viernes, 12 de septiembre de 2014

¿ADORABLE O FOLLABLE?

¿ADORABLE
O
FOLLABLE?

Este mes de Agosto me encontré con un viejo amigo al que hacía tiempo que no veía. Estuvimos hablando largo y tendido de nuestras ajetreadas vidas y cuando la conversación se distendió, me comentó algo que me escandalizó.
En su trabajo comen todos juntos y en una de esas comidas, una de sus compañeras le dijo:

-Juan, eres el hombre diez. Atractivo, inteligente, buen padre, buen marido. Si no estuvieses casado, serías el hombre ideal para casarme contigo.
-Gracias Sara por todos esos piropos. Pero también tengo alguna que otra virtud oculta.
-¡A no, para eso prefiero a Sergio, que a pesar de ser menos agraciado que tú, tiene pinta de ser más castigador! Además, tú eres adorable.

¿Pero que os pasa a las mujeres que por lo general preferís al típico tío que sea algo “chuleta” o con pinta de castigador,  antes que a un hombre adorable? ¿Qué pasa, que los hombres adorables no son follables?


Después de darle vueltas a esta conversación, se me ocurrió escribir estas líneas que a continuación os dejo para que las leáis y si no tengo razón en lo anteriormente dicho, me lo rebatís. 

SUEÑO

Cuando me despierto, la oscuridad reina en la habitación. Al escuchar tu respiración acompasada, me doy cuenta de que todavía no te has ido y que has preferido pasar la noche en mi cama, conmigo.

Puedo oler tu pelo largo y sedoso sobre la almohada, puedo sentir la calidez de tu piel pasando mi mano sobre tu cuerpo sin tocarte y puedo volver a dormirme sabiendo que en la mañana, amanecerás entre mis sábanas.

Pero no logro resistir acercarme a ti, ahora que te tengo tan cerca. Me muevo muy despacio intentando no despertarte y guiándome por tu respiración que sigue pausada, sin cambios aparentes. Acerco nuevamente mi mano a tu hombro y apenas lo rozo con las yemas de mis dedos, imperceptiblemente, buscando el placer de tocar sin llegar a provocar tú despertar.

Continúo bajando por el brazo y tu cuerpo se gira haciendo que mi corazón lata desbocado dentro de mi pecho. Después de unos angustiosos segundos compruebo que sigues dormida, tu respiración vuelve a armonizarse y me tranquilizo al ver que mis dedos rozan tu mano sin cambio alguno en tu rostro.

La luz de la mañana comienza a colarse por las rendijas de la persiana y pinta poco a poco la silueta de tu cuerpo, mientras mi mano vuelve a recorrer en sentido ascendente, el conocido sendero.

Al tener más claridad, puedo percibir la respiración de tu pecho, como sube y baja debajo de la camiseta que te había prestado la noche anterior para dormir. Puedo observar que no llevas nada bajo la fina tela de algodón y me interno por el asa, buscando la suave piel de tu seno. Rezo para que Morfeo te siga teniendo en sus brazos y no despiertes mientras mis dedos llegan a la cúspide de tu pecho.

Exhalas un suspiro que me hiela la sangre, pero sigues dormida y no hay nada que me delate lo contrario. Bajo lentamente por el desfiladero y recorro con parsimonia la vereda que me lleva al otro seno.

La misma reacción, otro suspiro, pero esta vez, mucho más profundo y anhelante. Mi pulso se acelera al pensar en besar tus labios que permanecen entre abiertos deseando ser besados. Me incorporo lentamente y a escasos centímetros de tu boca, cierro los ojos y pienso en dejarme arrastrar por tu marea y ahogarme en el océano de tu pasión…


Despierto y no estás a mi lado. Apesadumbrado me doy cuenta de que todo ha sido un sueño. Ayer te pedí que eligieses entre él y yo, y ahora… no estás aquí. 


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