martes, 26 de abril de 2016

AMAZONIA. CAPITULO 3. FIN

—Hola Christina, soy Mike —dijo el ciborg presentándose con un par de besos en las mejillas a la sorprendida mujer que en un principio, no supo reaccionar. —¿Podemos pasar dentro? Las chicas de ese furgón están esperando por si me rechazas y llevarme directamente al Sector 9. Pero al menos me gustaría prestarte mis mejores servicios. Te prometo que no te arrepentirás.
—Vaya, tienes una programación nueva a pesar de no ser un ciborg de compañía muy actualizado, ¿verdad?
—Soy un modelo que va a romper tabúes en esta sociedad.
—Me gusta esa forma de pensar. Por favor, pasa.

Christina les hizo un gesto a las chicas del furgón y estas asintieron, dejando el vecindario y al ciborg Mike con la sorprendida clienta.

Mike recorrió el salón de la casa de Christina que lo observaba con atención. Vestía una camisa blanca y unos antiguos vaqueros que Paula había conseguido en una tienda Vintage de unos carísimos almacenes. Sus movimientos eran muy naturales para ser un anticuado ciborg, se podría decir, que eran casi felinos, como si estuviese buscando una presa. Pensó para ella misma que tenía que dejar de ver aquellos antiguos documentales sobre fieras salvajes, la estaban afectando demasiado a la cabeza.

—Mike, ¿qué modelo de ciborg de compañía eres?
—Soy viejo, pero te demostraré que soy mejor que el último o mejor que cualquier otro androide con el que te hubieses acostado.
—Estás muy seguro de ti mismo. Es extraño.
—¿Extraño en una maquina?
—Sí, los androides de compañía no suelen ser tan…
—¿Seguros de si mismos?
—Pueden estar programados así, pero tu pareces tan diferente, como si no fueran unas ordenes programas en tu cerebro cibernético, si no, como… lo siento, creo que estoy divagando.
—Como si esa seguridad surgiese directamente de mí mismo. Como si fuese una persona como tú y no como un ente.
—Sí, tienes razón, pero eso es imposible… ¿verdad?
—Claro Christina, yo solo soy un ciborg de compañía al que le gustaría poseerte aquí y ahora, pero antes me gustaría besarte… ¿puedo hacerlo?
—Sí… sí, claro que puedes, debes hacerlo.

Mike se acercó lentamente, haciendo que Christina respirase profundamente y sus pechos se moviesen arriba y abajo, saliéndose casi del vestido. Estaba nerviosa, aquel ciborg la había puesto así y eso era nuevo para ella.

Los ojos verdes de Mike la miraban de forma diferente que los demás androides que Paula le había enviado en cada cumpleaños. La mirada era de lujuria y cuando él acercó sus labios a los de Christina, cerró los ojos para sentir todavía más aquel dulce contacto de sus bocas. Mike fue despacio, muy despacio, con besos cortos al principio, intentando refrenar el frenesí que surgía de su interior. Poco a poco, sus lenguas comenzaron a entrelazarse con un cadencioso ritmo que a Christina se le antojó conocido. Como si hubiese besado a Mike en el pasado, como si sus besos fuesen un recuerdo cercano, pero a su vez, alejado en el tiempo. Otra de esas cosas imposibles que le estaban ocurriendo desde que él había entrado por la puerta.

Después se abandonó totalmente a la cálida lengua de Mike que jugueteaba con la suya y que hacía que su excitación fuese creciendo exponencialmente a la lucha entre sus lenguas.

El ciborg le agarró el trasero y la acercó hacía él, notando Christina, el sexo creciente de Mike contra su vientre. <<¿Quién era? ¿Cómo lograba hacer esas cosas sin ella ordenarle nada?>> Fueron preguntas que no tendrían contestación, al menos no en aquellos momentos en los que Mike la estaba desnudando y la contemplaba con ardor en su mirada. Acarició uno de los pechos de la mujer con su mano y esta se estremeció al notar el cálido contacto de sus dedos recorrer todo el contorno de su pecho hasta llegar a su disparado pezón y volver a recorrer en sentido inverso, el camino hasta el gran valle de su escote. Y todo, sin dejar de besarla apasionadamente. Aquel ciborg de compañía estaba muy bien preparado para aquel trabajo.



