viernes, 30 de mayo de 2014

REGAR EL JARDIN


Hace un tiempo, hablando con una buena amiga, le pregunté cómo después de 20 años con la misma pareja, podían quererse tanto. Ella me miró sorprendida y me dijo que el secreto estaba en regar el jardín todos los días. Mi cara esbozó una gran sonrisa y después de soltarme una colleja, me lo explicó para que yo lo entendiese.

<<Mi querido Namor, como veo que tienes el romanticismo en el culo, te diré, que regar el jardín todos los días, no es “tener  sexo todos los días”, si no, que el amor es como un jardín y hay que regarlo día sí y día también. Llenar la vida de tu pareja y que él te la llene a ti, de pequeños detalles cotidianos, como una nota de amor sobre la almohada, un mensaje escrito con cariño en el ordenador, un desayuno sin que sea fin de semana, que te consiga una flor mientras dais un largo paseo, que se vaya con los niños y te deje unas horas a solas, una rápida llamada para decirle te quiero, etc. >>

Pero también os he visto discutir – le dije yo.

<<Pues claro que sí, de eso trata la convivencia en una pareja, si no se discute de vez en cuando, es que la cosa no va bien, pues daría a entender que a ninguno de los dos nos importa la relación. Además, ¿para qué crees que están las reconciliaciones?>>.

Después de esta conversación, me quedé pensativo y reflexioné durante mucho tiempo la gran lección que me había dado mi buena amiga y comprendí el gran favor que me había hecho, abriéndome completamente los ojos al nuevo mundo: tienes el romanticismo en el culo.

Entonces me propuse escribir algo “bonito” de aquí que haya tardado tanto tiempo en hacerlo. Os lo dejo aquí para que podáis opinar si mi amiga tenía razón o la patata que tengo como corazón, puede albergar algún que otro sentimiento.


Hasta otro día, corazones…



¿Qué?...me preguntas cuando me quedo mirándote embobado, cuando nos damos besos de gnomos o cuando nos miramos fijamente.

A veces, mi mente se queda en blanco, pero otras pienso que…

Me gusta tu belleza, a pesar de los muchos años que llevamos juntos.

Me encanta tú mirada, azul, joven y radiante.

Me gusta tu sonrisa cuando te hago reír, a pesar de no ser yo, la alegría de la huerta.

Me encanta abrazarte y sentir la fuerza de tu abrazo en mi cuerpo.

Me gusta verte pasear por casa después de la ducha, completamente desnuda, que te metas en cama y provoques mis anhelos.

Me encanta acariciar y besar tu espalda, mientras los últimos jadeos de la pasión, nos envuelven como sábanas de terciopelo.

Me gusta…me gustas…

Me encanta…me encantas…