viernes, 18 de enero de 2013

El regalo. Primera parte





¿Que tendrá que ver, una pelirroja pecosita de ojos bonitos y de bella sonrisa, con uno de los protagonistas de la exitosa serie True Blood? Si seguís leyendo lo comprenderéis. Este relato lo he divido en dos partes, el lunes colgaré la continuación. Espero que gusta tanto a las féminas como a todos los machos alfa que leen este blog. Sin más preámbulos, os dejo con El regalo.


Katia se levantó aquella mañana de muy mal humor. Solo llevaba una quincena de sus merecidas vacaciones, cuando Marga, su jefa, la llamó de la agencia de viajes donde trabajaba para que se reincorporase urgentemente al trabajo. Una compañera se había puesto de parto dos meses antes de lo previsto y las tareas se le estaban acumulando a su otra compañera, Cloti, que hacía lo que podía atendiendo el teléfono que no paraba de sonar y a la gente que se acercaba a la agencia para contratar su paquete de vacaciones.

Como se había levantado temprano, se dejó estar algún tiempo más bajo la ducha. El agua caliente le había dejado la piel insensible al calor y el color sonrosado destacaba sobre su tez blanquecina y pecosa. Su pelirrojo cabello estaba algo enmarañado, pero Katia se encargó de desenredarlo con un suave acondicionador con olor a cítricos que la hizo volver por unos instantes a sus días de vacaciones, cuando se levantaba a horas intempestivas y solo se lavaba el pelo por el simple hecho de disfrutar de los masajes que ella misma se prodigaba sobre el cuero cabelludo.

Antes de vestirse, se maquilló un poco con algo de rímel para las pestañas que hicieron destacar sus bonitos ojos de color gris y un toque sutil de pinta labios rosado. Se puso un vestido corto y vaporoso pues el calor comenzaba a hacerse notar a pesar de que todavía era temprano. Bajó a la calle y comenzó a andar con su paso rápido habitual de día de trabajo. Había cambiado sus zapatos bajos y cómodos por unos de tacón que estilizaban sus largas piernas y marcaban sus pantorrillas.

Cuando llegó a la agencia se encontró con Marga, su jefa, que estaba levantando la verja de su centro de trabajo. Se saludaron y esta volvió a pedirle disculpas por haberle hecho ir a trabajar estando en su periodo vacacional.

—No te preocupes, Marga. Las circunstancias de la vida son así.
—Aun así te lo agradezco muchísimo.

Cuando Cloti llegó poco después, la puso al día de todas las tareas pendientes. Katia dio un profundo soplido y se puso manos a la obra. A media mañana, tenían casi al día el trabajo acumulado y entre ella y Cloti despacharon a todo el mundo que se acercaba para reservar sus vacaciones, recoger los billetes o resolver las dudas de última hora de que lugar escoger para pasar unos días de relax.

Como estaban en horario de verano, trabajarían hasta las tres de la tarde y muy cerca de esa hora, Cloti se marchó un momento a asearse.

—Va a llegar Rafa.
—¿Nadal?
—El limpia cristales.
—Ah, vale, y se puede saber ¿qué tiene que ver que llegue ese tal Rafa para que te hayas puesto las tetas tan arriba?
—Es verdad, se me había olvidado que tú te has reincorporado accidentalmente al trabajo. Rafa es el nuevo limpia cristales y es un hombre muy atractivo. Soltero, sin cargas familiares y con un físico imponente.
—Vaya, sí que sabes cosas de él. ¿Y todo eso supongo que lo has averiguado solo de verlo a través de la cristalera?
—Para nada, me lo he intentado ligar, y la verdad es que se resiste. Y eso me encanta, que se haga el tipo duro.
—Claro, para fácil ya estás tú.
—¿Qué has querido decir con eso?
—Nada, Cloti, nada.

Marga salió de su despacho y le dejó dos encargos antes de marcharse, el primero fue para Katia tenía que cerrar ella la agencia mientras Cloti tendría que llevar unos billetes a unos de sus clientes en el Rich, ya que no podían pasar a recogerlos y los necesitaban urgentemente.

