miércoles, 2 de octubre de 2013

EL BECARIO. CAPITULO 12

La semana trascurrió sin muchos cambios. Víctor siguió machacando a Héctor en el gimnasio y solo lo dejó tocar piscina el viernes, tal y como le había dicho. Por las noches, Diana le daba un sensual masaje que siempre terminaba con un desahogo mutuo. Y llegó el sábado, el día que se estrenaba en su nuevo trabajo. Por la mañana, temprano, recibió una llamada de Roxy que le indicó el lugar del encuentro con Sonia.

Sería en uno de los mejores hoteles de la ciudad y al atardecer. Víctor se encargaría de recogerlo y llevarlo a su destino. Héctor aprovechó para ir al gimnasio y volver a meterse en la piscina. La tarde pasada, no había nadado muy bien ya que tenía demasiadas agujetas. Pero esa mañana todo fue como siempre. El contacto con el agua, el deslizamiento, las brazadas relajadas. Al salir se encontró con Helena.

—Hola campeón.
—Hola Helena.
—Veo que has resistido una semana uno de los entrenos cafres de Víctor y has venido a por más.
—Para nada. Hoy he repetido piscina.
—Mierda, me he perdido al chico atractivo en bañador.
—Bueno, otro día, si quieres, te hago un pase privado.
—Espero que sea pronto —dijo Helena con una pícara sonrisa. —Recuerda que mañana me pasaré temprano a recogerte para subir a la sierra.
—No te preocupes. Estoy ansioso por darle el regalo a tu tía y ver la cara que pone.
—¿Qué cara va a poner? Pues de vicio —rio Helena.
—¿Te pasa algo? Te noto muy risueña y eso no es muy normal en ti.
—No sé, esta mañana me he levantado así de contenta.
—Pues me alegro mucho. Ahora tengo que irme, van a venir a recogerme.
—¿Chico o chica? —preguntó Helena arrepintiéndose al instante de haberlo hecho. —Perdona, no era mi intención inmiscuirme en tu vida privada.
—No lo has hecho. Es el cafre de Víctor el que viene a recogerme. Y por allí viene volando —dijo Héctor sonriéndole a la joven.
—Bueno, dile que tenga cuidado con el paquete que lleva detrás o tendrá que vérselas conmigo.
—Se lo diré… ¿te puedo contar un secreto?
—Claro.
—Me gusta ir más contigo en moto, tu culo es más mullidito que el de él.

Helena le guiñó un ojo y entró en el gimnasio.

A las ocho de la tarde, Héctor estaba a las puertas del hotel, vestido con un elegante traje de Hugo Boss. Allí lo había dejado Víctor que esa tarde había dejado su Harley aparcada y conducía un lujoso Aston Martin DBS plateado. Un hombre ataviado con un traje de muchos botones y cordones por su chaqueta, le abrió la puerta para que pudiese entrar.

El vestíbulo era impresionante. Tenía cuadros y esculturas dignas de los mejores museos. Se dirigió hacia la recepción y pidió la tarjeta de la habitación 151, tal y como le había indicado Roxy en la llamada de aquella mañana. Subió hasta la planta 15 e introdujo la tarjeta en el cajetín. El piloto se puso verde y la puerta, con un pequeño chasquido, se abrió. Entró y vio que la Suite estaba decorada con todo lujo de detalles.

—Héctor, por favor, ven a la habitación.

El joven reconoció la voz de Sonia y encaminó sus pasos hasta la habitación donde pudo verla vestida con un conjunto de ropa interior muy sugerente. Un corpiño de color rojo que realzaba todavía más sus sugerentes pechos y los dejaba totalmente a la vista. Liguero, medias y zapatos de aguja a juego con el color del corpiño que dejaba también su sexo al descubierto.

Aquella imagen de Sonia hizo que Héctor comenzase a tener una rápida erección.

—Acércate y bésame —dijo Sonia colocando sus brazos en jarra.

Héctor se acercó, pero no la besó. La cogió de la mano y la puso frente al gran espejo del tocador. Había comenzado a poner en práctica los sabios consejos que las últimas noches le había dado Diana sobre su amiga. << A Sonia le encanta dominar la situación, tienes que sorpréndela, descolócala. Los demás chicos de Roxy se dejan llevar por ella. Imponte>>

—Eres preciosa —le dijo al oído y dándole pequeños besos a lo largo de todo su cuello.

Ella pudo percibir el suave aroma de la colonia del joven y también aquel olor que la había excitado tanto aquel día en la tienda. Se miró al espejo y se vio voluptuosa. Lo había hecho antes de que Héctor llegase pero ahora que estaba él, la vista de su propio cuerpo con la lencería le daba un morbo añadido a la situación. Y el joven, vestido con aquel elegante traje, estaba muy atractivo.

—Desnúdate —le dijo girándose y mirándole lascivamente a los ojos, pero la reacción del joven acabó por descolocarla totalmente.

Héctor volvió a girarla nuevamente hacia el espejo y se dedicó a acariciarla, a tocarla y a besarla hasta que Sonia comenzó a excitarse. Sus pechos estaban turgentes y sus pezones hinchados. Su sexo comenzaba a rezumar un flujo lubricante, aguardando al duro falo de Héctor que pugnaba por liberarse debajo de sus pantalones.

—Bájame la cremallera del pantalón, pero no me lo desabotones. Solo la cremallera —le susurró al oído.

