jueves, 17 de diciembre de 2015

DESERTOR



Desertor…así me llamarán mis compañeros de la Guardia de la Noche cuando sepan lo que hice. Pero mi conciencia no descansará tranquila hasta que pueda traerla a lugar seguro.

Ella me encontró casi congelado al Norte del Muro y le debo mi vida. Formaba parte de una patrulla de Exploradores cuando aquellos caníbales nos atacaron. Fui el único que sobrevivió a la carnicería gracias a mi destreza con la espada de acero valyrio heredada de mi abuelo.

Me llevó a su cabaña y me curó las heridas. Tuve suerte pues era una sanadora a la que el pueblo de los Salvajes tiene en  gran aprecio y nunca revelo que yo era un Cuervo. La primera noche y después de coser mi piel lacera, se desnudó y trató de calentar mi cuerpo con el suyo. No sé si fue el fuego de su hoguera o el calor de su piel, que a la mañana siguiente me desperté con una erección en mi verga. La única parte de mi cuerpo que se recuperó en una sola noche.

Después, con sus emplastos, el resto de mis heridas fueron cicatrizando y cada noche, después de acostarme, me hacía el dormido y la miraba con los ojos entrecerrados mientras ella se desnudaba, se tocaba y disfrutaba de sus propias caricias hasta llegar al clímax. Sus pechos se ponían duros y sus pezones apuntaban al frente. Su sexo iluminado por la mortecina luz del fuego, rezumaba el preciado elixir que solo las mujeres pueden crear.

Una mañana me dijo que hacía lo que hacía porque la mantenía joven y fuerte y que yo debería hacer lo mismo en las largas noches de guardia. Me reí con ganas porque apenas me la encuentro cuanto tengo que mear desde lo alto del Muro.

Cuando por fin estuve completamente curado, me ayudó a llegar a las estribaciones de la Puerta Negra. Me despedí de ella e hizo prometerle que no volvería a buscarla pasase lo que pasase.

Pero de eso hace meses y tenemos noticias de que los Caminantes Blancos campan a sus anchas por el Norte. Los Salvajes huyen hacía el muro y yo no puedo permanecer impasible y no hacer nada. Tengo que salir a buscarla y traerla al Fuerte de la Noche. Sam Tarly me dijo que había un túnel que llegaba al bosque de más allá del muro y desde allí podría continuar hasta el Norte, a la cabaña de la curandera y convencerla de que se venga conmigo.

Serán muchas jornadas de peligros porque tendré que pasar entre el ejército de los Salvajes y aguardar que los Caminantes Blancos no hayan hecho de la bella curandera, una de ellos. Llevó mi espada y veinte flechas con punta de vidriagón. Si llegó a su cabaña y es una de ellos, no dudaré en utilizar mis armas contra ella.


Se acerca el invierno.

2 comentarios:

  1. Esto no puede ser!!!! Me has abierto el apetito de…………”Juego de tronos” ……..”entre otras cosas”……

    Y bueno, ya sabemos quién curará sus heridas… Supongo que a ella no la verá en esa tesitura tan, excitante…pero lo que es seguro, es que sanará…

    Me encantó!

    Sí…se acerca el invierno ;-)

    Bsoss!!

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  2. Como te entiendo, Ginebra. Yo pensé lo mismo cuando vi a Tyene desnudarse ante Bronn en aquella prisión y me dije: menos mal que están en un lugar de carcito y no hay mucha humedad, porque si no, esa buena moza se iba a resfriar.
    Saludos.

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