezones que hicieron recorrer descargas de placer por todo el cuerpo del hombre.

La mujer que estaba ocupándose de las piernas de Mike, vio que el sexo de este estaba preparado para recibir el de ella; se colocó encima, y poco a poco, se lo introdujo, tratando de sentir como la magnitud del miembro del hombre se iba abriendo pasa entre las paredes de su oscura pero húmeda cueva de placer.

El ritmo cadencioso y pausado de la cabalgada, alargó durante muchos minutos el momento placentero que estaban viviendo los tres, en aquella bañera dorada, ya que Mike, siendo un caballero como era, había alargado una mano por detrás de su espalda y se había encargado manualmente de proporcionar todo el gozo que le era posible a la otra esposa del magnate de petróleo.

Dos horas más tarde, Mike subía al avión con su equipo, teniendo la satisfacción de haber realizado un gran trabajo sobre el terreno.

Era de noche cuando llegaron al aeropuerto internacional de Dubai, unos humers negros los estaban esperando a pie de pista. Entraron y fueron conducidos hacia uno de los edificios más famosos del emirato, la torre Burj Califa. John les informó de que los cuatro sospechosos se habían instalado en una de las suites corporativas y más concretamente en la planta 150 de la torre. Lo que no había conseguido averiguar era en cual de las suites de esa planta, estaría Katia con sus captores.

Ahora les tocaba el turno a Mike y a su equipo. Entrar, localizar a la joven y salir sin hacer ruido. Esa era la especialidad de cualquier agente secreto pero no la de Mike.

Lo primero sería pasar desapercibidos para las cámaras de seguridad de la entrada del gran vestíbulo. Dentro, casualmente, se encontraba la Comic-con que este año se organizaba en Dubai. Cientos de personas vestidas con los más variopintos disfraces de personajes de cómics y mangas en general. Los compañeros se buscaron la vida y se encargaron de tres star troopers que intentaban ligar con las varias princesas Leia disfrazadas de esclavas. 

Mike se vistió con un mono negro muy ajustado, se colocó bien sus gafas negras y se colgó una mochila a la espalda mientras John le iba dando indicaciones a los star troopers de lo que tenían que hacer. Cuando todo estuvo preparado, Mike subió a la planta 150 para tratar de encontrar a la chica secuestrada. Pero no pudo ni tan siquiera acceder al piso. Había dos matones al salir del ascensor que le indicaron que aquella planta estaba reservada y que no se podía estar en ella. Mike, fingiendo estar algo bebido, pidió disculpas y bajó un piso.

—John, hay dos bicharracos a la salida del ascensor, cámaras de seguridad en la entrada y pude ver alguna más en los pasillos.
—No te preocupes. Un par de los nuestros se están encargando de la parte técnica de esa planta. En unos segundos tendrás la 150 a oscuras.
—Muy, bien, ajustaré mis gafas en visión nocturna.
—Me confirman que en cuanto subas, tendrás oscuridad total durante cinco minutos antes de que se activen las luces de emergencia.
—Vuelvo a subir.
—Ten cuidado e intenta no hacer mucho ruido, pero si tienes problemas, la salida de emergencia está un piso más arriba.
Bye John.


(Mision imposible: Limp Bizkit)

Mike llegó a la planta 150 por las escaleras de emergencia, justo en el momento que se abrieron las puertas del ascensor donde entraron los matones y del que no volverían a salir. Una pequeña granada sónica los dejaría atontados durante un buen rato. La oscuridad de la planta era total ya que se habían bajado las persianas de seguridad y las gafas que llevaba puestas se activaron en visión nocturna.

El cronómetro de su reloj comenzaba a descontar los segundos que le quedaban antes de que la luz volviese a toda la planta. Corrió por toda ella hasta que vio salir por una de las puertas a un hombre armado con una pistola y que buscaba a tientas el interruptor de la luz del pasillo. Mike se encargó de él con una patada voladora que lo dejó inconsciente. Recogió su arma y entró en plan comando en la suite donde suponía que tendrían retenida a Katia.

Y allí estaba ella, completamente desnuda, abierta de piernas y atada sobre unos arneses que colgaban del techo. Había un par de tipos embutidos en unos trajes de cuero y argollas por todas partes. Media docena de gerifaltes apoltronados en unos grandes sillones y cuatro hombres armados tomando unas copas en una improvisada barra de bar.

Mike se dirigió primeramente hacia el lugar donde estaban las amenazas más peligrosas y se encargó de los matones más cercanos, les arrebató sus armas automáticas y se cargó a los cuatro sin apenas esfuerzo. Un tiro en la cabeza los más afortunados y los otros, en el pecho donde les abrió un buen boquete. Después, eliminó a los dos hombres “en cueros“ que corrían a ciegas con sus látigos y juguetes de tamaños considerables.

Los mandamases también recibieron su ración de plomo antes de liberar a Katia de sus ataduras. 

—¿Estas bien? ¿Te han hecho algo?
—Me han estado manoseando todo el rato y has entrado en el momento que iban a empezar con esos gigantescos penes de látex —dijo la joven algo aturdida.

En ese momento, la luz volvió repentinamente y las gafas de Mike se volvieron nuevamente oscuras.

—John, algo va mal, solo han pasado tres minutos y ya tengo luz por aquí.
—Sal pitando, los disparos van a atraer hacia ti al resto de matones de todo el edificio y el cuerpo de seguridad de la torre.
—Entendido, tengo a la rehén, parece algo drogada. Eliminados todos los sospechosos y reconozco a varios Domine durmiendo en los sillones.
—¡Plan B, tus chicos no pueden ayudarte, Plan B!
—¿Es este tu vestido? —le preguntó a Katia que no había reaccionado del todo.
—No lo sé, ¿dónde estoy?