Cloti salía por la puerta cuando Rafa llegaba hasta la agencia. Esta lo saludó y le dijo que si necesitaba algo, estaba allí su compañera para poder atenderlo. Katia se dirigió a la salida y notó el calor que entraba con la puerta abierta. El hombre le pidió pasar al baño para llenar dos calderos de agua y así poder limpiar las grandes cristaleras de la agencia. Ella lo dejó pasar y al rato, Rafa salió para hacer su trabajo. Se quitó la parte de arriba del mono y lo ató con las mangas a la cintura. Debajo llevaba una camiseta de asas y Katia comprobó que aquel hombre estaba en muy buena forma y que Cloti no había exagerado ni un ápice la descripción que la había dado sobre él.
Alto, atractivo, fibrado y con un torso marcado donde destacaban sus abdominales por debajo de la camiseta. Su barba de varios días le daba un aspecto muy masculino y alguna que otra cana destacaba sobre su pelo negro. Katia se sentó nuevamente en su asiento e intentó acabar con los últimos encargos que le habían llegado por correo electrónico. Decidió que lo mejor sería concentrarse en ellos porque cuanto antes lo hiciese, antes acabaría de poner al día el trabajo acumulado. Pensó que con dos o tres días, Marga la mandaría nuevamente de vacaciones con algún extra en el bolsillo.

Después de un par de minutos levantó la vista y sonrió al observar como un grupo de jovencitas se habían sentado en un banco que quedaba enfrente de la agencia. Estas, se estaban deleitando con la visión de aquel Adonis que se dedicaba a limpiar los cristales de los negocios por toda la ciudad. ¿Cómo habría acabado aquel hombre haciendo ese trabajo? pensó Katia para sí misma.

Cada vez hacía más calor y pensó que allí fuera la temperatura rondaría los treinta y cinco grados de temperatura. Vio como Rafa sudaba copiosamente y entre eso y el agua que utilizaba para refrescarse de vez en cuando, la camiseta la llevaba totalmente pegada a su torso. Katia, sin saber como, notó como sus manos estaban colocadas entre sus piernas y como su calor corporal iba en aumento. Cogió el mando a distancia del aire acondicionado y lo bajó unos cuantos grados con lo que su piel, al notar el cambio de temperatura, protestó erizando los pelillos de sus brazos y colocando erguidos sus pezones, que sobresalían bajó su vestido.

Katia decidió entonces cambiar de lugar y se dirigió al mostrador donde estaría más refugiada de la toma de aire. Allí también estaría más protegida de las miradas furtivas de que muy de vez en cuando, le dedicaba el escultural Rafa. Trató de concentrarse en su trabajo, pero no le fue posible. Sus pezones, a pesar de que allí ya no les daba el aire, todavía seguían enhiestos y demandaban algo de cariño por parte de la joven pelirroja.

Cruzó sus piernas lentamente y percibió que sus pechos no eran los únicos demandantes de sus caricias ya que su sexo estaba húmedo y no solo por el calor que hacía. Volvió a descruzarlas y notó una pequeña satisfacción entre sus piernas que iba en aumento cada vez que se movía nerviosa sobre la silla. Fuera, las jovenzuelas se habían aprovisionado con helados y se habían calado sus gorros y viseras a la cabeza, para no sufrir una insolación. Mientras Rafa, seguía a lo suyo y con cada movimiento de sus brazos, estos se marcaban todavía más. Katia ya no sabía que hacer pues su cuerpo demandaba sus atenciones con urgencia y a su vez quería terminar con sus tareas pendientes.

Tomo una drástica decisión y decidió que el placer sería antes que el trabajo. Bajó lentamente con sus manos por el vestido y notó como su cuerpo se ponía en tensión como si supiese lo que iba a pasar a continuación. Las metió entre sus piernas y notó como el calor que desprendía era ya sofocante. Se abrió un poco más para que sus manos tuviesen un fácil acceso y tocó ligeramente las humedades de su ropa interior. Al hacerlo, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y casi se le escapa un placentero gemido de su boca, que logró retener mordiéndose los labios.

