lunes, 7 de enero de 2013

CAPITULO 12


Y por fin, el relato de la madrastra se cierra con el último capítulo de esta bonita historia de amor, entre una mujer y su hijastro (tiembla Danielle Steel, tu reinado se está acabando). Espero que os gustase y que al menos, ahora, teniendo ya el relato completo, me comentéis algo sobre él.



Pasó todo el fin de semana y Joan y Jorge llegaron a la vez a casa.

—¿De dónde vienes? —preguntó Joan sorprendido de ver a su hijo llegar tan temprano a casa.
—De estar con la zo... con mí hermana. Han estado preparando los últimos detalles del viaje —dijo Clara apareciendo por la puerta de la cocina. —¿No es así? —preguntó Clara con suspicacia.
—Sí, hemos limado asperezas todo el fin de semana —dijo Jorge notando la entonación de Clara. —Ella se empeñaba en que viajásemos en primera clase y a mi de daba igual viajar en turista.
—Hazle caso a Mónica en todo lo que te diga —dijo Joan. —Espero que mientras estés con ella sea capaz de llevarte por el buen camino.
—Seguro que ya lo ha intentado —dijo Clara entre dientes.

Desayunaron los tres juntos Joan siguió preguntándole a Jorge sobre los detalles del viaje a Nueva York.

—¿Y al final que habéis decidido, primera clase o turista?
—Primera clase.
—¿Y cuándo os marcháis?
—Pasado mañana.
—¿Pasado mañana? Pero si no tenéis nada preparado —dijo Clara escandalizada.
—Clara tranquilízate. Si han pasado todo el fin de semana juntos, seguro que algo tienen ya “aclarado” —dijo Joan dándole un cariñoso codazo a su hijo.
—¿Y a qué viene tanta prisa? —preguntó Clara enfadada por aquella demostración de cariño.
—Mónica ha hablado con unas amigas suyas que tienen un apartamento reservado hasta el jueves. Quiere que vayamos a verlo cuanto antes y así quedármelo para mí.
—Típico de mi hermana, haciendo siempre las cosas deprisa y corriendo.
—Bueno, no todo. Hay cosas que le gusta hacerlas despacio, muy despacio —y Jorge le dio otro codazo a su padre que abrió los ojos como platos y soltó una picara sonrisa.
—Pero que pedazo de… sois de lo peor —dijo Clara levantándose de la mesa y desapareciendo por la puerta.
—Voy tras ella, creo que se ha enfadado con nosotros. Le hemos faltado al respeto a su hermana —dijo Joan saliendo tras ella.

Noelia se acercó a Jorge y le dijo:

—Clara está mal.
—¿Por qué?
—Lleva todo el fin de semana en casa, como una fiera enjaulada.
—¿No ha salido?
—No que yo sepa. Y habla constantemente entre dientes.
—Sí, lo he notado.
—Y ha llorado mucho. Ayer, cuando llegué por la mañana, tenía los ojos hinchados de no dormir y de llorar.
—¿Le afectará tanto que estuviese ausente este fin de semana?
—Supongo que estar con su hermana le ha afectado todavía más.
—Sí, algo noté el sábado cuando hablé con ella. Esta noche, cuando vuelva, hablaré largo y tendido con Clara. Ahora tengo que vestirme y salir pitando para la oficina.


—Papá, me voy al gimnasio —dijo Jorge entrando en el despacho de su padre.
—¿Vas a estar mucho tiempo allí?
—Sí, hoy los chicos quieren hacerme una fiesta de despedida sorpresa.
—¿Sorpresa?
—Sí, era una sorpresa hasta que a alguno se le ha ido la lengua.
—Entonces ¿llegarás tarde a casa?
—Supongo que sí, ¿por qué?
—No, por nada. Yo también llegaré tarde. Tengo que revisar unos contratos antes de marcharme.
—Está bien. Nos vemos mañana.

Jorge salió en su coche camino del gimnasio, pero lo pensó mejor y se dirigió directamente a casa. Quería hablar antes con Clara y después volvería a la ciudad.

—¿Te vas ya? —le preguntó a Noelia mientras cerraba la puerta del garaje donde había guardado su coche.
—Sí, tu padre me ha llamado por teléfono y me ha dicho que podía irme.
—¿Sin preparar la cena? Que raro, me dijo que se quedaría hasta tarde en la oficina.
—Y tú que tenías una fiestecita en el gimnasio y que él traería la cena esta noche —dijo Noelia guiñándole el ojo.
—¿Tienes a alguien que te acerque? Yo voy a hablar con Clara un momento y salgo de nuevo para Barcelona.
—No te preocupes por mí. He llamado a una amiga para que venga a recogerme.
—Muy bien, como quieras.

Jorge le dio un beso a Noelia y entró en la casa. Se dirigió al salón y encontró a Clara leyendo un libro.

—Buenas noches, Mami.
—¿Qué haces aquí? No tenías algo en tu gimnasio.
—Sí, pero antes quería hablar contigo de una cosa.
—¿De qué?
—De porque estás tan enfadada conmigo.
—¿Yo? ¿Por qué tendría que estarlo?
—Por haber pasado el fin de semana con tu hermana.

Clara cerró el libro, no sin antes haber puesto el marca-páginas en su lugar correspondiente. Se levantó, se alisó la falda y se acercó al joven.

