miércoles, 2 de enero de 2013

CAPITULO 10


FELIZ 2013

—¿Qué has dicho? —preguntó Clara a su marido.
—Lo he estado pensando mucho y creo que Jorge está preparado para dar el salto. Ahora que ha empezado a funcionar la oficina de Madrid, mis amistades allí me han animado a abrir una sucursal en los Estados Unidos y estarían dispuestos a entrar en el negocio como socios. Son gente importante que tienen contactos por toda la costa Este y podríamos tener mucho éxito allí. Yo ya no estoy para tantos trotes y tendría que estar mucho tiempo fuera casa. Creo que me merezco un descanso y con la empresa de aquí ya tengo más que suficiente. Jorge es el indicado para abrirnos paso definitivamente al extranjero.
—¿Pero cuánto tiempo tendría que estar el pobre fuera de casa?
—Ya sé que le has cogido cariño a pesar de no ser tu propio hijo. No te preocupes por él, sabrá cuidarse solo. Además, lo iremos a visitar de vez en cuando. Aunque lo dejaré tranquilo por lo menos los primeros seis meses. Que se centre totalmente en el trabajo, en buscar unas buenas oficinas, contactar con proveedores, reunirse con posibles clientes y lo que no quiero es que piense que estoy vigilándolo.
—¿Estás seguro de eso?
—Sí, se lo he comentado hoy y él está de acuerdo. Me ha dicho también que tu hermana Mónica conoce muy bien Nueva York y que le comentará el tema de ayudarle a buscar apartamento allí.
—Sí, mi hermana vivió un par de años en Manhattan. Pero no creo que quiere marcharse después de haberse instalado hace poco en su nueva villa.
—Pues eso no lo sé. Solo sé que Jorge se lo iba a comentar. Lo qué si podías hacer es llamarla tú y pedirle que lo ayude en todo lo posible.
—No lo sé, Joan.
—Por favor, hazlo por Jorge —dijo Joan cogiéndole la mano y poniéndole ojitos de cordero degollado.
—Está bien —dijo Clara —hablaré con ella. Pero no te prometo nada.

Media hora más tarde y después de comer, Clara llamó a su hermana.

—¿Clara?
—Hola Mónica.
—Hola, cielo, ¿qué tal estás?
—Bien, ¿has hablado con Jorge?
—Pues desde el otro día no.
—Tengo que pedirte un favor.
—Si es respecto a él, pídeme lo que quieras —y Mónica escuchó resoplar a su hermana al otro lado del móvil.
—Joan quiere abrir una sucursal en Nueva York y quiere enviar para allá a Jorge.
—¿A tu Jorge?
—A mi hijastro.
—Vaya, te vas a quedar sin él. ¿Y va a ser por mucho tiempo?
—No lo sé. Joan me ha dicho que los primeros seis meses, Jorge estará solo.
—¿Y cuál sería el favor?
—Que lo ayudases a buscar un apartamento allí. Le he comentado a Joan que tú viviste en Manhattan durante un par de años y que conoces bien Nueva York.
—¿Me estás pidiendo que me vaya con Jorge a Nueva York?
—Solo que lo ayudes a buscar un lugar donde instalarse. Después te vuelves.
—Está bien.
—¿No te supondrá ningún trastorno marcharte ahora que acabas de instalarte en tu nueva casa?
—¿Estás tonta? Mi sobrino me necesita y no dejaré que se vaya solo a Nueva York. Se dé unos apartamentos muy bonitos que dan a Central Park, muy espaciosos, algo caros, pero nada que no se pueda permitir Joan.
—Por favor, cuídalo mucho.
—No te preocupes, haré todo lo que sea necesario para que se sienta bien. Por cierto, ¿no lo vas a echar de menos? Seis meses sin verlo después de todo lo que habéis vivido.
—Tengo que olvidarlo y que esté lejos de aquí, será una gran oportunidad para hacerlo.
—¿Seguro que podrás olvidar, sus manos, su boca, su cuerpo palpitante cerca de ti?
—Tengo que intentarlo.
—Mentirosa.
—¿Qué?
—Eres una mentirosa hermanita. Un joven como Jorge, jamás se olvida. Pero no te preocupes. Yo te ayudaré y mientras estemos en Nueva York, haré todo lo posible para él si te olvide a ti… tengo otra llamada entrante, es Jorge… See you, darling – —y Mónica cortó la llamada.
—Mónica, Mónica… como te odio —dijo Clara colgando el teléfono.

Al anocher, Jorge llegó a la casa. Joan y Clara estaban cenando en el salón y Noelia fue a recibirlo. Lo vieron hablar con ella y después, este desapareció escaleras arriba.