Con la experiencia adquirida con el paso de los años, movió con rapidez sus dedos y levantó un poco la tela de sus braguitas para poder tener un acceso más cómodo a su lugar más íntimo. Este recibió de buen agrado los cálidos dedos de Katia y los humedeció con su néctar más preciado. Aquella situación excitaba más si cabe a la joven que estaba sentada detrás de aquel mostrador del que solo sobresalía su cabeza. Para cualquier transeúnte que la viese desde fuera, le sería imposible adivinar que estaría haciendo la guapa pelirroja tras aquel parapeto de madera.

Pero Rafa no era un transeúnte cualquiera y los detalles para un hombre suspicaz como él, no pasaban desapercibidos.


Katia sentía la necesidad de acabar cuanto antes con aquella dulce tortura y sabía muy bien como hacerlo. Apretó sus nalgas, cruzó sus piernas una vez y dejó una de sus manos en medio jugando con su sexo. La presión ejercida hizo el resto. El orgasmo estaba cada vez más de cerca y Rafa, desde el otro lado del cristal estaba ya terminando con su tarea de limpieza. La joven se concentró en el cuerpo del hombre, deseo que entrase en la agencia y la poseyese allí mismo, encima del mostrador, mientras las jovencitas se quedaban con las ganas de tenerlo entre sus manos. Y solo unos instantes antes de que a Katia le sobreviniese el orgasmo, una llamada a su móvil interrumpió aquel tórrido momento entre su cuerpo y su mente.

Muy a su pesar, cogió el teléfono pues era Cloti la que estaba al otro lado de la línea. Se había torcido un tobillo y estaba sentada en un banco siendo atendida por unos atractivos agentes de policía, por lo que necesitaba a alguien que llevase los billetes urgentemente al hotel donde los estaban esperando.

Katia se acordó de toda la familia de Cloti, pero no podía dejar a aquellos clientes sin sus billetes. Se compuso lo mejor que pudo, salió de la agencia y le preguntó a Rafa si la necesita ya que ella tenía que marcharse rápidamente para cumplir con un encargo.

—No hay problema, ya estaba terminando. Espero que usted haya terminado con lo que estaba haciendo.
—¿Yo? No estaba haciendo nada, quiero decir, si lo estaba haciendo, pero no lo que usted cree… esto no, estaba trabajando.
—Que suerte tiene, se la veía tan feliz con lo que estaba haciendo, en cambio, yo, con este calor…
—No se queje tanto, tiene un montón de admiradoras ahí detrás. Podría abrir una guardería con todas ellas.

Rafa le sonrió e hizo sonrojarse a Katia un poco más pues todavía no se había sacado todo el acaloramiento corporal del frustrado orgasmo por culpa de aquella llamada de su compañera Cloti.

Veinte minutos más tarde, cuando el hombre estaba ya recogiendo sus bártulos de limpieza y metiéndolos en su furgoneta, recibió una llamada a su móvil. Era un número que conocía bien y que le indicaba que las cosas no iban bien del todo.

—Mike, los sospechosos se han largado del hotel con un paquete. El equipo uno fue descubierto y hay tres agentes heridos.
—¿El equipo dos los está siguiendo?
—El equipo dos está todavía con la empleada de la agencia. Se torció un tobillo y está siendo atendida por un par de agentes de la policía.
—¿Y el nuevo paquete?
—Una pelirroja.
—Mierda. ¿Alguien tiene idea de hacia donde han ido?
—Negativo.
—¿Dónde está Cloti? Tengo que hablar con ella.
—Está a un par de manzanas de la agencia.
—Voy para allá. Necesitamos información.

Rafa cerró de un portazo la puerta de la furgoneta y corrió hacia el lugar indicado en el GPS de su móvil que le indicaba exactamente la localización de Cloti. Cuando llegó jadeante al lugar, la vio con los dos agentes, conversando amigablemente con ellos. Cuando ella lo vio llegar, se puso en pie, ayudada por uno de los policías.

