jueves, 3 de enero de 2013

CAPITULO 11


Vaya, como se está poniendo la historia esta. Como estoy seguro que os estáis comiendo los uñas por la emoción y queréis saber como va a continuar este relato, os dejo un capítulo más para que veáis como se la juegan entre las hermanas y el "pobre" Jorge, aguantando estoicamente entre ellas.




—Jorge, ¿a dónde vas? —preguntó Clara viendo salir a su hijastro de la habitación vestido con ropa deportiva.
—Me voy de fin de semana a casa de Mónica.
—¿Qué? —preguntó Clara muy sorprendida.
—Mónica se ha comprado una máquina de remo y dice que no se aclara mucho con ella. Me ofrecí a enseñarle el manejo y como colocarse en una postura correcta. Ella, por su parte, me ha ofrecido pasar el fin de semana en su nueva villa. Supongo que para hablar del viaje a Nueva York.
—Seguro que es eso —dijo Clara muy mosqueada.
—No me digas que estás celosa, Mami.
—¿Celosa yo? Para nada, te estás equivocando completamente conmigo, guapito de cara.
—Ahora sí que me quedo más tranquilo, pensé que no te gustaría la idea de que tu hermana y yo pasásemos juntos todo el fin de semana.
—¿Y tu padre lo sabe?
—Pues no.
—¿Y no se lo vas a decir?
—Creo que soy mayorcito para tener que pedirle permiso para pasar un fin de semana fuera del calor del hogar. Por cierto y hablando de todo un poco. ¿Qué tal la otra noche? Espero que el pabellón de los Prat quedase muy alto.
—Bien, estuvo bien —dijo Clara intentando que no se notase su mentira, pero Jorge, al ver que su madrastra apartaba la mirada, supo que estaba mintiendo.
—Se volvió a quedar dormido, ¿verdad? Que pena de cuerpo tan mal aprovechado.
—Es igual, estoy acostumbrada.
—No estés triste. Mi padre cambiará. Dale tiempo.
—No estoy triste por eso, pensé que este fin de semana, estando Joan de viaje, podríamos tener… algo.
—¿Tú y yo?
—Sí, escaparnos a algún sitio y… ya sabes.
—¿A follar como locos?

Clara sonrió y se puso colorada.

—Tendrá que quedar para otro día. Ahora tengo que irme no quiero hacer esperar a tu hermana. No vaya a ser que se ponga a hacer remo y se lesione la espalda.
—No caerá esa breva — dijo Clara entre dientes.
—¿Decías?
—Nada Jorge. Vete ya, no hagas esperar a tu tía.

Jorge le dio un abrazo y la besó en la mejilla. Después, esta lo vio partir en su coche en dirección a casa de su hermana.

—¿Te ha dicho Jorge si vendrá a comer? —preguntó Noelia saliendo de la cocina.
—No va a venir en todo el fin de semana. Se va a casa de mi hermana, a enseñarle a manejar una maquina de remo y a preparar el viaje —dijo Clara fastidiada.
—Jorge fue campeón de España Juvenil de remo indoor. Seguro que enseñará bien a tu hermana.
—Mi hermanita seguro que estará contentísima de que Jorge esté allí, tocándole para que corrija su postura sobre el aparato. Será zorra.
—¡Clara!.
—Lo siento Noelia, pero es lo que pienso en estos momentos de mi hermana. Sé que quiere arrebatármelo y está preparando el terreno antes de irse a Nueva York.
—Jorge sabe lo que hace.
—Ya, pero mi hermana puede ser muy persuasiva cuando quiere. Me voy a nadar a la piscina, necesito relajarme.
—Tómatelo con calma. Te prepararé un cocktail para que te ayude a no pensar.
—Que esté bien fuerte.
—No te preocupes, así será.

Clara agradeció tener a Noelia en casa. Sería un gran apoyo cuando Jorge ya no estuviese en Barcelona.


—Hola, Jorge —dijo Mónica abriendo la puerta de su nueva casa.
—Hola, tía Mónica, veo que estás preparada —dijo Jorge viendo que la mujer iba enfunda en unas mallas negras y un top blanco ajustado que intentaba mantener a raya sus voluptuosos pechos.
—Sí, he estado corriendo un poco en la máquina elíptica ya que quería calentar antes de probar el nuevo aparato de remo.
—Muy bien, pues cuando tú quieras.
—Pasa por aquí, y perdona el desorden. Le he dado el fin de semana libre a las chicas del servicio doméstico. Así estaremos más tranquilos.
—No hay problema.

