viernes, 1 de febrero de 2019

EL SPA.


Eran las seis de la tarde cuando Pam y Mike se encontraron en la puerta del Spa Urbano de aquella calle tan comercial de la ciudad. Mike había reservado una hora en el jacuzzi y otra en un masaje para dos.  Le gustaba sorprender a su amante con estos pequeños detalles una vez al mes para que se olvidase de su vida rutinaria al menos, por dos horas.


Entraron y en recepción ya estaban esperando su llegada. Los subieron a la sala que les tenían reservado y les avisaron que en una hora los vendrían a recoger para llevarlos a la sala de masaje. Mike le pidió a la recepcionista que por favor, no los molestasen en aquella primera hora y ella lo tranquilizó diciéndole que nadie los molestaría ya que aquella tarde, ellos serían los únicos clientes del Spa.

Cuando la joven se marchó cerrando la puerta detrás de sí, Mike agarró a Pam y le dio un lento y profundo beso en la boca. Ella se pegó a él y notó como algo crecía rápidamente entre los pantalones de su amante.

—Necesitaba besarte ya. Estoy ansioso por lo de hoy.
—¿Tendremos que quitarnos la ropa, no? Además, tenemos toda una hora para eso. Que te parece si echamos un vistazo a la sala antes de comenzar a jugar.
—Me vas a perdonar, pero creo que necesito darme una ducha bien fría, para calmar mis anhelos.
—¿Anhelos? Me encanta cuanto utilizas sinónimos para enmascarar la calentura que llevas bajo tus pantalones.
—Eso, tu rompe la magia del momento – dijo Mike sonriendo y haciendo que Pam se echase a reír al ver como aquel hombre se desnudaba a todo correr y bajaba por unas escaleras para meterse debajo de una gran ducha con efecto lluvia.

Pam lo vio y observó que a pesar del agua fría, aquel bulto bajo su minúsculo bañador no paraba de crecer. El sexo de Mike era como la espada de un samurái, que si por cualquier circunstancia era desenvainada, no podría volver a su saya si no había realizado un corte de sangre y su pene, no se le bajaría si no descargaba toda la leche que llevaban sus abultados huevos. O al menos, ese era el símil que él se había inventado para darle a entender que tenía que follar como fuese.

Mientras su amante se metía en el jacuzzi para intentar relajarse, Pam se desnudó lentamente colocando su ropa bien doblada sobre una de las sillas que había en la estancia. Se quedó solo con el bikini, pero le pareció que la idea de desnudarse totalmente sería la más adecuada. Además Mike, que estaba con los ojos cerrados y no la vería bajar por las escaleras que la llevarían hasta él, no la molestaría y podría echarle un vistazo a la pequeña sauna para dos que había en la parte superior, junto al vestidor. Bajó lentamente por las escaleras agarrada al pasamanos de aluminio y notó que luz bajaba en intensidad, y al llegar abajo, una ducha de pediluvio se activó automáticamente mientras caminaba sobre unas pequeñas piedras que la hacían un poco de daño en sus delicados pies. Se preguntó cómo Mike no se había quejado al pasar por allí y comprendió que el deseo que él tenía hacía ella, era mayor que el daño que le podrían producir aquellas piedras bajo la planta de sus pies. Ese pensamiento la hizo sonreír y un cosquilleo comenzó a surgir en su bajo vientre. Pensar en el pene de Mike intentando reventar la tela bajó su bañador, hizo que sus pezones se pusiesen inhiestos.

Se tocó sus pechos voluptuosamente al ver que su amante la veía maravillado, como si fuese la primera vez que la veía desnuda. Aquello era algo que le encantaba de él. A pesar de los años que llevaban teniendo esos encuentros a escondidas o de las veces que se habían amado dulce o salvajemente, los ojos de Mike siempre la veían de aquella forma.

La recibió con una gran sonrisa y se abrió de piernas para que Pam se colocase entre ellas y de espaldas a él. Se recostó sobre su torso y él, hábilmente, comenzó a masajearle los pechos arrancando gemidos de placer. Pam notó el pene de Mike palpitando contra su espalda y como pudo, metió sus manos por su espalda y tocó el grueso falo por encima del bañador que apenas podía retener toda su grandiosidad. 



-   Creo que deberías quitarte el bañador, no creo que para lo que vamos a hacer te haga falta.
¿Podrías quitármelo tú? Yo tengo las manos ocupadas en tus pechos.

Pam se incorporó con la protesta de Mike, pero dejó de hacerlo cuando la mujer le quitó con premura el bañador y notó como su pene, quedaba completamente liberado de su prisión de lycra. Pam se colocó a horcajadas sobré él, lo cogió con una mano y al notar que estaba bien duro, se lo introdujo sin muchos miramientos en su húmedo y caliente sexo. Un gemido salió al unísono de ambas gargantas de la pareja. Unos segundos sin moverse para acostumbrarse a la postura y Pam comenzó a cabalgarlo como una experta amazona. Primero con movimientos de vaivén y después con un sube y baja que hizo disfrutar enormemente a Mike, que ya estaba agarrado a sus pechos y los masajeaba y amasaba con lujuria.