Christina deseaba que Mike la tocase con la otra mano más abajo y antes de que se la cogiese, este, como conociendo lo que la dama deseaba, bajo con la otra mano hasta la braguita humedecida que tapaba el anhelante sexo de la mujer. Lo rozó por encima y Christina se estremeció, dejó de besar a Mike y echó su cabeza un poco para atrás. Aquel simple contacto la había dejado con ganas de más. Enterró su cara contra el cuello del ciborg y se dejó hacer por él.

Mike introdujo su mano por dentro de la ropa interior de Christina y lentamente, centímetro a centímetro, recorrió la depilada piel del monte de venus hasta el capuchón que apenas podía proteger aquel jugoso botón de placer. Otro pequeño roce y otro suspiro brotó de la boca de la dama.

Pero él no podía contener por más tiempo sus impulsos más primarios y metió uno de sus dedos dentro del sexo de la mujer, comprobando así, que estaba todavía más húmedo de lo que podría haberse imaginado. Christina estaba muy excitada y para eso estaba él allí. Para satisfacer a la guapa pelirroja y durante el rato que estuviese con ella, se lo pasase lo mejor posible. Esa era su misión.

Con una facilidad pasmosa la cogió en brazos y la dejó sobre el sillón, donde le quitó las braguitas y las dejó sobre la antigua y cara alfombra persa que Paula le había regalado el año pasado. Comenzó a besar toda su pierna derecha desde la punta de los dedos de sus pies, pasando por su pelvis, y volviendo a bajar por la pierna izquierda hasta su pie.

Christina necesitaba ya, que aquel ciborg dejase ya tales atenciones y se pusiese en faena lo antes posible ya que con aquellas caricias estaba consiguiendo que su excitación subiese tanto que poco le faltaba para llegar al clímax. Y ella necesitaba un poco de penetración. Siempre la había necesitado, aun cuando jugaba con Paula y toda su juguetería erótica.

—Mike, a mí no me queda mucho ya… entra.
—¿Tan pronto? Todavía no he acabado con los preliminares.
—No me lo pongas más difícil…¡entra!
—¡No!.

Mike se colocó sobre ella y la besó apasionadamente. Christina intentó agarrar el sexo de Mike, pero él se zafó en todas las ocasiones. Era rápido y a pesar de estar delgado, su fuerza era muy superior a la de ella. Le cogió ambas manos y se las subió por encima de su cabeza mientras seguía besándola y acariciándole los pechos.

—Ahora me gustaría que te dieses la vuelta, quiero observar tu trasero.

Christina obedeció sin rechistar y colocó su voluminoso y blanquecino trasero delante del rostro de Mike. Desde aquella mínima distancia podía oler el sexo de Chris que rezumaba su propio néctar. Este comenzó a besar con ternura ambas nalgas mientras daba lentas pasadas con sus dedos por el sexo de la dama, que se estremecía con cada caricia. Apenas le quedaban fuerzas para aguantar sin llegar todavía al orgasmo.

Mike lo sabía y mientras se acercaba peligrosamente con sus besos a la entrada prohibida, introdujo uno de sus dedos en el sexo de Christina que se abandonó al deleite que aquel ciborg le estaba proporcionando y el clímax llegó irremediablemente en continuas oleadas de placer.

Christina se quedó completamente exhausta y se adormeció mientras era abrazada por Mike. 

—Amstrad, gracias por cuidar de ella.
<<No tienes porqué darlas, Mike. Me programaste para ello. ¿Cuándo vas a despertarla?>>
—Ella está segura contigo. Aquí fuera todo está perdido. No sé cuándo podré volver a conectarme. Si no vuelvo ya sabes lo que tienes que hacer.
<<Continuar hasta que su conciencia desaparezca>>
—Así es Amstrad, así es. Chris ha creado un mundo virtual donde ella es feliz y todavía le queda la lucha por las mujeres del Sector 9. Siempre ha sido una mujer fuerte y luchadora. Su mente es un fiel reflejo de como realmente era.
<<Suerte ahí fuera>>
—La voy a necesitar.

Mike besó la frente de Chris que dormitaba plácidamente en el sillón.
—Te quiero.
—Yo también te quiero y te echo mucho de menos —respondió Chris en sueños.


Mike salió sonriendo de la casa. Aquellas palabras le dieron esperanzas y fuerzas de intentar volver una vez más. En Amazonia, aquel mundo que su mujer había creado con su mente, tampoco se estaba tan mal.

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