martes, 3 de septiembre de 2013

Otro microrrelato.

Anais se despertó y observó el cuerpo desnudo de Marko, brillante bajo la cálida luz de la mañana, que se filtraba por la ventana. Dormitaba de espaldas a ella y esta no pudo resistirse y acariciar su piel. Empezó por el cuello, continuó por su hombro y recorrió el largo brazo hasta que llego a su mano, donde se encontró con sus delgados y delicados dedos, los mismos que la habían amado la noche anterior. Habían recorrido durante horas, su tersa y aterciopelada piel de melocotón, habían escalado por sus pechos, jugado con sus pezones y descendido por el valle de sus senos, para luego buscar y adentrarse en las humedades de su anhelante sexo.


Pegó su cuerpo contra el de Marko, haciendo que su monte de Venus quedase a la altura del trasero del joven. Después, una de sus manos buscó los fuertes pectorales y pellizcó sus pechos. Este gesto fue interpretado como una llamada al amor pues Marko, abrió los ojos, tocó lujurioso las voluptuosas nalgas de Anais y la apretó todavía más contra él. Si ella quería volver a jugar, no sería él el que le dijese que no. La beso apasionadamente y todo volvió a comenzar.

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