—¿Qué pasa Rafa? ¿Te has quedado sin agua para limpiar?
—¿Sabes dónde esta la chica pelirroja que trabaja contigo?
—¿Katia?
—Si, se ha dejado la puerta abierta y como dijo que iba a volver para cerrarla y no ha vuelto todavía, pues me he preocupado un poco por ella.
—Vaya, pues como yo me he torcido un tobillo y tenía que llevar unos billetes urgentemente al hotel Rich para unos clientes, la llamé para que viniese a recogerlos y los llevase ella misma personalmente al hotel. Pero es raro que se haya dejado la puerta abierta de la agencia. Katia no es para nada despistada. Cosa que no puedo decir de mí que soy algo despistadilla y no soy capaz de recordar el nombre de estos amables agentes de la ley —dijo Cloti sonriéndoles a los dos policías.
—¿Sabes el destino de esos billetes?
—Rafa, eso es información confidencial… pero te diré que les eché un vistazo y Qatar era su punto de destino. Compañía Qatar Airlines.
—Gracias Cloti, te debo una.
—De nada guapetón y no te preocupes por la puerta, estos agentes me acercarán en su coche patrulla hasta la agencia y cerraré yo misma la puerta.

Rafa echó a correr nuevamente y mientras lo hacía llamó por su móvil.

—John, se dirigen al aeropuerto, destino Qatar.
—Lo he escuchado, acabo de enviar un equipo inmediatamente hacia allí.
—Necesito un medio de transporte que me lleve hasta el aeropuerto.
—El equipo dos te proveerá de uno. Dobla la esquina y te los encontrarás esperando órdenes. En el aeropuerto tendrás todo lo que necesites.

Al doblar la esquina, Rafa se encontró con dos motoristas que lo aguardaban. Cruzó unas palabras con ellos y uno se quitó el casco y se lo dio. En unos minutos, el hombre se movía a gran velocidad entre el tráfico de la autopista que lo llevaba hacia el aeropuerto que estaba a las afueras de la ciudad. Al llegar, dejó la moto de gran cilindrada en el aparcamiento y se dirigió a la carrera hacia la Terminal de vuelos internacionales. A sus cuarenta años, todavía estaba en muy buena forma y por eso se podía permitir el lujo de correr de un lado para otro sin desfallecer a pesar del calor sofocante que había en ese caluroso mes de Julio.

Cuando entró en el aeropuerto se encontró con uno de los equipos que acababa de llegar al igual que él al aeropuerto. Vestían todos de traje y le pasaron una gran bolsa donde había un traje, unos zapatos y un emisor-receptor para el oído por el que podía hablar y escuchar a su fiel John, hablándole de que no localizaba a los sospechosos en ninguno de los vuelos de Qatar Airlines.

—¿Vuelos privados?
—Lo he pensado, pero no tengo acceso a esos datos desde aquí. Ese aeropuerto en concreto tiene uno de los mejores cortafuegos del mundo y tardaré unas horas en acceder a su servidor.
—No tenemos ese tiempo. Necesitamos esos datos cuanto antes.
—Mike, ¿recuerdas Heathrow?
—¿Katty?
—Podrías utilizar la misma táctica.
—No sé que pensáis de mí en la Central pero creo que estáis todos muy equivocados. No soy James Bond para que las mujeres caigan a mis pies con solo mirarlas.
—Bueno, eso no es del todo cierto. Tenias un grupito de adolescentes a las cuales se les derretían más los helados por mirarte que por el calor que hacía a esas horas al lado de la agencia.
—Vete a la m….
—Mike inténtalo, no pierdes nada.

Rafa se separó del equipo y se dirigió hacia los mostradores de los vuelos privados. Había dos empresas que ofrecían sus servicios y que llevaban pasajeros hasta Oriente. En una de ellas, un atractivo rubio de ojos azules, atendía con gran esmero a un rico jeque y a sus seis esposas. En el otro mostrador había una mujer con cara de aburrimiento que estaba mirando una y otra vez la pantalla de su ordenador, comprobando que los vuelos que tenían contratados saldrían todos a sus respectivas horas y sin retraso alguno ya que su compañía se jactaba de ofrecer uno de los mejores servicios y entre ellos, la puntualidad en las salidas y llegadas a sus destinos.