Se dirigieron a la parte de atrás de la casa donde Mónica tenía montado un pequeño gimnasio. Desde unos grandes ventanales se podía ver la piscina y más allá, un coqueto jardín y unas escaleras que daban a una pequeña cala privada.

Mónica se dirigió a la máquina de remo, se sentó y comenzó a remar. Jorge le corrigió la postura varias veces y después de quince minutos, Mónica estaba sudando la gota gorda.

—Esto es más cansado de lo que esperaba —dijo Mónica limpiándose el sudor con una toalla.
—Pero si tienes la resistencia al mínimo. Vaya, no sabía que fueses tan quejica.

Mónica le dio una palmadita en la espalda y le ofreció su puesto en el banco móvil.
Jorge se sentó, colocó la resistencia al máximo, metió sus datos en el pequeño ordenador de la máquina y comenzó a remar con fuerza. Todos sus músculos comenzaron a marcarse a medida que iba ejerciendo más fuerza y que incrementaba el ritmo de paladas.

—Veo que esto no es nuevo para ti.
—Me encanta este ejercicio, me viene muy bien antes de la natación. Y además, te pone un culo de película.
—¿Más todavía? —dijo Mónica con una sonrisita.

Jorge le guiñó un ojo y siguió remando con fuerza. Estaba compitiendo contra la propia máquina y en la pantallita del ordenador se podían ver dos botes que iban por el agua. El de arriba era el de Jorge y el de abajo, el de la máquina.

—Me voy a la sauna y después de daré una relajante ducha. Tú intenta sacarle todo el rendimiento al aparato.
—No te preocupes, que lo haré — dijo Jorge dejando de remar por unos instantes y quitándose la sudadera. Debajo de ella, llevaba una camiseta técnica sin mangas, muy ajustada a su torso, que dejó gratamente impresionada a Mónica.

Mónica se fue hacia la pequeña sauna y después de veinte minutos, salió camino del plato de ducha. Vio como Jorge seguía remando con fuerza en el aparato de remo. Su cuerpo, iba y venía sobre el banco móvil, sus piernas y brazos, estaban perlados por gotas de sudor y se marcaban sobre sus ajustadas prendas y esta estampa, excitó mucho a Mónica.

<<Hermanita, haré todo lo posible para que Jorge se olvide de ti>> —pensó Mónica mientras se dirigía hacia la ducha.

Diez minutos más tarde, salió y se puso un albornoz que cubrió su mojado cuerpo. Se dirigió hacia donde Jorge resoplaba con fuerza, no por el cansancio, si no por el esfuerzo de aguantar un ritmo alto de paladas.

—¿Qué tal vas?
—Le saco unos metros de ventaja al bote fantasma —dijo Jorge entre resoplidos y sin quitarle ojo a la pantalla de la máquina de remo.
—¿Te queda mucho?
—Estoy casi terminando.
—¿Te importaría llevar una pasajera a bordo? —preguntó Mónica sugerentemente y entreabriendo un poco su albornoz.
—Me encantaría —dijo Jorge con una pícara sonrisa y frenando su frenético ritmo de paladas.

Mónica se colocó a horcajadas sobre él y Jorge vio como su tía no llevaba nada debajo de aquel cálido albornoz.

—Estoy algo sudado —dijo Jorge.
—Y yo todavía mojada —dijo Mónica frotando su sexo contra el prominente bulto de Jorge.
—Sabes, todavía no me puedo explicar como el top que llevabas, era capaz te retener esos pechos.
—Última tecnología en prendas deportivas —dijo Mónica abriendo su albornoz y dejando ver sus grandes pechos. —Estos son más bonitos que los de mi hermana, ¿verdad?
—Soberbios, diría yo —dijo Jorge colocando sus manos sobre la espalda de Mónica y acercándola hacia él, haciendo que los turgentes senos quedasen a la altura de su boca.

Jorge comenzó a soplar delicadamente sobre los pezones henchidos de Mónica. Esta, mientras tanto, le acariciaba el pelo que estaba bastante húmedo por el sudor del ejercicio. Se imaginaba haciendo esto todos los días en Nueva York y eso la estaba excitando bastante. Agarró la camiseta de Jorge y se la quitó. Pudo ver el sudoroso torso del joven, sus estilizados brazos, sus pectorales y su marcada tableta de chocolate. Más abajo, un bulto pugnaba por enderezarse y salir a tomar un poco el aire.

—Creo que ahí abajo estás algo apretado.
—¿Te atreves a sacarlo fuera para que esté menos congestionado?
—¿Puedo?
—Solo cuando tú quieras.
—Necesito que te incorpores un poco.

