martes, 28 de mayo de 2013

EL BECARIO. CAPITULO 5

Al día siguiente, Diana subió a buscar a Héctor como todas las mañanas. Pero se encontró en la puerta una nota que decía: <<Me he levantado temprano esta mañana para ir a trabajar. Besos, por supuesto sin lengua. Héctor>>

La mujer sonrió para sus adentros. Aquel joven iba a ser un excelente espécimen. De eso se iba a encargar ella misma.

Cuando lo vio al llegar al trabajo, ni siquiera se dirigió a él. Subió las escaleras de caracol y se encerró en su despacho. A media mañana, recibió una llamada internar del despacho de Gloria.

—Dime Gloria.
—Hola, chica mala.
—¿Héctor?
—El mismo, ¿qué haces?
—Pues hablar con un becario desocupado, por cierto, ¿Dónde está Gloria?
—Ha salido y no volverá hasta la tarde.
—Y no tienes nada más que hacer que andar a molestar a tus superiores.
—Estaba picando datos y me he dicho <<voy a llamar a Diana y preguntarle que tal hoy en el autobús>>.
—Bien.
—¿Solo bien? ¿No me has echado de menos?
—No, para nada.
—Pues yo he echado de menos tu culito.
—¿Sí?
—Pues sí. No tenía ninguna anciana con la que restregarme.
—Maldito capullo —dijo Diana escuchando una sonrisita burlona al otro lado del teléfono.
—Nos vemos…
—Espera no cuelgues, tenemos que hablar sobre lo de apuntarte en mi gimnasio. ¿Lo has pensado?
—Sí y acepto la oferta.
—¿Y lo de sacarte un dinero extra?
—Acepto también.
—Muy bien, seguro que no te arrepentirás.
—Buf, ya lo estoy haciendo.

Por la tarde, Diana llegó a la oficina para recoger a Héctor. Irían a su gimnasio para darlo de alta como socio. Cuando llegaron allí, la recepcionista los recibió con una alegre sonrisa en el rostro.

—Buenos tardes, Helena.
—Hola Diana, ¿Qué tal?
—Traigo un nuevo socio. Quisiera añadirlo a mi cuenta.
—Muy bien, sin problema. Sabes que al hacerlo, tu cuota se reduce.
—Sí, lo sé.
—Por favor, rellena este impreso y anota a lo que te quieres apuntar —le dijo la recepcionista dirigiéndose a Héctor.
—No hace falta, Helena. Ponlo con acceso libre a todo. Y lo apuntas a la clase de Spinning de las nueve, conmigo.
—Muy bien.
—Diana, habrá días que no podré venir a esas horas.
—No te preocupes por nada. Yo me encargo de Gloria y de tus horarios intempestivos.
—¿Diana? —dijo una voz ronca tras ellos.
—Víctor, hola, guapetón —dijo Diana dándose la vuelta al reconocer aquel vozarrón.

Un hombre alto y ancho como un armario de tres puertas estaba plantado tras ellos. Dejó su bolsa de deporte sobre el suelo y abrazó a Diana tratando de no espachurrarla.

—Cuanto tiempo ha pasado sin verte por aquí —le dijo Diana a aquel hombretón.
—Si, estuve muy ocupado, sin poder venir al gimnasio durante todo este tiempo. Menos mal que hacia ejercicio en casa para no perder la forma.
—Menuda coincidencia, ayer mismo hable con Roxy.
—Si, me comentó que nos veríamos este fin de semana.
—Eso espero… ¿te apetece que tomemos algo y nos ponemos al día?
—Claro, pero yo invito.
—Que galante, ya no quedan caballeros como tú en este mundo —dijo Diana agarrándose del portentoso brazo de Víctor. —Helena, ¿podrías encargarte tú de enseñarle las instalaciones al nuevo socio?
—Claro que sí. Será todo un placer.

La recepcionista salió de detrás del mostrador mientras Héctor seguía con la vista a la pareja que estaba subiendo por las escaleras hacia la cafetería del tercer piso.

—Me acompaña por favor.
—Trátame de tu —le dijo Héctor que sé sorprendido al ver a la muchacha por entera. Su pelo castaño estaba recogido con una pinza por detrás, su tez era extremadamente pálida y su estatura no pasaba del metro sesenta. Pero lo que más destacaba de aquella recepcionista eran el tamaño de sus pechos por los cuales a Héctor le vino a la cabeza aquel manido refrán que decía <<teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre>> y el tremendo culazo que tenía la chica. Una cinturita de avispa hacia que el cóctel fuese totalmente explosivo.

Héctor la siguió por todas las instalaciones. Helena le enseñó primero la piscina de 25 metros con Ozono, la zona de Spa y la zona de relajación. Subieron al primer piso donde estaba la zona de spinning, aerobic y gimnasio de pesas, en el segundo piso, las pistas de Pádel y en el tercero, cafetería y restaurante.

—Vaya, sí que está completito el gimnasio. Menudas instalaciones tenéis aquí.
—Somos uno de los mejores gimnasios del país y has tenido mucha suerte en que Diana te trajese con ella. Hay lista de espera para poder ser socio.
—¿Cuesta mucho ser socio?
—Si Diana no te lo ha dicho, yo no estoy autorizada a hacerlo —dijo Helena dándole un codazo en el brazo a Héctor.

Diana se reunió con Héctor que charlaba animosamente con Helena.

—Veo que ya tienes una nueva amiga —dijo ella cogiéndolo del brazo.
—Si, es una chica muy simpática.
—¿Te has fijado en que esa camiseta que lleva, no puede dar más de sí?
—No, no me había fijado, ¿Por qué lo dices?
—Por sus… vale, déjalo.
—¿Qué tal tu reencuentro con Víctor?
—Muy bien, hacia medio año que no nos veíamos. Nos hemos puesto al día en todo.
—Me alegro mucho.
—Mira, está a punto de llegar nuestro bus. Pero hagamos una cosa. Tú irás en un lado del bus y yo en el otro. Hoy quiero evitarte un calentón.
—No hay problema. Cuanto más alejado mejor.


Entraron en el autobús y consiguieron coger asientos, uno en cada lado. A Héctor le parecía una situación absurda, pero cumpliría la promesa de aguantar hasta el fin de semana y cuanto más alejado de Diana mejor. Además, su mente vagaba entre los voluptuosos pechos de Helena y la fantasía de poseerla debajo del mostrador.

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