Rafa se dirigió hacia ese mostrador, se puso sus gafas negras y le hablo a la empleada.

—Buenas tardes. Necesito que me dé una información.
—Buenas tardes, ¿qué desea?
—Necesito saber quien va en los vuelos de su empresa que se dirigen a Qatar.
—Lo siento, esa información es confidencial. Si quiere contratar alguno de nuestros jets privados, me gustaría ofrecerle uno que vuela hacia Qatar mañana a primera hora.
—No lo entiende. Estoy en una misión secreta y necesito saber los vuelos privados que se dirigen hacia ese país. Hay vidas que corren peligro si usted no me da esa información.
—¿Está de broma?
—Negativo, soy agente secreto y una mujer ha sido secuestrada, y sus secuestradores la llevan hacia Qatar para convertirla en su esclava sexual.
—No me diga, y ahora es cuando Tom Cruise desciende del techo y se queda a escasos centímetros del suelo, intentando que no se le caiga una gota de sudor al suelo que haga saltar las alarmas, ¿verdad?
—Ese es un nenaza a mi lado.
—Lo siento, pero tengo mucho trabajo para estar jugando a espías con usted.
—Val, ¿la puedo llamar así? —dijo Rafa poniendo su voz más sexi.
—¿Dígame que pone en la chapita de identificación?
—Valeria.
—Entonces llámeme como pone en mi identificación, por favor.
—Valeria, se lo pido por favor. Este es un asunto de vida o muerte y no estoy bromeando.
—Si no abandona este mostrador en menos de treinta segundos, tendré que llamar a la seguridad el aeropuerto y le puede explicar a ellos todo ese asunto de la chica secuestrada.
—¿Cuánto hace que no te echan un buen polvo, mi querida Valeria?
—Vaya, un simpático… Seguridad —dijo la mujer descolgado el auricular de su teléfono— hola buenas tardes, tengo una caballero, por llamarlo de alguna manera, que me está molestando y necesito que envíe a alguien para que se lo lleve y le de un buen repaso sobre como se ha de tratar y como se ha de ser educado ante una mujer. Muy bien, espero su llegada.

Rafa se quedó sonriente ante ella y ella le sonreía de la misma manera. En menos de un minuto se presentaron dos agentes de seguridad del aeropuerto que se llevaron en volandas al pesado del mostrador y le pidieron a la señorita Valeria que los acompañase hasta la parte de detrás de su oficina. Cuando los cuatro estuvieron dentro, uno de aquellos agentes de seguridad inyectó un narcótico a la mujer que la hizo dormir durante unas horas, mientras, Rafa ya trasteaba con el ordenador y averiguaba todo lo concerniente a los vuelos que habían salido o iban a salir aquel mismo día.

—Hace quince minutos que ha despegado un jet con destino hacia Dubai. Cuatro hombres. Te envió los datos.
—Vale, son ellos. Son los mismos nombres que han utilizado en el hotel Rich. Los billetes que encargaron podían haber sido unos señuelos para nosotros.
—No dice nada sobre alguna mujer o algún bulto que no fuesen sus maletas de mano.
—Un buen fajo de billetes puede hacer callar muchas bocas.
—Lo sé. ¿Puedes conseguirme…?
—Ve a la ventanilla de al lado y habla con el guaperas, te estoy reservando un jet para ti y para el equipo del aeropuerto para que vayáis de vacaciones al desierto. Por cierto, la táctica del agente secreto chulito y borde nunca falla.
—Gracias John, no sé que haría yo sin ti.

2 comentarios:

  1. Este relato me suena... XD Y es francamente bueno; el giro que dará en la segunda parte es bastante original ;)

    PD: Hace unos días identifiqué a la pelirrojita, es una de las Suicide Girls, donde se hace llamar Chad, aunque también ha trabajado para otras webs como Charlotte Herbert...

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  2. Jolines Vin, lo que tu no sepas de pelirrojas, no lo sabe nadie.
    Esta tarde, con un poco de tiempo, cuelgo la segunda parte, donde se me fue totalmente la cabeza ;)

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