jueves, 2 de enero de 2014

Llovía...



Llovía… o eso dices cada vez que recordamos la primera vez que nos vimos. Aunque para mí al verte, el cielo se despejase y el sol comenzase a lucir radiante en su cenit.

Cuantas cosas descubrimos juntos… cuantos viajes a paraísos inexplorados y lo mejor, esas rutas de senderismo que me hacías recorrer por tu cuerpo.

Subía a tus montañas, bajaba por tus valles, exploraba tu monte buscando el tesoro escondido y al final, me internaba en las profundidades de tu caverna intentando así, arrancar de tu garganta los destellos de placer que se escondían latentes y expectantes a mi llegada.


Y ahora estoy aquí, desesperado y aguardando a que llegue la noche para volver a recorrer, el mapa de tu codiciado cuerpo. 

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