Sonia obedeció a pesar de no estar acostumbrada a acatar órdenes y menos de un hombre. Sin voltearse, colocó sus manos a su espalda y bajó por la cintura hasta dar con el paquete de Héctor. Cogió la cremallera y la bajó.

—Ahora libera mi polla… por favor.

La voz de Héctor sonaba firme y cautivadora a la vez. Sonia no podía resistir a los mandatos dados por el joven. Metió una mano dentro de la apertura del pantalón mientras con la otra, acariciaba por encima de la camisa el trabajado abdomen de Héctor. Le bajó un poco el bóxer y sacó fuera la húmeda polla que palpitaba a escasos centímetros de su culo.

—Déjame entrar —dijo el joven mientras recorría con sus dedos el vello púbico de la mujer.

Sonia abrió un poco las piernas y agarrando con decisión la polla de Héctor, la atrajo hasta su mojado coño que agradeció la llegada de aquel falo, lubricándolo poco a poco y a medida que iba entrando, comenzó a notar las primeras oleadas del orgasmo. Aquello había sido demasiado para ella. La puesta en escena de Héctor vistiendo tan elegantemente, sus firmes órdenes que ella acataba sin rechistar, el aroma sensual de su colonia, el olor sexual que desprendía y el morbo de estar siendo follada delante de un espejo, con sus pechos voluptuosos y sus pezones duros e enhiestos desde que había escuchado entrar al joven en la Suite… todo eso hizo que el orgasmo llegase sin que ella pudiese evitarlo.

Todavía los últimos coletazos del éxtasis no habían desaparecido de su cuerpo cuando Héctor la cogió de la mano y la llevo hacia la cama. Se desnudó delante de ella parsimoniosamente, como si le estuviese dedicando un streptease a la mujer que lo miraba detenidamente, estirada sobre la cama y apoyada sobre sus codos.

Victor había realizado un buen trabajo con el cuerpo del joven. Sus músculos ahora estaban algo más duros y marcados que antes. Sonia se incorporó y se sentó para poder admirar el torso de Héctor. Lo acercó a ella y comenzó a besar cada centímetro de su piel mientras le apretaba el culo con sus manos. Esto hizo que Héctor volviese a excitarse nuevamente.

Sonia agarró el duro miembro del joven con las dos manos y se lo llevo a la boca. Con su lengua lamía las perladas gotas de líquido que salían del pene de Héctor que, cerró los ojos para poder disfrutar todavía más del momento. Pero Sonia necesitaba que volviese a penetrarla. Le había sabido a poco el rato que habían estado frente al espejo. Dejó de satisfacerlo con su boca y lo llevó hasta el centro de la cama. Hizo que se acostase y se subió a horcajadas sobre su cuerpo. Estaba muy mojada y no le resulto difícil al pene de Héctor abrirse paso por las húmedas cavidades de su sexo.

Sonia podía verse montando como una amazona en el espejo. Se quitó el corpiño y la imagen de sus voluptuosos pechos dando pequeños brincos al compás del ritmo de sus caderas hizo que su excitación fuese en aumento. Héctor tampoco se había quedado totalmente inmóvil. Sus manos acariciaban las sedosas piernas de la mujer, con suavidad al tocar sus medias o apretando la carne con fuerza en otras ocasiones. Subió por su vientre hasta alcanzar los henchidos senos, que agradecieron la llegada de sus manos poniéndose sus pezones en guardia.

Héctor rozaba con delicadeza la sensible piel que iba desde la axila hasta el centro del pecho y esto arrancaba de la mujer, algún que otro gemido ahogado. Sonia cambió el rítmico vaivén de sus caderas por un sube y baja sobre el falo de Héctor. Subía hasta solo dejar la punta del glande dentro de ella, se mantenía unos segundos así y después bajaba con fuerza hasta golpear con su trasero sobre los testículos del joven. Esto se prolongó durante unos minutos hasta que Héctor no pudo más, se incorporó y lamió con lujuria los ardientes pezones de Sonia que estaban pidiendo ser acariciados.

La mujer agarró la cabeza del joven y la apretó con fuerza contra sus pechos, entregándose al furioso frenesí que Héctor le estaba proporcionando. Volvió a verse en el espejo y el reflejo de aquella tórrida escena provocó que los prolegómenos del inminente orgasmo llegasen a recorrer todo su cuerpo.

Sonia se movió con fuertza inusitada y su sexo se rozaba contra el duro vientre de Héctor que bajó con una de sus manos por la espalda de la mujer y con delicadeza, introdujo la punta de su dedo índice en su trasero. Eso hizo que Sonia, con un fuerte movimiento de su cadera, lo ayudase a introducirlo totalmente y se sintió doblemente penetrada.

El salvaje orgasmo les sobrevino unos minutos después casi al mismo tiempo y durante unos instantes perdieron la consciencia hasta del lugar donde se encontraban. <<La petite mort>> le había susurrado Sonia al ído. Se recostaron todavía unidos por el abrazo y así se quedaron durante mucho tiempo hasta que Héctor se levantó, recogió su ropa y se despidió de la mujer con un suave beso en los labios.

2 comentarios:

  1. La pequeña muerte!.aunque sé que queda mejor pronunciado en franchute ( y decir "lapetitmort") , el idioma del amore y todo eso, je. Me alegra ver al día tus jadeantes relatos, Namor.

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  2. Hello my friend Cat. Pues decir que los llevo al día es mucho decir jajaja. Mañana intentaré acabar la historia con una traca final digna de las "amiguitas de Vin"... y no puedo desvelar más.
    Abrazos maullantes.

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