Jorge se levantó con Mónica encima de él. Esta notó todo el poderío del joven Jorge y bajó con premura el culotte deportivo. El pene permaneció erguido frente a su cara. Esta lo agarró y antes de introducirlo en su boca, Jorge la paró.

—Todavía no. Sentémonos nuevamente.

Mónica accedió y se volvió a sentar a horcajadas sobre Jorge. Esté puso su pene entre su cuerpo y el sexo de Mónica.

—¿Serías capaz de hacer que me corra sin entrar dentro de ti?
—¿Sin entrar?
—Sí.
—Lo intentaré, pero preferiría que me follaras.
—Tenemos mucho tiempo —dijo Jorge. —Ahora me gustaría empezar por esto.
—Como quieras, Jorge.

Mónica comenzó a frotarse contra el pene de Jorge, mientras este le lamía lujuriosamente los pechos. En pocos segundos, ambos estaban lubricando fluidos que compartían ambos sexos.

Mónica subía hasta el glande de Jorge e intentaba que la penetrase, pero este dejaba de chuparle los senos y le hacía gestos con la cabeza de que todavía no era el momento. Esto la frustraba, pero le seguía el juego a Jorge. Pasaron veinte minutos y Mónica fue la primera en tener un orgasmo.

—¿Tengo que esperar mucho para tenerlo yo? —preguntó Jorge pareciendo molesto.
—Si me dejas hacer a mí, lo tendrás.
—Muy bien.

Mónica, todavía con los últimos coletazos de su orgasmo, agarró el pene de Jorge y se lo introdujo en su sexo. Lo cabalgó durante unos minutos mientras agarraba su culo y lo iba dilatando con sus dedos.

Extrajo el pene que estaba empapado en los jugos de su sexo y lo fue introduciendo poco a poco por el estrecho agujero de su trasero. Jorge resopló y Mónica sonrió porque ahora era ella la que llevaba la voz cantante.

Lo introdujo hasta el fondo, solo los cargados testículos de Jorge quedaron fuera, y fue cuando nuevamente comenzó a cabalgarlo.

—Me encanta ver como tus pechos dan saltitos mientras me montas.
—Pues a mí me encantaría que tu boca los besase como tú sabes.

Jorge se acercó muy despacio, los rozó con sus labios, y después, con la punta de su lengua, los tocó, humedeciendo la oscura piel de los senos de Mónica. Esta incrementó el ritmo de la cabalgada mientras Jorge seguía besando sus pechos. Ella quería que se los mordisquease, que se los metiese en su ardiente boca, pero él, seguía con su ritmo pausado, casi torturador.

Mónica agarró del pelo a Jorge y se acercó al su cuello comenzando a lamer las perlas de sudor que había sobre él. Subía y bajaba con su lengua desde la base de la oreja hasta el hombro y volvía a realizar el mismo recorrido pero a la inversa.

A Jorge, esto le encantaba y le correspondió agarrando con fuerza las nalgas de Mónica para penetrarla más profundamente.

—Voy a correrme, tía Mónica.
—Hazlo… hazlo ya.

Jorge disparó todo su semen dentro del culo de Mónica y no para de arremeter contra ella hasta pasados un par de minutos. Los dos jadeaban sobre el banco del aparato de remo y no dejaron de abrazarse hasta que Jorge perdió toda su erección.

—Creo que necesito darme otra ducha —dijo Mónica levantándose y dirigiéndose hacia el baño.
—¿Te importa si utilizo la piscina? Me gustaría hacer unos largos antes de ducharme.
—Haz los largos que quieras, pero no te canses mucho, ¿vale?

Jorge se limpió con una toalla y después salió fuera donde se tiró a la piscina y comenzó a nadar con un ritmo pausado. Mónica, se dio una ducha rápida, se secó con una toalla y llamó por teléfono a su hermana.