Mike le puso el vestido y la cogió en brazos al ver que Katia no se sostenía en pie todavía. Corrió hasta los ascensores, pero John le indicó que no era buena idea. Salió por las puertas de las escaleras de emergencia y subió hasta el piso de arriba, perseguido por los hombres de los mandamases que había dejado “durmiendo” en sus cómodos sillones.

Una ráfaga de plomo quedó incrustada en la pared y había pasado a escasos centímetros de la cabeza de Katia.

—¿Cuánto pesas?
—Cincuenta kilos.
—¡Dime tu peso verdadero! —grito el hombre corriendo hacia uno de los grandes ventanales de la planta 151.
—¿Cincuenta?

Mike cogió un pequeño mando a distancia e hizo estallar unas pequeñas cargas de explosivo que hicieron volar el gran ventanal que caería al vació y sobre los jardines de la torre.

Unos segundos antes del salto, las balas volaban por encima de sus cabezas y eso hizo despejarse totalmente a Katia.

—Cincuenta y ocho, peso cincuenta y ocho kilos.
—Entonces nos vamos a estrellar —le dijo Mike con una gran sonrisa.

Pero el salto al vacío estaba ya dado.

Katia se aferraba al cuerpo de Mike como una cría de mono a su madre. El hombre le agarraba la cintura mientras descendían a gran velocidad hacia el suelo.

—¡Necesito que te agarres más fuerte. Pasa las piernas alrededor de las mías! —le gritó al oído.

Pero Katia lo único que podía hacer era gritar lo más fuerte que podía.

Entonces Mike soltó una de las manos que tenía agarrada a la cintura de Katia y soltó el pequeño paracaídas de emergencia que se abrió sin ningún problema. Al notar que perdía sujeción, Katia se aferró tal y como le había dicho Mike y pasó sus piernas alrededor de las de él.

—¡Tengo que soltar la otra mano, necesito dirigir el paracaídas a un lugar seguro, fuera del alcance de los tiradores de la torre! ¿Estás prepara?
—No, no lo estoy —pero Mike no hizo caso y soltó la otra mano con la que agarraba la cintura de la joven. Durante unos segundos, con sus manos y su cuerpo, controló la dirección de la caída y cuando estaban a cien metros del suelo, desplegó el paracaídas que se abrió con tal fuerza, que el hombre tuvo que agarra a Katia para que esta no lo soltase. Después de asegurarse que estaba perfectamente agarrada, dirigió el paracaídas a una zona residencial y aterrizaron dentro de una gran piscina donde se deshicieron rápidamente del paracaídas ya que este, estuvo a punto de ahogar a la joven.

—Tenemos que salir de aquí cuanto antes. Desde la torre han podido ver nuestro lugar de aterrizaje.
—Dios mío, tú eres Rafa, el limpia cristales.
—Si lo soy.
—Pero, pero, p…
—Pero en mis ratos libres me dedico a rescatar a bellas damiselas en apuros. Ahora tranquilízate un momento.
—¿Qué me tranquilice? Me han raptado, me han drogado, me han traído a un país extraño sin mi consentimiento, me han desnudado delante de unos vejestorios, me han atado, manoseado y casi violado con unos consoladores tamaño caballo, me han disparado y he saltado desde una torre de no sé cuantos pisos y sin paracaídas y ¿me pides que me tranquilice?
—Te olvidas de que casi te ahogas con el paracaídas.
—Y el que supuestamente me ha salvado es un limpia cristales con aires de espía tercermundista.
—Vaya, eso me ha dolido.
—Que te den, tío, no pienso tranquilizarme ni quiero hacerlo.
—Tienes todo el derecho para estar así, pero necesito que estés tranquila y que dejes de gritarme. Te he salvado la vida.
—No quiero hacerlo y te gritaré lo que a mí me venga en gana.

Pero Mike no estaba dispuesto a ello. Le dio un cabezazo que la dejó inconsciente. Después la echó sobre su hombro como si se tratase de un saco de patatas y se la llevó de aquella zona residencial.

Tres de días más tarde, Katia estaba tumbada en la cama. Todavía no recordaba muy bien lo que había pasado desde que les había entregado los billetes a aquellos hombres en el hotel. Era como si no recordase nada de lo que había pasado en ese par de días. Y eso que Cloti le había dicho que la habían encontrado sin conocimiento tirada en un callejón cercano al hotel. Parece ser que le había dado una lipotimia por el calor y se había dado un buen golpe en la cabeza en la caída. Aun así, no recordaba nada de lo acontecido.

Rafa la había encontrado y la había llevado al hospital donde permaneció un día bajo supervisión médica. Marga fue a buscarla cuando le dieron el alta y le dijo que se tomase esos días de merecidas vacaciones y que entre ella y Cloti tratarían de despachar todo el trabajo. Además, le llevaba un sobre con un extra por haber llevado los billetes al hotel y que los agradecidos clientes le habían dejado en la recepción del Rich.

Katia le pidió a Cloti que le diese las gracias a Rafa, pero otro chico lo había sustituido para la limpieza de los ventanales aquellos dos días. Y por lo que ella había averiguado parece ser que había dejado el trabajo sin dejar rastro alguno. Todas las mujeres de la zona se habían quedado sin el macizo limpia cristales de Rafa. Y para rematar su decepción, las tormentas veraniegas hicieron su aparición en la ciudad haciendo que el buen tiempo se alejase por unos días.