—Vete a la mierda, Jorge.
—Me vas a decir que estás bien. ¿Que no te molestó ni tan siquiera un poco que tu hermana y yo lo hayamos hecho en varias ocasiones este fin de semana?

Clara, en un acto reflejo, abofeteó a Jorge. Pero al instante, se lanzó a su boca y lo besó en los labios. Jorge la abrazó y correspondió a su beso.

—Jorge, no quiero que te vayas y menos con mi hermana.
—Clara, no te preocupes, todo va a salir bien.
—Te olvidarás de mí. Mi hermana conseguirá que ni recuerdes mi nombre.
—No dramatices, Mami. Yo nunca me podría olvidar de la mujer que amo.
—¿Me amas? —preguntó Clara asomándole unas lágrimas a sus ojos.
—Pues claro que te amo.
—¿Y mi hermana?
—Entre tu hermana y yo solo hay sexo. No te preocupes por ella.

Clara comenzó a sollozar y abrazó con fuerza a Jorge.

—Mami, ¿te gustaría hacer el amor una vez más?
—Claro que sí. Pero tienes que ir a tu fiesta.
—Pueden empezar sin mí —dijo Jorge besando el surco dejado por las lágrimas en el rostro de Clara.

Jorge cogió en brazos a Clara y subieron así las escaleras.

—Esta vez lo haremos en tu habitación —le dijo Jorge a Clara.
—Así, mientras duermas, podrás recordarme siempre que quieras.

Clara asintió con la cabeza y se dejó llevar. La sentó en cama y él se desnudó por completo. Clara pudo ver el esculpido cuerpo de su hijastro y deseó fervientemente que la hiciese suya lo antes posible. Jorge comenzó a desnudarla lentamente. Le quitó la chaqueta, le desabotonó la camisa y pudo ver debajo un bonito sujetador de puntilla negro. Los pechos de Clara reclamaban las caricias de Jorge, pero él siguió desnudándola. Le quitó el vestido, las medias y vio el tanga que iba a juego con el sujetador.

—Llevas un conjunto muy bonito, Mami.
—¿Te gusta?
—Me encanta. Es una pena que tenga que quitártelo.
—Sí, tendré que pasar por ese mal trago —dijo Clara con una pícara sonrisa.

Jorge bajó el tanga de Clara y lo lanzó para atrás como si fuese un torero lanzando su montera. Cogió uno de los pies de Clara y comenzó a besarlo dulcemente. Clara, que estaba sentada, se tumbó y se predispuso a disfrutar de todo lo que iba a hacerle su hijastro.

Jorge subió a lo largo de la estilizada pierna de Clara hasta llegar a sus muslos. Allí, el olor del sexo de su madrastra lo impregnaba todo. El aroma que llegaba a sus fosas nasales terminó por excitarlo y su pene se alzó comenzando a palpitar entre sus piernas. Pero siguió besando a Clara, sin dejar que sus instintos más primarios lo dominasen.

Se acercó al sexo de Clara y pudo ver que este comenzaba a rezumar unas gotitas flujo, que lamió mientras Clara lanzaba un largo suspiro. Después continuó besando la otra pierna, bajando parsimoniosamente, saboreando la piel que tanto deseaba hasta que llegó al otro pie. Besó dulcemente cada dedo y se incorporó para ver en todo su esplendor a su madrastra.

—Eres muy bella, Clara.

Esta lo vio y le sonrió.

Jorge se tumbó a su lado, con la espalda de Clara pegada a su pecho. Le levantó un poco la pierna e instintivamente, su pene se introdujo en el húmedo sexo de Clara. Esta movió su trasero hacia atrás para que la penetración fuese todavía más profunda y así envolver entre sus paredes la polla de su hijastro.

—Hagámoslo despacio, quiero disfrutar de este momento —dijo Jorge mientras acariciaba los pechos de Clara que pugnaban por salir del sujetador.
— Jorge, necesito tu boca —dijo Clara extrayendo un pezón por encima de la puntilla del bonito sostén.

Jorge se incorporó un poco, si dejar de penetrar a su madrastra y metió el henchido pezón dentro de su boca donde jugo con él con su lengua y sus dientes. Clara gemía y movía sus caderas hacia las de Jorge, intentando que la penetración fuese más profunda. Su sexo, se abrió más todavía.

En ese preciso instante, el vehículo que traía a Joan de la ciudad, lo había dejado en la puerta de la entrada a la villa ya que quería darle una sorpresa a su mujer y que esta no lo viera llegar. Los amantes no escucharon nada. Joan abrió la puerta de casa y al no ver a Clara en la planta baja. Se quitó los zapatos para no hacer ruido. Su plan de darle una sorpresa a su mujer seguía su curso.

Lo había decidido en el momento que su hijo le había dicho que se iba a la fiesta sorpresa de su gimnasio. ¿Y por qué no darle una sorpresa a su mujer llegando más temprano de lo previsto, decirle a Noelia que se tomara el resto de la noche libre y organizar una pequeña fiesta privada con Clara?

Joan subió las escaleras de puntillas, dejó la chaqueta sobre el pasamanos de madera y se dirigió a su habitación. Escuchó los gemidos ahogados de Clara y se extrañó bastante de eso.

Se acercó a la puerta, agarró el picaporte muy despacio y abrió la puerta de la habitación…

FIN

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