—¿Sí?
—Clara, soy yo.
—¿Qué quieres? —preguntó Clara fastidiada.
—Solo quería decirte que el plan para que Jorge te olvide ya está en marcha.
—¿Qué ha pasado?
—Hemos estado haciendo ejercicio sobre la máquina de remo, primero yo, después él y luego los dos juntos. No me extraña que tenga ese cuerpazo. Como empuja.
—¿Me llamas para restregarme que te has tirado a mi hijastro?
—No me lo he tirado.
—¿No? —preguntó Clara aliviada.
—No, mi querida hermana, solo hemos follado una vez… por ahora.
—Te está pasando, Mónica.
—Al final me agradecerás el tremendo esfuerzo que estoy haciendo. Pero si lo hago por ti. Tú solo tienes que preocuparte por Joan.
—Mónica, tienes otra toalla — pudo escuchar Clara al otro lado del teléfono.
—Coge mi albornoz —le dijo Mónica a Jorge … Dios, que culo tiene ese chico… me lo comería con ganas.
—Eres una zorra —dijo Clara despectivamente.
-         —Puede que sí, pero esta zorra va a hacer que Jorge se corra un par de veces antes de comer. ¿Has acabado de ducharte, Jorge?
—Sí, ducha rápida.
—Dejo el teléfono y nos sentamos en las tumbonas para descansar.
—Como quieras —dijo Jorge.
—Hermanita, teléfono en abierto para que puedas escucharnos, ¿vale?
—¡Mónica, Jorge es mío! —gritó Clara al otro lado del auricular —me escuchas, es mío. —Pero Clara no sabía que Mónica ya había dejado el teléfono encima de unas toallas. Lo suficientemente lejos para que no escuchar los gritos de Clara pero con el altavoz al máximo para que ella pudiese escucharlos.
—¿Llamada importante?
—No, la típica vendedora de Avon.
—¿Pero todavía existen?
—Sí, ya ves. Oye, Jorge, eso que asoma entre el albornoz no será…
—Pues sí, es que mientras me duchaba, me acordé que no te dejé probarla un poquito —dijo Jorge desprendiéndose totalmente de la prenda.
—Pero chico, si acabamos de hacerlo y ya tienes ganas de guerra nuevamente. Que diferente eres de mi exmarido.
—Gracias, espero que sea un cumplido.
—Lo es —dijo Mónica agachándose y agarrando con lujuria el erguido falo. Después de lamerlo, comenzó poco a poco a introducirlo en su boca. Jorge disfrutaba mucho mientras su tía le iba succionando el pene. Ella sabía como hacerlo y como llevar a un hombre al éxtasis solo con su boca y su juguetona lengua.

Mientras, al otro lado del hilo telefónico, Clara derramaba lágrimas de amargura. Su hermana Mónica, estaba ganando.

—Bueno, mi querida tía, ahora te toca a ti probar mi lengua.
—Jorge, no hace falta, déjame hacer que te corras.
—Puedes seguir chupándomela y yo jugar con mi lengua dentro de tu sexo, ¿que tal se te dan los números?
—Un 69, me apetece mucho hacerlo.
—Acercaré una tumbona y seguimos —dijo Jorge mientras se alejaba unos instantes.

Al rato, Clara subió hasta la habitación de Jorge, entró y se tumbó en su cama. Se quitó los vaqueros y comprobó que sus braguitas estaban bastante húmedas. Estaba excitada al escuchar a su hijastro y a su hermana mientras mantenían relaciones sexuales.

Comenzó a tocarse y bajó hasta su mojado sexo. Introdujo dos dedos y respiró profundamente el olor de la almohada. Todavía podía percibir el aroma de Jorge sobre ella.

<<Por favor, Jorge, vuelve, necesito que estés aquí conmigo. Deja a mi hermana y vuelve a casa. Necesito tus manos sobre mí cuerpo, tu lengua en mi boca y tu polla dentro de mi sexo>> pensaba Clara mientras se tocaba los pechos con una de sus manos y con la otra acariciaba su clítoris. Comenzó a recordar algunas mañanas que su marido se iba a trabajar y ella subía a despertar a su hijastro. Jorge la espera haciéndose el dormido y ella lo acariciaba, unas veces con las manos, otras veces con su boca, haciendo que se excitase hasta conseguir que tuviese un orgasmo. <<Feliz desayuno>> decía Jorge.

—Quiero subirme encima —escuchó Clara al otro lado del teléfono. Era su hermana Mónica.

—Te gusta cabalgar, ¿verdad amazona?

—Estoy a punto de correrme y quiero tener esa polla dentro cuando lo haga. Y además, quiero que tú te corras conmigo.

—Eres una mujer muy malcriada. No se pueden querer tantas cosas.

—Pero tú eres un sobrino muy bueno y le darás a tu tía todo lo que te pide, ¿verdad? —dijo Mónica mientras se subía a horcajadas encima de Jorge. Cogió el pene y lo introdujo sin miramientos en su jugoso coño. —Dios, que gusto.

—Me encanta verte los pechos mientras me cabalgas. Son tan grandes y saltarines.

—Creo que ya no puedo más, Jorge, voy a correrme.

—Vamos, tía Mónica, creo que vas a conseguir que yo lo haga también.

Clara, en la cama de Jorge, también estaba a punto de tener un orgasmo, pero pensó en su hijastro y se detuvo.

—No, no puedo hacerlo sin mi Jorge.

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