Tres días más tarde, Katia recibió un mensaje en su móvil. Era de Rafa. Le decía que si todavía estaba interesada en contactar con él, lo único que tenía que hacer era estar esa misma noche y a partir de las once, en la primera farola del malecón con una gabardina negra, unas gafas y una pañoleta. Él la recogería con un vehículo y la pasearía por toda la ciudad. A Katia, en un principio, le pareció ridículo lo de llevar gafas a esas horas de la noche, pero después pensó que así nadie la reconocería.

A las once en punto, estaba tal y como le había pedido Rafa en la primera farola del malecón. Apunto estaba ya de diluviar, cuando este apareció con una gran limusina que hizo sonreír de oreja a oreja a la joven. Rafa salió del gran vehículo, vestido con un elegante esmoquin, le ayudó a subir y la acomodó enfrente de él.

—John, por favor, danos una vuelta por la ciudad.
—Como usted diga.

La limusina arrancó y Rafa comprobó que Katia por debajo de su gabardina llevaba unas medias con liguero. Este le dio su aprobación y esta, sacándose las gafas, descruzó y cruzó nuevamente las piernas. No llevaba ropa interior y el hombre pudo ver el pelirrojo sexo de la joven.

—Sabes que eres preciosa, ¿verdad?
—Bueno, no me veo mal delante del espejo. Pero me ha sorprendido verte en limusina ya que un simple limpia cristales no creo que tenga tanto dinero para estos lujos.
—No veas tú la de vidrieras que he tenido que limpiar para conseguir este cochazo con un chofer tan obediente con este.

Katia se rio con ganas y se acercó a Rafa. Él le pasó la mano por el cuello y la atrajo hacia su boca. Se dieron un largo beso y sus lenguas jugaron en un principio despacio para después luchar con lujuria dentro de sus bocas.

La joven se quitó la gabardina y Rafa admiró el corpiño que realzaba la figura de Katia y sus bonitos pechos perlados de pecas. Sus pezones sonrosados llevaban duros un buen rato y el hombre los miro con lujuria, como si quisiese comérselos con los ojos. Se quitó la chaqueta, se aflojó la pajarita y se desabotonó la camisa. Ella por su parte, se colocó a horcajadas encima de Rafa y se movió insinuante, con los pechos muy cerca de la boca de aquel hombre que comenzaba a estar muy caliente debajo de su pantalón.

—¿Quieres que le diga a John que suba el cristal?
—No, me da mucho más morbo así. Que nos vea si quiere.
—Es tu noche, tú eliges.
—Elijo quitarte el pantalón. Creo que hay algo por ahí abajo que está subiendo y aumentando de tamaño.
—No hay problema, no hará falta ni que te muevas.

Rafa apoyó el peso de su cuerpo en sus piernas y levantó un poco su cintura con Katia encima. Se bajó los pantalones, sus bóxer y reposó su duro trasero contra el cómodo asiento de la limusina. Katia se acomodó lo mejor que pudo y se pegó al grueso sexo del hombre que la agarraba por la espalda para atraerla más hacia él.

Mechones de pelo reposaban encima de los pechos de Katia y se mecían al son de sus caderas mientras Rafa, la abrazaba con fuerza, como si no quisiese que aquel abrazo terminase nunca. Ella le acariciaba el pelo y desde esa corta distancia podía ver las canas que iban colonizando poco a poco, el pelo negro del hombre.

En unos segundos y sin que la joven pudiese hacer nada por la fuerza de aquel dios griego, este la tumbó y colocó la cabeza entre sus piernas, lamiendo con deseo los fluidos de Katia y los suyos propios que se habían adherido a la blanca piel del abdomen de la joven.

Katia le agarraba la cabeza con fuerza como si intentase meter toda la cara de Rafa dentro de su sexo, quería… necesitaba que él estuviese dentro de ella, lo deseaba desde el día que lo vio tras las grandes cristaleras de la Agencia de Viajes. Así se lo hizo saber, pero Rafa no aflojaba en su empeño de lamer toda la miel que salía de aquel cántaro divino. Y fue así como Katia no pudo aguantar más y entre bufidos, groserías y tirones de pelo, tuvo su primer orgasmo de la noche mientras veía como el fiel John, observaba impertérrito la escena desde el espejo retrovisor.

Todavía no se habían desvanecido los ecos del primer orgasmo cuando Rafa volvió otra vez a la postura inicial con Katia sentada a horcajadas sobre él. Con sus ágiles dedos, que eran capaces de desactivar en segundos complicados artilugios creados para estallar, quitó uno a uno los corchetes del corpiño de Katia que agradeció aquel gesto con una sonrisa en sus labios.

—¿Te puedo quitar yo la camisa? —le preguntó.
Quid pro quo, mi querida y bella Katia.

Esta le arrancó la camisa, literalmente y la dejó encima de su ropa.

—Podías haber sido un poco más cuidadosa, no sabes lo caras que van esas camisas.
—Uy, lo siento, yo no quería —dijo Katia poniendo cara de niña buena —bueno, esto compensa lo de no hacerme caso hace unos momentos cuando te estaba pidiendo que parases y metieses dentro de mí otra cosa que no fuese la lengua.
—No te había entendido bien, con los tirones de pelos que me dabas.
—Como sois los hombres, tenemos siempre que guiaros y enseñaros en todo lo que hay que hacer —dijo Katia mientras levantaba un poco sus caderas, agarraba el enhiesto sexo de Rafa y poco a poco, lo iba introduciendo en el de ella.
—Ves como era mejor tenerte más receptiva. Mi amiguito no suele entrar en todos los lugares si estos no están preparados para recibirlo.
—Entonces retiro lo dicho, sabes lo que se hace —dijo Katia moviéndose muy despacio y lubricando por entero el falo de su partenaire.

