viernes, 24 de octubre de 2014

RECUERDOS



Amanece y me despierto sintiendo tu brazo sobre mi cadera. Sonrío al recordar lo que pasó bien entrada la noche, cuando sin previo aviso me diste un tierno beso y comenzamos unas pequeñas hostilidades con nuestras bocas.

Te giraste dándome la espalda y con la destreza de un ladrón de guante blanco, solté con mis dedos los corchetes de tu sujetador para liberarte los pechos. Después fue tu pijama y segundos más tarde el mío.

La lucha de nuestros cuerpos fue in crescendo a la par que nuestra excitación. Mientras mi lengua intentaba horadar tu boca, mis manos no permanecieron ociosas. Una tocaba tus voluptuosos senos y la otra se perdía entre tus muslos recorriendo tus lugares secretos.

Lugares que se abrieron al yo ponerme encima de ti buscando el deseoso encuentro entre tu sexo y el mío. Pero tú retrasaste ese momento unos minutos más. Jugaste con él rozándolo contra tu placentero brote que sobresalía orgulloso de su protector capuchón.

Besé y lamí tus pechos con apasionado ardor, pero intentando no lastimar tus delicadas cumbres que reaccionaron henchidas dentro de mi boca.

Cuando decidiste que era el momento de entrar, dejaste que mi sexo se perdiese dentro de ti midiendo la profundidad de tu ardiente y húmedo refugio.

El éxtasis llegó casi al unísono y caímos derrotados, sin apenas fuerza para nada más que respirar entrecortadamente. Me quedé a tu espalda, acariciándola con mis dedos hasta que los dos nos quedamos dormidos.


Ahora que estoy despierto noto como nuestra cama, testigo fiel de nuestro frenesí, guarda el calor de la reyerta y a pesar de estar nuestros cuerpos desnudos, al frio del amanecer le ha sido totalmente imposible traspasar la barrera infranqueable de nuestra pasión. 

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