martes, 26 de marzo de 2013

La espera.




Estoy tumbado sobre la cama aguardando a que entres en la habitación.

Mi mirada te sigue mientras avanzas por delante de mí, sin tan siquiera mirarme.

Comienzas a desnudarte delante del espejo.

Me encanta ese momento que te quitas la ropa y comienza a asomar, tu blanca y aterciopelada piel.

Cuando te quedas en ropa interior, espero con ansiedad, el momento en el que te desprendes de ella, para poder ver tus exquisitos pechos y quedarme prendado de la hermosura de tu sexo.

Después de mirarte nuevamente al espejo, observas como estás siendo recorrida por mi mirada y sonríes pícaramente, al ver como trago saliva mientras me pierdo en tu desnudez.

Decides de improvisto, que todavía no es la hora de ponerse el pijama. Te colocas sobre mí y después de que tus grandes y profundos ojos azules, me desafíen con su mirada, los dos, nos fundimos en un apasionado beso que da comienzo a lujuriosas hostilidades. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Decíamos ayer...


Llego al gimnasio, me meto en los vestuarios y desnudo mi cuerpo para ponerme el bañata ajustado de natación. Busco el gorro de silicona y las gafas de visión panorámica. Me pongo las chancletas y camino con paso rápido hasta las duchas. Me humedezco un poco, me pongo el gorro y salgo a la piscina. Miró que las calles están algo concurridas pero la 4 está vacía. Allí me dirijo, pero antes me paso por la cesta de utensilios para nadar, donde me cojo un pull-boy.

Caliento brazos, piernas y tronco, delante de la que va a ser mi calle durante los próximos 50 minutos mientras observo las demás, para ver el nivel de los otros nadadores. El nivel es medio-alto, cualquiera de ellos me pasaría por encima. Pero hoy va a ser un día de nado de relax, nada de piques con los demás usuarios de la piscina.

Me meto en el agua y está como a mí me gusta, 27 grados, una temperatura óptima para aguantar muchos minutos sin cansarme demasiado. Comienzo haciendo los primeros largos, plácidamente, aunque me noto algo agarrotado por la inactividad de estos dos meses sin tocar agua. Esta me envuelve con su líquido manto y me deja hacer. Mis torpes movimientos al principio dentro de ella, se tornan en prolongados desplazamientos que van poco a poco ganando en intensidad.

Los metros van cayendo uno tras otro dentro  del agua que recorre todo mi cuerpo y este cada vez, se muestra más y más adaptado al medio acuático. Mis respiraciones que comenzaron siendo algo agitadas, ahora van más acompasadas con el ritmo de cada una de las brazadas. Mis manos penetran una y otra vez el agua que va conociendo mis movimientos dentro de ella. Me encanta poder desplazarme con esa sensación de ingravidez, sin dolor alguno en mi cuerpo, con la mente en blanco y siendo solo utilizada para contar y contar largos.

Mis piernas van sobre la superficie gracias al pull-boy y solo me concentro en mis manos, en mis brazos, en la palanca que hacen para poder desplazar el agua por la que avanza todo mi cuerpo. Brazada tras brazada, me voy encontrando mejor. Cojo aire con la boca y la voy soltando poco a poco dentro del agua besándola con besos burbujeantes. Las líquidas caricias que me procesa el fluido azulado me dejan en un estado de concentración hipnótica… no hay nada más, no hay nadie más que me haga perder el ritmo acompasado de mi cuerpo dentro de ella.

Cuando llevo ya 2.000 metros nadados, pienso que es el momento de dejarlo, de descansar y salir del agua que me ha acariciado en todo momento, me ha reconfortado lamiendo mis heridas y me ha hecho olvidar las molestias de mi cuerpo. Salgo de la piscina y estiro durante un par de minutos. Observo las calles que ahora están casi vacías y me pregunto si los demás nadadores tendrían la misma sensación que yo tengo en estos momentos… joder, como mola nadar sin manguitos ;)

Jopetas, ojala pudiese ver vuestras caras al leer esta pequeña introducción, seguro que estaréis alucinando o pensando:

a)    Este tío está fumado.
b)    A este le ha dado un “parraque” y se ha quedado lelo.
c)     ¿Está nadando o haciéndole el amor al agua?

El título de post, como muchos habréis adivinado es por Fray Luis de León que después de estar 5 años encarcelado, volvió a su cátedra de la universidad y antes de comenzar a dar su clase les dijo a sus alumnos: Decíamos ayer… como siempre había hecho cada día antes de ingresar en prisión.

A mí me ha parecido una fórmula adecuada después de este mes y medio de inactividad mental. No puedo aseguraros colgar dos o tres post por semana como hacía antes, pero al menos, intentaré colgar uno semanalmente.

Lo habíamos dejado hablando sobre el tema de los microrrelatos y de que había enviado uno a un concurso literario. Os puedo adelantar que no quedé entre los tres finalistas, es más, no tengo la menor idea de cómo quedó mi “obra erótica literaria”. Como no me salía nada bueno, decidí acortar la historia de La Playa que son 793 palabras y reducirlas a 200 y claro, quedó lo quedó.

Voy a postear el relato aquí pero aderezándolo con una de las chicas de mi colega Vinatea.

Por cierto y que no se me olvide: MUCHAS GRACIAS POR NO HABERME OLVIDADO.



Valentina cerró los ojos e intentó dejarse llevar por un placentero sueño bajo el sol, pero repentinamente, notó como algo le acariciaba los pies e iba subiendo e introduciéndose por sus muslos. No pudo distinguir si eran unas manos o solo la brisa del mar. Notó como su sexo se dejaba mecer por las caricias ofrecidas y este comenzó a enviarle señales de placer por todo su cuerpo. Justo, cuando el primer gemido iba a salir de su boca, aquellos mimos cesaron y recorrieron suavemente el camino que les llevaban hacia el valle de sus pechos, perlados por el salitre del mar. Estos estaban erguidos y cuando aquellos roces comenzaban a subir hacia la cúspide, su sexo volvió a demandar más atenciones, que serían atendidas al descender las caricias, poco a poco, hasta el ensortijado monte de Venus. En ese instante, la juguetona brisa marina se transformó en una boca y en una lengua que, arriba y abajo, lamía los fluidos que salían del tierno y rosado sexo. Valentina se agarró con fuerza a la toalla y se abandonó totalmente a aquella boca que lamía, chupaba y besaba, al mismo tiempo que su pensamiento le revelaba, la llegada del éxtasis.