Rafa le agarraba el trasero, dejándole las marcas en su blanca piel por la presión ejercida con sus dedos. Ella se movió despacio en un principio, pero poco a poco, aumentó en intensidad su cabalgada, subiendo y bajando con más rapidez hasta que Rafa estuvo próximo a su orgasmo y justo en ese instante, la joven detuvo su frenético ritmo quedando solo con la punta del sexo dentro de ella.

—Todavía no, guapetón.
—Sabes que podría obligarte solo con apoyar mis manos en tus caderas —dijo Rafa resoplando.
—No lo harás si sabes lo que te conviene.

Cuando Katia notó que Rafa estaba algo más tranquilo se dejó caer por entero con todo su peso y volvió a repetir este movimiento unas cuantas veces más, hasta que Rafa, volvió a sentir nuevamente los prolegómenos del orgasmo. La joven, volvió a detenerse.

—Una cosa, guapa, la limusina va por horas.
—Lo siento, pero estoy a punto yo también y me encantaría que fueses un caballero y esperases por mí para hacerlo.
—Vaya, me has tocado la fibra sensible. Aguantaré todo lo que me pidas.
—No te preocupes, no me queda mucho ya.

Rafa agarró con una mano, uno de los pechos de Katia y el otro se lo metió en la boca ejerciendo una leve pero cadenciosa presión con su lengua. La joven comenzó a moverse rítmicamente y el roce del vello púbico de ambos sexos, hicieron que las oleadas de placer comenzasen a hacer su aparición en los cuerpos de los amantes.

Pero Katia todavía no estaba dispuesta de abandonarse al placer. Le pidió cambiar de postura por última vez y se sentó ofreciéndole una panorámica de su hermoso cuerpo al atento chofer de la limusina. Rafa, sorprendido pero demasiado excitado para protestar, hizo resbalar una de sus manos por todo el cuerpo de la joven y acarició lentamente el henchido botón del placer que hizo aumentar el ritmo frenético de las embestidas de Katia, hasta que con un prolongado gemido, esta se derrumbó sobre el torso de un satisfecho Rafa.


Las cápsulas se iluminaron, se abrieron y de su interior emergieron dos ancianos octogenarios, que salían sonrientes y contentos.
—Esta vez, John, lo ha bordado —dijo la mujer arreglando su camisón.
—Y con dos fotos antiguas nuestras ha creado dos avatares buenísimos y que decir del mundo virtual, es excelente.
—Me lo he pasado genial, he disfrutado muchísimo de esta aventura. Pero la próxima vez, deja que los encapuchados hagan un poco su trabajo. Aquellos juguetitos parecían muy divertidos.
—Katia, tu siempre tan dispuesta a disfrutar de estas aventuras.
—¿A pesar de la edad?
—Pues claro, a pesar de la edad.

Katia miró el pijama que llevaba el hombre y le lanzó una sonrisa.
—Don Rafael, ¿no le había dicho el médico que no podía tomar Viagra por sus problemas de corazón?
—No la he tomado, mi querida Katia. Es por esta historia que me ha puesto juguetón.
—Pues tendremos que arreglar eso cuanto antes. Todavía me quedan ganas a pesar de lo ocurrido en la limusina.
—Está bien. Más tarde llamaré a John y le daré las gracias por su regalo.

viernes, 18 de enero de 2013

El regalo. Primera parte





¿Que tendrá que ver, una pelirroja pecosita de ojos bonitos y de bella sonrisa, con uno de los protagonistas de la exitosa serie True Blood? Si seguís leyendo lo comprenderéis. Este relato lo he divido en dos partes, el lunes colgaré la continuación. Espero que gusta tanto a las féminas como a todos los machos alfa que leen este blog. Sin más preámbulos, os dejo con El regalo.


Katia se levantó aquella mañana de muy mal humor. Solo llevaba una quincena de sus merecidas vacaciones, cuando Marga, su jefa, la llamó de la agencia de viajes donde trabajaba para que se reincorporase urgentemente al trabajo. Una compañera se había puesto de parto dos meses antes de lo previsto y las tareas se le estaban acumulando a su otra compañera, Cloti, que hacía lo que podía atendiendo el teléfono que no paraba de sonar y a la gente que se acercaba a la agencia para contratar su paquete de vacaciones.

Como se había levantado temprano, se dejó estar algún tiempo más bajo la ducha. El agua caliente le había dejado la piel insensible al calor y el color sonrosado destacaba sobre su tez blanquecina y pecosa. Su pelirrojo cabello estaba algo enmarañado, pero Katia se encargó de desenredarlo con un suave acondicionador con olor a cítricos que la hizo volver por unos instantes a sus días de vacaciones, cuando se levantaba a horas intempestivas y solo se lavaba el pelo por el simple hecho de disfrutar de los masajes que ella misma se prodigaba sobre el cuero cabelludo.

Antes de vestirse, se maquilló un poco con algo de rímel para las pestañas que hicieron destacar sus bonitos ojos de color gris y un toque sutil de pinta labios rosado. Se puso un vestido corto y vaporoso pues el calor comenzaba a hacerse notar a pesar de que todavía era temprano. Bajó a la calle y comenzó a andar con su paso rápido habitual de día de trabajo. Había cambiado sus zapatos bajos y cómodos por unos de tacón que estilizaban sus largas piernas y marcaban sus pantorrillas.

