viernes, 20 de mayo de 2016

TARDE DE VERANO

Era un caluroso día de verano cuando Rona y Laura decidieron salir a dar una vuelta en el viejo ciclomotor. Habían decidido no ir a la playa y si recorrer las solitarias carreteras de montaña. Así Laura practicaría nuevamente con la mota sin miedo a atropellar a algún transeúnte despistado o empotrarse contra algún coche que pasase.

Rona arrancó el ciclomotor y Laura subió de paquete detrás. Salieron como alma que lleva el diablo después de comprobar que tenían gasolina para estar toda la tarde en la carretera y sin miedo de quedarse tiradas por falta de combustible.

Cuando llegaron al desvío que las llevaría hacía una de las carreteras de montaña, poco transitadas en aquella época ya que todo el mundo prefería la playa, Rona cedió el pilotaje a la inexperta joven.
Laura siguió al pie de la letra todas las indicaciones de su amiga y arrancó despacio el ciclomotor que comenzó a andar vacilante por la carretera.

El calor empezaba a ser sofocante y Rona le pidió a Laura que acelerase un poco, para que la brisa pudiese aliviar la elevada temperatura que estaban empezando a sufrir sus cuerpos.
Laura dio un pequeño acelerón y casi frena al instante bruscamente al ver que la moto corría demasiado. El cuerpo de Rona se quedó tan pegado al de Laura que le costó desencajarse y durante unos instantes, entre risas, Rona intentó zafarse del húmedo abrazo en el que se habían sus cortos y veraniegos vestidos.

<<¿Qué te parece si conduzco yo ahora?>> preguntó Rona.
<<Estaría bien, sobre todo porque tú puedes ir más rápido que yo, y así podemos coger un poquito más de brisa y sombra por allá arriba, entre el pinar>>.

Rona se puso a los mandos del ciclomotor y se subió todo el vestido hasta la cintura. Necesitaba que el aire cálido de la montaña rebajase un poco el calor que le había entrado repentinamente después del frenazo que había realizado Laura. Esta por su parte, a pesar de calor sofocante, se pegó bien a Rona agarrándola por la cintura y el trasero de la piloto quedó encajado entre sus largas piernas, haciendo que sus braguitas tocasen las de Rona.

A Rona aquello le pareció excitante. Dio un acelerón y salieron a toda velocidad hacía la carretera que las llevaría hacía el gran pinar. Kilómetros y kilómetros de carretera a la sombra y donde podrían circular sin cruzarse con vehículo alguno, ya que toda la gente estaría peleándose por encontrar un sitio en las playas.



Rona cogió el cruce de la derecha tan bruscamente que a Laura, una de sus manos, se le escurrió entre las piernas de la piloto. Esta dio un pequeño respingo y antes de que Laura quitase la mano de allí, le dijo que no, que siguiese con ella allí mismo.

Laura comprendió lo que su amiga quería y pegó todo su cuerpo contra el de Rona. Su cabeza sobresalía por encima de uno de sus hombros y sus pechos, se habían sellado a la espalda de la fenomenal conductora. Después metió su mano por dentro de las braguitas de Rona, mientras esta aceleraba más para que la brisa jugase voluptuosamente con sus vestidos.


Aquella tarde veraniega, iba a ser una de las primeras y placenteras tardes de aquel cálido y húmedo verano.

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