viernes, 24 de octubre de 2014

RECUERDOS



Amanece y me despierto sintiendo tu brazo sobre mi cadera. Sonrío al recordar lo que pasó bien entrada la noche, cuando sin previo aviso me diste un tierno beso y comenzamos unas pequeñas hostilidades con nuestras bocas.

Te giraste dándome la espalda y con la destreza de un ladrón de guante blanco, solté con mis dedos los corchetes de tu sujetador para liberarte los pechos. Después fue tu pijama y segundos más tarde el mío.

La lucha de nuestros cuerpos fue in crescendo a la par que nuestra excitación. Mientras mi lengua intentaba horadar tu boca, mis manos no permanecieron ociosas. Una tocaba tus voluptuosos senos y la otra se perdía entre tus muslos recorriendo tus lugares secretos.

Lugares que se abrieron al yo ponerme encima de ti buscando el deseoso encuentro entre tu sexo y el mío. Pero tú retrasaste ese momento unos minutos más. Jugaste con él rozándolo contra tu placentero brote que sobresalía orgulloso de su protector capuchón.

Besé y lamí tus pechos con apasionado ardor, pero intentando no lastimar tus delicadas cumbres que reaccionaron henchidas dentro de mi boca.

Cuando decidiste que era el momento de entrar, dejaste que mi sexo se perdiese dentro de ti midiendo la profundidad de tu ardiente y húmedo refugio.

El éxtasis llegó casi al unísono y caímos derrotados, sin apenas fuerza para nada más que respirar entrecortadamente. Me quedé a tu espalda, acariciándola con mis dedos hasta que los dos nos quedamos dormidos.


Ahora que estoy despierto noto como nuestra cama, testigo fiel de nuestro frenesí, guarda el calor de la reyerta y a pesar de estar nuestros cuerpos desnudos, al frio del amanecer le ha sido totalmente imposible traspasar la barrera infranqueable de nuestra pasión. 

viernes, 3 de octubre de 2014

MADE IN SPAIN

Corría el año 1988 cuando la Década Prodigiosa presentaba esta canción en Eurovisión. Y es que en España hacen las cosas diferentes a los demás. Y si no que se lo pregunten a Luisa y Manolo, una pareja de las que hay muchas por ese gran país y de los que traigo una historia que algún iluminado se ha atrevido a contar. Así podréis ver el daño que ha hecho 50 Sombras de Grey en las mujeres. (Millones de gracias a esa mente prodigiosa porque al imaginarme la situación, ha hecho que me ría un buen rato). Que lo disfrutéis y buen finde.

Actualizo: ¡Ya se de quien es la mente prodigiosa que ha parido este relato!. Os dejo el enlace a su Facebook: 
https://es-es.facebook.com/asanchisan



Salgo de musicoterapia y voy a tomar algo con las amigas. Con todas menos con Reme, que le ha dado la ciática en la conga y se ha marchado a casa. Vamos a un sitio nuevo que conoce Virtudes que por dos euros te ponen una caña y un pincho así de grande, que con un par ya has cenado.

Allí la Marce nos cuenta que se está leyendo el libro ese de darse azotes. Por lo visto es de un señor rico que coge a una chica jovencita y en vez de darle besos y hacerle arrumacos la toma por una piñata y la escaralla. Es lo que se lleva ahora en el sexo. Claro que a ella le debe gustar porque vuelve a por más, como la gata flora, que si se la metes grita y si se la sacas llora.

El caso es que de camino a casa no dejo de darle vueltas al tema y me sorprendo a mí misma pensando en hacer algo parecido con Manolo, que es lo que tengo disponible. No es que a mí me guste que en la cama me traten como a una yegua, pero a lo mejor así resucitamos nuestra vida sexual, que lleva muerta desde que empezó a tener más tetas él que yo.

Llego a casa y me doy una ducha de las esmeradas, poniendo especial énfasis en frotar el peluche y aledaños, que quede apetitoso. Luego voy al salón en ropa interior, apoyo una mano en el marco de la puerta y le digo a la cosa esa que hay despatarrada en el sofá que me acompañe a la habitación.

Él no entiende nada pero obedece, por no discutir y porque el tema pinta retozón, que no acostumbra. Así que se pone en marcha y cuando pasa junto a mí le suelto un manotazo en el culo y un “que te como, pirata”. Crece su extrañeza.

- Luisi, ¿has bebido?
- Calla, señor Bermúdez, y tira que te voy a dar la paga.

Le doy otro azote mientras avanzo detrás de él.
Manolo en estas cuestiones muy exquisito no se pone. Cuando cruzo el pasillo y le doy alcance, él ya está con los calzones por los tobillos diciendo “rápido, que empieza el Pasapalabra”. Pero no le hago caso. Hoy no va a ser el “aquí te pillo, aquí te mancillo” de siempre.

Le digo que se tumbe boca abajo y pienso. Necesito un látigo, que es muy erótico, que me lo ha dicho la Marce, pero en casa no tengo de eso así que cojo un cinturón, uno con la hebilla de golfi. Así, en bragas y con un antifaz de cotillón, le arreo un latigazo en la espalda. Manolo se caga en mis bisabuelos, en mi gazpacho y en el ministro de hacienda.

Hay que pensar otra cosa porque la dominación con latigazos no ha dado los resultados esperados. Manolo sigue retorciéndose intentando que la mano le alcance la zona donde le he atizado para aliviarse el escozor. Así que ahora me tumbo yo en la cama y le pido que me dé azotitos. A la segunda hostia que me suelta en el culo con la manaza abierta, que la tiene como una peineta de berenjenas, estoy empotrada contra el cabecero de forja toledana. Esto parece un rodeo americano. Así tampoco.

- Te voy a estimular el punto ge - le digo con sensualidad, pasándome la lengua por los labios. Quizás haya exagerado un poquito el matiz sexy y haya parecido una vaca bebiendo, pero bueno, ya está hecho.
- Eso - dice él -. Bájate a los columpios que tengo la mazorca a punto de hacer palomitas.

Para mí que este no se ha enterado muy bien de lo que le voy a hacer. Me humedezco un dedo con saliva y le pongo la banderilla. Manolo clava las uñas en las sábanas, aprieta los dientes y su voz se vuelve aguda. Su cara ahora mismo es como dos huevos fritos con labios.

- Hiiiiiija de puta…

Saco el dedo deprisa. Ya no sé ni por qué sombra voy, pero a las cincuenta me da a mí que no llegamos. Voy a pasar al erotismo verbal. Esto no puede fallar porque lo he visto en un montón de películas españolas y siempre funciona.

- Manolo, dime cosas feas.
- Guarrilla.
- Eso es.
- Putita.
- Así, sigue, dime más.
- Cotilla, histérica, eres como tu madre, todo el día tocando los cojo…
- Pero qué hablas, borracho.
- Yo a esa señora no la quiero más aquí en Nochebuena.
- Mira, Manolo, mi madre vendrá a esta casa cuando ella quiera. No empecemos otra vez con lo mismo, te lo pido por favor.
- Bueno, pero hay mandanga o no hay mandanga.
- Ya por no oírte, hijo mío.
- Venga, ponte boca arriba, a ver si me da tiempo de ver el rosco, que hay casi un millón de bote.
- ¿Ya estás dentro?
- Qué hija de puta eres.