Cuando llegó a la agencia se encontró con Marga, su jefa, que estaba levantando la verja de su centro de trabajo. Se saludaron y esta volvió a pedirle disculpas por haberle hecho ir a trabajar estando en su periodo vacacional.

—No te preocupes, Marga. Las circunstancias de la vida son así.
—Aun así te lo agradezco muchísimo.

Cuando Cloti llegó poco después, la puso al día de todas las tareas pendientes. Katia dio un profundo soplido y se puso manos a la obra. A media mañana, tenían casi al día el trabajo acumulado y entre ella y Cloti despacharon a todo el mundo que se acercaba para reservar sus vacaciones, recoger los billetes o resolver las dudas de última hora de que lugar escoger para pasar unos días de relax.

Como estaban en horario de verano, trabajarían hasta las tres de la tarde y muy cerca de esa hora, Cloti se marchó un momento a asearse.

—Va a llegar Rafa.
—¿Nadal?
—El limpia cristales.
—Ah, vale, y se puede saber ¿qué tiene que ver que llegue ese tal Rafa para que te hayas puesto las tetas tan arriba?
—Es verdad, se me había olvidado que tú te has reincorporado accidentalmente al trabajo. Rafa es el nuevo limpia cristales y es un hombre muy atractivo. Soltero, sin cargas familiares y con un físico imponente.
—Vaya, sí que sabes cosas de él. ¿Y todo eso supongo que lo has averiguado solo de verlo a través de la cristalera?
—Para nada, me lo he intentado ligar, y la verdad es que se resiste. Y eso me encanta, que se haga el tipo duro.
—Claro, para fácil ya estás tú.
—¿Qué has querido decir con eso?
—Nada, Cloti, nada.

Marga salió de su despacho y le dejó dos encargos antes de marcharse, el primero fue para Katia tenía que cerrar ella la agencia mientras Cloti tendría que llevar unos billetes a unos de sus clientes en el Rich, ya que no podían pasar a recogerlos y los necesitaban urgentemente.

Cloti salía por la puerta cuando Rafa llegaba hasta la agencia. Esta lo saludó y le dijo que si necesitaba algo, estaba allí su compañera para poder atenderlo. Katia se dirigió a la salida y notó el calor que entraba con la puerta abierta. El hombre le pidió pasar al baño para llenar dos calderos de agua y así poder limpiar las grandes cristaleras de la agencia. Ella lo dejó pasar y al rato, Rafa salió para hacer su trabajo. Se quitó la parte de arriba del mono y lo ató con las mangas a la cintura. Debajo llevaba una camiseta de asas y Katia comprobó que aquel hombre estaba en muy buena forma y que Cloti no había exagerado ni un ápice la descripción que la había dado sobre él.
Alto, atractivo, fibrado y con un torso marcado donde destacaban sus abdominales por debajo de la camiseta. Su barba de varios días le daba un aspecto muy masculino y alguna que otra cana destacaba sobre su pelo negro. Katia se sentó nuevamente en su asiento e intentó acabar con los últimos encargos que le habían llegado por correo electrónico. Decidió que lo mejor sería concentrarse en ellos porque cuanto antes lo hiciese, antes acabaría de poner al día el trabajo acumulado. Pensó que con dos o tres días, Marga la mandaría nuevamente de vacaciones con algún extra en el bolsillo.

Después de un par de minutos levantó la vista y sonrió al observar como un grupo de jovencitas se habían sentado en un banco que quedaba enfrente de la agencia. Estas, se estaban deleitando con la visión de aquel Adonis que se dedicaba a limpiar los cristales de los negocios por toda la ciudad. ¿Cómo habría acabado aquel hombre haciendo ese trabajo? pensó Katia para sí misma.

Cada vez hacía más calor y pensó que allí fuera la temperatura rondaría los treinta y cinco grados de temperatura. Vio como Rafa sudaba copiosamente y entre eso y el agua que utilizaba para refrescarse de vez en cuando, la camiseta la llevaba totalmente pegada a su torso. Katia, sin saber como, notó como sus manos estaban colocadas entre sus piernas y como su calor corporal iba en aumento. Cogió el mando a distancia del aire acondicionado y lo bajó unos cuantos grados con lo que su piel, al notar el cambio de temperatura, protestó erizando los pelillos de sus brazos y colocando erguidos sus pezones, que sobresalían bajó su vestido.

Katia decidió entonces cambiar de lugar y se dirigió al mostrador donde estaría más refugiada de la toma de aire. Allí también estaría más protegida de las miradas furtivas de que muy de vez en cuando, le dedicaba el escultural Rafa. Trató de concentrarse en su trabajo, pero no le fue posible. Sus pezones, a pesar de que allí ya no les daba el aire, todavía seguían enhiestos y demandaban algo de cariño por parte de la joven pelirroja.

Cruzó sus piernas lentamente y percibió que sus pechos no eran los únicos demandantes de sus caricias ya que su sexo estaba húmedo y no solo por el calor que hacía. Volvió a descruzarlas y notó una pequeña satisfacción entre sus piernas que iba en aumento cada vez que se movía nerviosa sobre la silla. Fuera, las jovenzuelas se habían aprovisionado con helados y se habían calado sus gorros y viseras a la cabeza, para no sufrir una insolación. Mientras Rafa, seguía a lo suyo y con cada movimiento de sus brazos, estos se marcaban todavía más. Katia ya no sabía que hacer pues su cuerpo demandaba sus atenciones con urgencia y a su vez quería terminar con sus tareas pendientes.

