miércoles, 14 de octubre de 2015

EL TRABAJO.




Marko se despertó con unas esposas en sus muñecas y un pañuelo anudado a su cabeza que le tapaba la visión. También notó que estaba desnudo y comenzó a preocuparse al no saber dónde estaba o como había llegado a estar en esa situación.

Tranquilo, no te va a pasar nada — dijo una voz femenina a su espalda.

Trato de incorporarse y unas manos con dedos largos y suaves lo ayudaron, pero firmemente, lo hicieron ponerse de rodillas sobre la alfombra donde había despertado.

Ahora que por fin has despertado, podemos comenzar.
¿Comenzar? ¿A qué? — gritó el hombre antes de recibir un golpe en su espalda con una fusta.
Silencio —dijo la voz femenina. – Si hablas, recibirás tu castigo.
Pero… — y con otro golpe de fusta, Marko entendió que tenía que hacerle caso a la mujer que esgrimía con total maestría aquella vara.
Vamos a intentar llevarnos bien. Me llamo Sandra y tengo entendido que entre tus amigos te jactas de que tienes un gran dominio sobre tu cuerpo, incluso de que eres capaz de controlar tus impulsos y la excitación que se pueda dar en determinados momentos.

El hombre asintió con su cabeza.

A mí se me da muy bien echar abajo todas esas farsas que os traéis entre los llamados “machos alfa”. Y por supuesto, no creo que aguantes más de un minuto sin excitarte con lo que yo te voy a hacer — dijo Sandra muy segura de sí misma comenzando a acariciar los pezones del hombre con la punta de la fusta. ¿Aceptas el reto?

Marko no se lo pensó dos veces y asintió nuevamente.
La mujer le quitó la venda que le tapaba los ojos y el hombre, en cuanto recupero bien la visión, pudo ver a su fustigadora. Sandra era joven, rubia, vestía un voluptuoso corpiño negro y llevaba un antifaz de fantasía.
La entrepierna de él comenzó a moverse, pero con una orden de su cerebro, esta volvió a su estado normal.

Mmmmmm, esto va a llevarme algo más de un minuto, pero ten por seguro, que voy a doblegar tu voluntad y conseguiré que tu sexo, apunte hacia mí.

Marko sonrió maliciosamente. Aquella dama se lo iba a tener que currar.
La mujer se movió lentamente alrededor de él, con su fusta acariciando la bronceada piel de Marko. Los músculos de este se tensaron cuando la vara bajó por su columna vertebral y se introdujo por su muslos. Su sexo, volvió a reaccionar pero siguió controlándolo.
Ahora era por la parte delantera por donde descendía la negra vara y se posó sobre la polla que volvió a reaccionar a las caricias proporcionadas por la bella joven. Pero Marko, resistía, aspiraba profundamente y soltaba el aire con lentitud, conservando la calma lo mejor que podía.
Sandra se desprendió de sus braguitas que tiró al lado del hombre y colocó su depilado sexo enfrente de su cara. No hubo reacción por su parte.

Eres fuerte mentalmente, pero no vas a poderte resistir mucho más. A pesar de que quieres controlar tu cuerpo con la respiración, tu corazón te delata y está empezando a bombear con más fuerza, porque la demanda de sangre es mayor ya que tu polla, necesita hincharse para rendirse a mis encantos.

El hombre cerró los ojos y trató de pensar en otra cosa, pero el suave olor y la calidez del sexo de Sandra pegado a su cara, hacían que sus fuerzas comenzasen a flaquear.

Vamos a hacerlo más difícil, quiero que lamas mi coño, despacio, muy despacio — dijo Sandra abriendo sus labios para dejar que la lengua de Marko llegase a todos los rincones de su sexo.

Marko obedeció y con su lengua, lamió cada pliegue de la sensible piel de Sandra que gimió con gusto, ante los atentos mimos que el hombre le proporcionaba a su sexo.
Su polla apenas resistía no rebelarse ante su amo y subir como una bandera a la que izan para el deleite de los asistentes. Su corazón, tal y como había dicho Sandra, latía con más fuerza y el riego llegaba a todas las partes de su cuerpo.

Lo haces muy bien y me encanta que te resistas. Pero ha llegado el momento de tu capitulación, mi querido Marko — dijo Sandra apartando su húmedo sexo de la hambrienta boca del hombre.

Se acercó a su oído y le susurró una sola palabra.
La polla se izó con un resorte, Marko apenas podía mantener su postura y forcejeo con las esposas. Su boca buscó la boca de Sandra, pero esta se apartó con un rápido movimiento.

Tus amigos quedarán gratamente sorprendidos cuando les cuente la resistencia que has logrado mantener durante todos estos minutos — dijo la joven mientras agarraba del pelo al hombre y le echaba la cabeza hacía atrás. Cogió con su otra mano la erecta polla y probó su consistencia haciendo que este gimiese de placer. —En unos minutos subirán tus amigos y te quitarán las esposas. Mi trabajo aquí ha finalizado.
Por favor, ¿podrías repetirme lo que me has dicho al oído?
Fó-lla-me — le susurró lentamente Sandra.

Marko se corrió sobre la alfombra mientras la joven se vestía la gabardina. Fuera, la lluvia arreciaba con fuerza.

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