—Jorge está cansado. Esta noche no le apetece cenar —dijo Noelia retirando los servicios que tenía preparados para el joven.
—Vaya, creo que ha sido un día duro. Esta tarde se ha ido temprano de la oficina.
—¿Y te dijo a donde iba?
—Ya sabes como es. Si no está en la oficina, estaría entrenando. Tanto deporte va a acabar con él.
—¿Te comentó algo de si había hablado con mi hermana?
—Sí, me dijo que había hablado con ella y que Mónica iría encantada con él a Nueva York. Tu hermana debe querer mucho a Jorge.
—Sí, le ha cogido mucho cariño. Será mejor que vaya a hablar con él para ver si está bien.
—Como quieras, pero no te retrases. Hoy me apetecería acostarme temprano. Mañana tengo que madrugar y antes de dormirme, podíamos tener algo de intimidad tú y yo.

Clara besó a Joan en los labios y le guiñó un ojo. Era la primera vez en meses que Joan le estaba proponiendo tener algo de sexo juntos.

Subió las escaleras y se dirigió con buen paso hasta la puerta de la habitación de Jorge. Estaba entreabierta y vio como su hijastro se estaba cambiando de ropa. Se quitó la camiseta y dejó al descubierto su torso desnudo. Aquel torso que tanto le gustaba, aquella espalda que tanto había arañado en los momentos de máximo placer.

Jorge se quitó los vaqueros y el bóxer ajustados. Clara admiró aquel trasero que tanto le gustaba. Cuantas veces se había agarrado a él tratando de que Jorge empujase con más fuerza en sus embestidas. Solo recordarlo hizo que sus braguitas comenzasen a humedecerse.

Clara, retiró su mirada de atlético cuerpo y tocó con los nudillos en la puerta.

—Adelante —dijo Jorge sin importarle mucho quien estuviese al otro lado.
—¿Puedo pasar? ¿Estás visible?
—Para ti si —dijo Jorge poniéndose un pijama.
—¿Estás bien? Como no te has quedado a cenar con nosotros he pensado que te ocurría algo.
—No, tranquila, solo estoy un poco cansado.
—Tu padre dice que tanto ejercicio va a acabar contigo.
—Papa se preocupa demasiado. Necesitaba descargar estrés laboral y me he ido al gimnasio para hacerlo. Media hora en la cinta, media hora en la máquina de remo y otra hora en la piscina para relajarme.
—Vaya, pues sí que has hecho ejercicio. ¿Has hablado con mi hermana?
—Detecto un tono algo “celosillo” por tu parte.
—No, es simple curiosidad.
—Sí, he hablado con Mónica antes de ir al gimnasio.
—¿Y?
—Ha sido una conversación muy agradable. Tengo que reconocer que gracias a ella, he ido calentito para el entrenamiento.
—¿Por qué lo dices?
—Me ha dicho que la habías llamado para que me ayudase en el tema de Nueva York y claro me ha hablado de unos apartamentos que conoce muy buenos, donde se pueden organizar unas buenas orgías sin que se enteren los vecinos.
—¿Mónica te ha dicho eso?
—Palabras textuales.
—Mi hermana, que considerada.
—Y claro, una cosa llevó a la otra y acabamos hablando de organizar una nada más tener uno de esos apartamentos.
—Estás de broma, ¿no?
—No sé, tu hermana estaba muy interesada. Me dijo que conocía a unas modelos a las que les encantaban ese tipo de fiestas. Pero que yo tenía que estar solo con ella.
—Jorge, espero que lo que me estás contando sea solo una broma.
—Tú querías saber lo que habíamos hablado y yo te cuento lo que me ha dicho tu hermana por teléfono.
—¿Para qué habré preguntado?
—Curiosidad, dijiste, aunque yo creo que es otra cosa.
—Bueno, te dejo. Tu padre y yo tendremos esta noche una fiestecita privada —dijo Clara intentando poner celoso a Jorge.
—Muy bien por Joan, por fin va a darte todo lo que te mereces —dijo Jorge haciendo un gesto con sus caderas.
—Eres de lo peor, Jorge.
—¿Por qué? Me alegro mucho de que os vayan bien las cosas. Relájate y disfruta del momento.
—Hasta mañana, Jorge.
—Hasta mañana, Mami

Clara salió de la habitación algo fastidiada con Jorge. Pero con quien estaba muy enfadada era con su hermana. Jorge iba a Nueva York a trabajar, no a meterse en sórdidas orgías con Mónica. Pero ahora tenía que calmarse. Joan la estaba esperando en la habitación y tenía que centrarse solo en él. Llevaba esperando ese momento durante meses y quería estar al cien por cien con su marido. Entró en la habitación, se cambió de ropa, se puso el picardías más sugerente que encontró en su cómoda y se fue para la cama.

Allí estaba Joan, durmiendo a pierna suelta. Trató de despertarlo, besándole en el cuello y chupeteándole la oreja, pero este se dio la vuelta y le prometió hacerlo otro día.

Clara imaginó en ese momento su futuro más cercano, con Jorge copulando como un poseso con su hermana y cientos de modelos y ella mientras tanto, durmiendo todas las noches con un marido que ni siquiera llegaba a tocarla.

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