Tomo una drástica decisión y decidió que el placer sería antes que el trabajo. Bajó lentamente con sus manos por el vestido y notó como su cuerpo se ponía en tensión como si supiese lo que iba a pasar a continuación. Las metió entre sus piernas y notó como el calor que desprendía era ya sofocante. Se abrió un poco más para que sus manos tuviesen un fácil acceso y tocó ligeramente las humedades de su ropa interior. Al hacerlo, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y casi se le escapa un placentero gemido de su boca, que logró retener mordiéndose los labios.

Con la experiencia adquirida con el paso de los años, movió con rapidez sus dedos y levantó un poco la tela de sus braguitas para poder tener un acceso más cómodo a su lugar más íntimo. Este recibió de buen agrado los cálidos dedos de Katia y los humedeció con su néctar más preciado. Aquella situación excitaba más si cabe a la joven que estaba sentada detrás de aquel mostrador del que solo sobresalía su cabeza. Para cualquier transeúnte que la viese desde fuera, le sería imposible adivinar que estaría haciendo la guapa pelirroja tras aquel parapeto de madera.

Pero Rafa no era un transeúnte cualquiera y los detalles para un hombre suspicaz como él, no pasaban desapercibidos.


Katia sentía la necesidad de acabar cuanto antes con aquella dulce tortura y sabía muy bien como hacerlo. Apretó sus nalgas, cruzó sus piernas una vez y dejó una de sus manos en medio jugando con su sexo. La presión ejercida hizo el resto. El orgasmo estaba cada vez más de cerca y Rafa, desde el otro lado del cristal estaba ya terminando con su tarea de limpieza. La joven se concentró en el cuerpo del hombre, deseo que entrase en la agencia y la poseyese allí mismo, encima del mostrador, mientras las jovencitas se quedaban con las ganas de tenerlo entre sus manos. Y solo unos instantes antes de que a Katia le sobreviniese el orgasmo, una llamada a su móvil interrumpió aquel tórrido momento entre su cuerpo y su mente.

Muy a su pesar, cogió el teléfono pues era Cloti la que estaba al otro lado de la línea. Se había torcido un tobillo y estaba sentada en un banco siendo atendida por unos atractivos agentes de policía, por lo que necesitaba a alguien que llevase los billetes urgentemente al hotel donde los estaban esperando.

Katia se acordó de toda la familia de Cloti, pero no podía dejar a aquellos clientes sin sus billetes. Se compuso lo mejor que pudo, salió de la agencia y le preguntó a Rafa si la necesita ya que ella tenía que marcharse rápidamente para cumplir con un encargo.

—No hay problema, ya estaba terminando. Espero que usted haya terminado con lo que estaba haciendo.
—¿Yo? No estaba haciendo nada, quiero decir, si lo estaba haciendo, pero no lo que usted cree… esto no, estaba trabajando.
—Que suerte tiene, se la veía tan feliz con lo que estaba haciendo, en cambio, yo, con este calor…
—No se queje tanto, tiene un montón de admiradoras ahí detrás. Podría abrir una guardería con todas ellas.

Rafa le sonrió e hizo sonrojarse a Katia un poco más pues todavía no se había sacado todo el acaloramiento corporal del frustrado orgasmo por culpa de aquella llamada de su compañera Cloti.

Veinte minutos más tarde, cuando el hombre estaba ya recogiendo sus bártulos de limpieza y metiéndolos en su furgoneta, recibió una llamada a su móvil. Era un número que conocía bien y que le indicaba que las cosas no iban bien del todo.

—Mike, los sospechosos se han largado del hotel con un paquete. El equipo uno fue descubierto y hay tres agentes heridos.
—¿El equipo dos los está siguiendo?
—El equipo dos está todavía con la empleada de la agencia. Se torció un tobillo y está siendo atendida por un par de agentes de la policía.
—¿Y el nuevo paquete?
—Una pelirroja.
—Mierda. ¿Alguien tiene idea de hacia donde han ido?
—Negativo.
—¿Dónde está Cloti? Tengo que hablar con ella.
—Está a un par de manzanas de la agencia.
—Voy para allá. Necesitamos información.

Rafa cerró de un portazo la puerta de la furgoneta y corrió hacia el lugar indicado en el GPS de su móvil que le indicaba exactamente la localización de Cloti. Cuando llegó jadeante al lugar, la vio con los dos agentes, conversando amigablemente con ellos. Cuando ella lo vio llegar, se puso en pie, ayudada por uno de los policías.

—¿Qué pasa Rafa? ¿Te has quedado sin agua para limpiar?
—¿Sabes dónde esta la chica pelirroja que trabaja contigo?
—¿Katia?
—Si, se ha dejado la puerta abierta y como dijo que iba a volver para cerrarla y no ha vuelto todavía, pues me he preocupado un poco por ella.
—Vaya, pues como yo me he torcido un tobillo y tenía que llevar unos billetes urgentemente al hotel Rich para unos clientes, la llamé para que viniese a recogerlos y los llevase ella misma personalmente al hotel. Pero es raro que se haya dejado la puerta abierta de la agencia. Katia no es para nada despistada. Cosa que no puedo decir de mí que soy algo despistadilla y no soy capaz de recordar el nombre de estos amables agentes de la ley —dijo Cloti sonriéndoles a los dos policías.
—¿Sabes el destino de esos billetes?
—Rafa, eso es información confidencial… pero te diré que les eché un vistazo y Qatar era su punto de destino. Compañía Qatar Airlines.
—Gracias Cloti, te debo una.
—De nada guapetón y no te preocupes por la puerta, estos agentes me acercarán en su coche patrulla hasta la agencia y cerraré yo misma la puerta.

Rafa echó a correr nuevamente y mientras lo hacía llamó por su móvil.