Pam le agarró la cabeza y lo atrajo hacia sus voluptuosos pechos que necesitaban ser besados, chupados y mordisqueados. Sus pezones estaban duros, pero sensibles y se encargaban de enviar oleadas de placer al resto de su cuerpo.

—Como sigas con ese ritmo de trote, voy a correrme ya. Levántate y date la vuelta le dijo Mike con sus pupilas dilatas haciendo saber a la mujer que estaba muy excitado por la situación.

Pam se dio la vuelta y se colocó de rodillas, con las manos apoyadas en el bordillo del jacuzzi y se preparó para recibir las embestidas de su pareja. Pero lo que sintió fue tan placentero como sentir la polla de Mike dentro de su sexo. Notó como el hombre le abría las nalgas y como aquella lengua que tanto le gustaba se recreaba en la entrada de su puerta trasera. Las piernas le flaquearon unos instantes que le parecieron eternos y tubo que apoyarse con más firmeza contra el bordillo cuando noto que Mike la penetraba con dos dedos en su sexo.

No aguanto más, o me follas o me voy a correr ahora mismole dijo Pam agarrándole de la cabeza.

Mike se incorporó y la penetró con fuerza, con una de sus manos en uno de sus hombros y la otra, acariciando el clítoris de Pam que comenzaba a tener los espasmos que la prevenían del inminente orgasmo.



Y ese orgasmo llegó salvajemente cuando se pegó al cuerpo de Mike, agarrándole el duro culo y haciendo que la penetración fuese más profunda.
Mientras los últimos estertores del clímax, se iban apagando, Mike se retiró despacio y se tumbó dejando a Pam jadeante.

Lo siento, pero no puedo más.
Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Ahora no me puedes dejar así.
De verdad, me has dejado agotada.
Pam, por favor…

Pero Pam se recostó en el jacuzzi, cerró los ojos y se relajó.

¿Sabes que esto me lo vas a pagar y con intereses?
Ok dijo Pam levantando el pulgar.

A medida que la excitación de Mike se fue apagando, una duermevela se apoderó de la pareja y así se quedaron mientras las luces de colores del jacuzzi se encendía y apagaban con un ritmo cadencioso. Esa duermevela solo se rompió al escuchar el pequeño altavoz que había en el techo y que les indicaba que en diez minutos estuviesen preparados porque vendrían a recogerlos para el masaje.

Poco a poco se desperezaron y Pam comprobó que Mike todavía estaba medio excitado ya que su pene, todavía estaba en un estado bastante revoltoso. Por eso, Mike, se duchó nuevamente con agua bien fría intentando apagar los últimos rescoldos de su deseo. Le costó casi los diez minutos que le habían dado antes de venir a buscarlos, para conseguirlo porque no podía quitarle los ojos de encima a Pam. Le encantaba verla desnuda porque a pesar de sus cuarenta y pocos, tenía un cuerpo de escándalo.

Al rato, pasaron a buscarlos y se fueron a la sala de masaje donde disfrutaron durante una hora de un masaje relajante en pareja. Cuando bajaron a recepción para pagar, la recepcionista les preguntó que tal lo habían pasado:

En el jacuzzi unos mejor que otros – dijo Mike recibiendo un codazo de parte de Pam.
¿Y el masaje? – preguntó la recepcionista con cara divertida.Genial y me encanta el olor del aceite que han utilizado las masajistas… aunque no sé si poner una queja porque las dos masajistas eran chicas y podría haber un masajista chico para las mujeres dijo Pam muy seria.
Sí, aun por encima, quéjate de eso dijo Mike recibiendo nuevamente otro codazo. A mí también me ha gustado mucho el momento masaje, creo que traeré a mi mujer por aquí porque lo disfrutaría mucho.

Pam puso los ojos como platos y se puso a reír al igual que la recepcionista.

Cuando salieron de allí, Pam agarró a Mike y lo besó en la boca.

Me encanta que me sorprendas con estas cosas y me saques de la rutina familiar.
A mí también me gusta hacerlo.
¿Recogemos a los niños?
No, primero vamos a tomarnos un café y después recogemos a los niños. No creo que nos echen mucho de menos si les decimos que pueden cenar en casa de los abuelos.

Pam y Mike se cogieron de la mano mientras se dirigían a su cafetería preferida. Pronto se haría de noche y tendrían que lidiar con sus niños para que se fuesen para cama, pero eso sería dentro de un par de horas. Ahora disfrutarían todavía de su libertad como amantes y ya tendrían tiempo para volver a ser padres.

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