—John, se dirigen al aeropuerto, destino Qatar.
—Lo he escuchado, acabo de enviar un equipo inmediatamente hacia allí.
—Necesito un medio de transporte que me lleve hasta el aeropuerto.
—El equipo dos te proveerá de uno. Dobla la esquina y te los encontrarás esperando órdenes. En el aeropuerto tendrás todo lo que necesites.

Al doblar la esquina, Rafa se encontró con dos motoristas que lo aguardaban. Cruzó unas palabras con ellos y uno se quitó el casco y se lo dio. En unos minutos, el hombre se movía a gran velocidad entre el tráfico de la autopista que lo llevaba hacia el aeropuerto que estaba a las afueras de la ciudad. Al llegar, dejó la moto de gran cilindrada en el aparcamiento y se dirigió a la carrera hacia la Terminal de vuelos internacionales. A sus cuarenta años, todavía estaba en muy buena forma y por eso se podía permitir el lujo de correr de un lado para otro sin desfallecer a pesar del calor sofocante que había en ese caluroso mes de Julio.

Cuando entró en el aeropuerto se encontró con uno de los equipos que acababa de llegar al igual que él al aeropuerto. Vestían todos de traje y le pasaron una gran bolsa donde había un traje, unos zapatos y un emisor-receptor para el oído por el que podía hablar y escuchar a su fiel John, hablándole de que no localizaba a los sospechosos en ninguno de los vuelos de Qatar Airlines.

—¿Vuelos privados?
—Lo he pensado, pero no tengo acceso a esos datos desde aquí. Ese aeropuerto en concreto tiene uno de los mejores cortafuegos del mundo y tardaré unas horas en acceder a su servidor.
—No tenemos ese tiempo. Necesitamos esos datos cuanto antes.
—Mike, ¿recuerdas Heathrow?
—¿Katty?
—Podrías utilizar la misma táctica.
—No sé que pensáis de mí en la Central pero creo que estáis todos muy equivocados. No soy James Bond para que las mujeres caigan a mis pies con solo mirarlas.
—Bueno, eso no es del todo cierto. Tenias un grupito de adolescentes a las cuales se les derretían más los helados por mirarte que por el calor que hacía a esas horas al lado de la agencia.
—Vete a la m….
—Mike inténtalo, no pierdes nada.

Rafa se separó del equipo y se dirigió hacia los mostradores de los vuelos privados. Había dos empresas que ofrecían sus servicios y que llevaban pasajeros hasta Oriente. En una de ellas, un atractivo rubio de ojos azules, atendía con gran esmero a un rico jeque y a sus seis esposas. En el otro mostrador había una mujer con cara de aburrimiento que estaba mirando una y otra vez la pantalla de su ordenador, comprobando que los vuelos que tenían contratados saldrían todos a sus respectivas horas y sin retraso alguno ya que su compañía se jactaba de ofrecer uno de los mejores servicios y entre ellos, la puntualidad en las salidas y llegadas a sus destinos.

Rafa se dirigió hacia ese mostrador, se puso sus gafas negras y le hablo a la empleada.

—Buenas tardes. Necesito que me dé una información.
—Buenas tardes, ¿qué desea?
—Necesito saber quien va en los vuelos de su empresa que se dirigen a Qatar.
—Lo siento, esa información es confidencial. Si quiere contratar alguno de nuestros jets privados, me gustaría ofrecerle uno que vuela hacia Qatar mañana a primera hora.
—No lo entiende. Estoy en una misión secreta y necesito saber los vuelos privados que se dirigen hacia ese país. Hay vidas que corren peligro si usted no me da esa información.
—¿Está de broma?
—Negativo, soy agente secreto y una mujer ha sido secuestrada, y sus secuestradores la llevan hacia Qatar para convertirla en su esclava sexual.
—No me diga, y ahora es cuando Tom Cruise desciende del techo y se queda a escasos centímetros del suelo, intentando que no se le caiga una gota de sudor al suelo que haga saltar las alarmas, ¿verdad?
—Ese es un nenaza a mi lado.
—Lo siento, pero tengo mucho trabajo para estar jugando a espías con usted.
—Val, ¿la puedo llamar así? —dijo Rafa poniendo su voz más sexi.
—¿Dígame que pone en la chapita de identificación?
—Valeria.
—Entonces llámeme como pone en mi identificación, por favor.
—Valeria, se lo pido por favor. Este es un asunto de vida o muerte y no estoy bromeando.
—Si no abandona este mostrador en menos de treinta segundos, tendré que llamar a la seguridad el aeropuerto y le puede explicar a ellos todo ese asunto de la chica secuestrada.
—¿Cuánto hace que no te echan un buen polvo, mi querida Valeria?
—Vaya, un simpático… Seguridad —dijo la mujer descolgado el auricular de su teléfono— hola buenas tardes, tengo una caballero, por llamarlo de alguna manera, que me está molestando y necesito que envíe a alguien para que se lo lleve y le de un buen repaso sobre como se ha de tratar y como se ha de ser educado ante una mujer. Muy bien, espero su llegada.

Rafa se quedó sonriente ante ella y ella le sonreía de la misma manera. En menos de un minuto se presentaron dos agentes de seguridad del aeropuerto que se llevaron en volandas al pesado del mostrador y le pidieron a la señorita Valeria que los acompañase hasta la parte de detrás de su oficina. Cuando los cuatro estuvieron dentro, uno de aquellos agentes de seguridad inyectó un narcótico a la mujer que la hizo dormir durante unas horas, mientras, Rafa ya trasteaba con el ordenador y averiguaba todo lo concerniente a los vuelos que habían salido o iban a salir aquel mismo día.

—Hace quince minutos que ha despegado un jet con destino hacia Dubai. Cuatro hombres. Te envió los datos.
—Vale, son ellos. Son los mismos nombres que han utilizado en el hotel Rich. Los billetes que encargaron podían haber sido unos señuelos para nosotros.
—No dice nada sobre alguna mujer o algún bulto que no fuesen sus maletas de mano.
—Un buen fajo de billetes puede hacer callar muchas bocas.
—Lo sé. ¿Puedes conseguirme…?
—Ve a la ventanilla de al lado y habla con el guaperas, te estoy reservando un jet para ti y para el equipo del aeropuerto para que vayáis de vacaciones al desierto. Por cierto, la táctica del agente secreto chulito y borde nunca falla.
—Gracias John, no sé que haría yo sin ti.

martes, 15 de enero de 2013

David Gandy, THE MAN


Hace tiempo, cuando vi este anuncio por primera vez, aluciné con el cuerpo de este modelo. Para mí, el Top de los Top. Siempre creí que si me ponía un bañador con el que David lleva en el anuncio de Dolche & Gabbana, mi cuerpo cambiaria al instante y me dedicaría a ir por la playas y piscinas luciendo palmito. Craso error. Para tener un cuerpo como el de Gandy, hace falta mucho gimnasio y algo de genética que ayuda también bastante.

Aquí os dejo, para todas vosotras y para celebrar las 1.000 visitas al blog, tres videos de este impresionante espécimen masculino. Así que, poneros cómodas, pañuelos cerca para secaros el sudor u otras partes del cuerpo y disfrutarlo lo mejor que podáis.

Un abrazo.












viernes, 11 de enero de 2013

Dime algo bonito


Pepe y Juana llevaban casi treinta años casados. Su vida se había convertido en pura monotonía y muy pocas cosas se salían de la rutina. Sus vidas estaban entre el trabajo y la casa. Pero os contaré lo que ocurrió una semana en concreto.

Lunes: Pepe se levantó como cada mañana, para ir a trabajar. Ocho horas de oficina y para casa donde Juana le estaba esperando con la cena preparada. Cenaron juntos, vieron un poco la televisión y se acostaron. Los dos se durmieron abrazados.

Martes: Pepe se levantó para ir a trabajar. Sus compañeros de trabajo le comentaron que había un video nuevo en internet donde salía una mujer, con muy poca ropa y que al saltar, se les salían los pechos. Pepe lo vio con ellos y todos se rieron, aunque la buena moza, hizo que se despertase algo en él que llevaba mucho tiempo dormido. Cuando llegó a casa, Pepe abrazó con fuerza a Juana, le dio un beso y le dio un toquecito en el culete. Cenaron, vieron un poco la tele y se fueron para cama. Allí Pepe, arrimó su “soldadito” contra las cachas de Juana, pero esta, notando el prominente miembro de su marido, le dio una culada y se separó de él.

Miércoles: Pepe se levantó y se marchó a trabajar algo fastidiado. Llegó el primero al trabajo y vio nuevamente el video de la mujer que saltaba. Después, siguió algunos enlaces más a páginas algo más fuertes. En cuanto llegaron sus compañeros de trabajo, apenas podía ocultar su calentón y se puso a trabajar lo antes posible. Al llegar a casa, le dio un apasionado beso a su mujer y le agarró el culo con fuerza, para arrimarla contra él. Juana le dijo que se dejase de tonterías y que tenía que acabar de preparar la cena. Cenaron, vieron un poco la tele y se fueron para la habitación. Antes de meterse en cama, Pepe le lanzó unos piropos a su mujer mientras esta se desnudaba y esta, con una sonrisa picarona, le hizo un pequeño striptease. Se metió en cama, le dio un beso y se dio la vuelta. Pepe volvió a arrimar su “soldadito” contra el culo de su esposa pero esta volvió a realizar la misma maniobra escapatoria de la noche anterior. Pero Pepe estaba encendido y no cejó en su empeño. Agarró los pechos de su mujer desde atrás y recibió un “hoy no, que me duele la cabeza”.

Jueves: Pepe volvió a llegar el primero al trabajo, se fue a su ordenador y se metió directamente en varias páginas porno. Se puso las botas antes de la llegada de sus compañeros de trabajo. Su calentura era ostensible y durante todo el día no pensó en otra cosa que llegar a casa y hacer el amor con su mujer, quisiese ella o no.  Al llegar a casa, se encontró que la hermana de Juana había venido a cenar con ellos y que se quedaría a dormir aquella noche. Los planes se habían venido al traste, con su hermana en casa, Juana jamás accedería a mantener relaciones aquella noche, consentidas o sin consentir. Vieron un poco la tele y para cama. Durante aquella noche, Juana notó el duro miembro de su marido contra sus posaderas pero al ver que no hacía nada más, se quedó tranquilamente dormida.

Viernes: Pepe llegó al trabajo como un poseso. Cientos de páginas de sexo pasaron ante sus ojos y comenzó a tocarse para poder aliviar su calentón. Pero a la llegada de sus compañeros, tuvo que dejar sus trabajos manuales y esperar hasta la hora de salida del trabajo para conducir como un loco y llegar a casa. Su mujer lo esperaba. Cenaron y se fueron para el salón donde vieron un poco la tele. Pero Pepe, no estaba dispuesto a dejarla escapar. La agarró con fuerza, la besó y estaba a punto de arrancarle la ropa cuando su mujer, sabiendo que no tenía escapatoria, le dijo:

Dime algo bonito…